“Poder” no significa única y exclusivamente la capacidad para imponer la fuerza. (…) – Henry Kramen

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“poder” no significa única y exclusivamente la capacidad para imponer la fuerza. De un modo más exacto, el término puede aplicarse a las estructuras subyacentes que hicieron posible el imperio, a factores como la posibilidad de proporcionar financiación y servicios. En otras palabras, ¿quién aportó los hombres?, ¿quién concedió el crédito?, ¿quién facilitó las transacciones?, ¿quién construyó los barcos?, ¿quién fundió los cañones?”[1]

 Considero a los españoles no como los únicos “impulsores y animadores” que “labraron la gloria de un imperio” (según las palabras del poeta), sino como copartícipes en una vasta empresa que fue posible únicamente gracias a la colaboración de muchas gentes de diversas naciones. Los creadores del imperio, según sostenemos aquí, no fueron sólo los conquistadores de España. Fueron también las propias poblaciones conquistadas, los inmigrantes, las mujeres, los deportados, los marginados. Ni fueron sólo españoles: sino también italianos, belgas, alemanes y chinos.[2]

[1]   Henry .Kramen, Imperio, La forja de España como potencia mundial, traducción de Amado Diéguez, Madrid,  Santillana Ediciones Generales, S.L., p. 12.

2]   Kramen, Ibid. p. 12.

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Me contaba mi padre que Von Mises decía a sus amigos (…) – Eugenio Domingo Solans – Prólogo del libro Economía a vuelapluma

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Eugenio Domingo Solans, en el prólogo al libro Economía a vuelapluma, puso por escrito esta confidencia personal:

Me contaba mi padre que Von Mises decía a sus amigos que para saber economía debían también estudiar sociología, psicología, matemáticas, derecho y demás disciplinas relacionadas. Uno de sus alumnos le replicó: “No pretenderá Ud. que yo me ponga a estudiar todas estas ciencias, cuando lo que quiero es ser economista”. A lo que el maestro austriaco contestó: “Claro que no, siempre que Ud. no pretenda ser un buen economista”.[1]

 

[1]   Eugenio Domingo Solans. Prólogo al libro de José Juan Franch, Economía a vuelapluma. Madrid, Ediciones Eilea, 1996, p. 19

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