FUNDAMENTOS DEL VALOR ECONÓMICO – INTRODUCCIÓN – 2

El economista «científico» tiende a colocarse fuera del alcance del «vulgo», refugiándose en el ámbito de las abstracciones, donde los modelos, las ecuaciones y la compleja terminología especializada conforman un medio de comunicación con patente exclusiva para expertos y, a la vez, representan un muro infranqueable contra los embates del mundo exterior. Este tipo de ciencia económica intenta revestirse con el positivismo del paradigma científico de la naturaleza inanimada, alejando cualquier atisbo de consideración ético-filosófi­ca para mostrar la posibilidad de un tratamiento meramente neutral y descriptivo.

Al vivir en el mundo modélico artificialmente inventado, se acaba conociendo muy poco del mundo real y tampoco se conoce lo que las otras ciencias han descubierto sobre este mundo real. Haciendo caso omiso de las grandes verdades descubiertas, también por los economistas, en los últimos doscientos años, se convierte la actividad económica en un automatismo de mecánicas medidas estereotipadas que se aplican según los recetarios técnicos propuestos para cada caso por los equipos de expertos especializados. Con esos recetarios técnicos se pretende manejar precios y salarios, tipos de interés, be­neficios, niveles de inflación, coeficientes de paro, etc.

La investigación que a continuación intentaré desarrollar no trata de seguir estos planteamientos metodológicos.

Aunque la economía necesita tratar con las realidades materiales por su origen y, por lo tanto, necesita conocimientos de las ciencias de la naturaleza, lo importante no son esas realidades en sí mismas consideradas, sino en cuanto pueden servir al hombre, es decir, en cuanto valen. El punto de vista desde el que la economía estudia esas realidades es el punto de vista de su valor. El valor está en el centro de todo análisis económico.

Sin embargo, como el valor económico hace referencia al hom­bre, a sus finalidades, la economía necesita conocer esos fines y, por tanto, conocer la naturaleza humana. Ello nos conduce a la necesi­dad de información sobre las ciencias del hombre.

La economía ejerce una función de mediación entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias humanas. No pretende conocer las cosas tal como son en sí, sino su capacidad de relación humana. La economía, al estudiar el valor económico, lo que intenta es entresacar la «vocación» humana que tiene esa realidad material.

Muchos de los grandes economistas de hace más de cien años, como Adam Smith, Bentham, John Stuart Mili, Sidgwick y otros, eran a su vez filósofos. Hoy en día pocos o ninguno lo somos. Como mucho, se reconoce ese vacío en-nuestra formación y se trata de llenarlo, como hace Hayek: «Aun cuando continúo pensando que principalmente soy economista, he llegado a la conclusión, para mí cada vez más evidente, de que las respuestas a muchos de los acu­ciantes problemas sociales de nuestro tiempo encuentran, sin duda, su base de sustentación en principios que caen fuera del campo de la técnica económica o de cualquier otra disciplina aislada».

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