EL ARTE DE LA ECONOMÍA

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EL ARTE DE LA ECONOMÍA

Varios economistas, a lo largo de la historia del pensamiento económico, se han planteado la cuestión, en absoluto baladí, de si la Economía era una ciencia, una técnica o un arte. En concreto Leon Walras se lo plantea en sus “Elementos de Economía política pura”. En concreto distingue entre los fenómenos naturales y los fenómenos humanos. El origen de los primeros se encuentra en el juego de las fuerzas de la naturaleza que son ciegas e ineluctables. Junto a esas fuerzas existe en el universo una fuerza autoconsciente e independiente: la voluntad humana. La voluntad humana normalmente es consciente de sus actos y puede actuar de muchas formas. “El hecho de que la voluntad humana sea cognitiva y libre divide a todos los seres del universo en dos grandes clases: las personas y las cosas. Todo ser que no se conoce y no es dueño de sí mismo es una cosa. Todo ser que se conoce y es dueño de sí mismo; es una persona.” La Economía y la actividad económica en general trata de poner las cosas al servicio de las personas y esa actividad pienso yo que está más cerca del arte que de la ciencia y la técnica.

Puestos a elegir entre distintas épocas artísticas me inclinaría por un nuevo Renacimiento, esta vez en la Economía. Frente al carácter centrípeto y oclusivo de la época anterior creo que están apareciendo factores que imprimen una dinámica abierta y centrífuga en los intercambios enriquecedores para todos los participantes. Esta extraordinaria dinamicidad, que también se produjo en el Renacimiento italiano, supone una múltiple generación de nuevas energías y nuevos conocimientos. Tras un gran paréntesis de decadencia en todos los órdenes surgía un nuevo mundo a explorar con optimismo. Distintas noticias mundiales, también en el ámbito económico, auguran un retorno a un antropomorfismo mediante el cual el hombre, al reconocer su plena individualidad, entra en posesión de su energía creadora.

El humanismo se presenta como el movimiento intelectual cohesionador de todo este nuevo Renacimiento que se contiene en el lema de Petrarca: el hombre como medida de todas las cosas. Frente a las abstracciones estériles, los índices y siglas que proliferan, los colectivos ya obsoletos y los Estados aparentemente protectores, el objetivo del pensamiento humanista es reabsorber los contenidos filosóficos, morales, artísticos y científicos en las que encuentra el fundamento de sus propias aspiraciones. La libertad, la voluntad y la dignidad humanas se convierten en los temas más reflexionados y, asimismo, más determinantes. Si la Economía y la ciencia empresarial moderna no se acercan a este paradigma creo personalmente que fracasarán.

JJ Franch

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