Población, economía, aborto y anticonceptivos – CAPÍTULO 4 – Apartado 5 – CRISIS ECONÓMICAS Y FINANCIERAS. CAUSAS PROFUNDAS Y SOLUCIONES.

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CRISIS ECONÓMICAS Y FINANCIERAS. CAUSAS PROFUNDAS Y SOLUCIONES.

ÍNDICE

CAPÍTULO 4 – Apartado 5 

Población, economía, aborto y anticonceptivos

          Las consideraciones que se hacen a continuación no están hechas desde una perspectiva moral, ni ética, ni religiosa, ni desde luego médica, sino exclusivamente desde el punto de vista de mi conocimiento económico. Las verdades científicas además, no van de la mano de la opinión pública en muchas ocasiones. En este sentido conviene recordar que es peligroso identificar lo verdadero o conveniente con la opinión de la mayoría. Baste con recordar a Cristóbal Colón o a Galileo en el terreno técnico y científico que actuaron claramente a contra corriente de la inmensa mayoría. También se puede recordar, en el terreno político, que Hitler, con su nacional-socialismo, fue elegido democráticamente.

          Las premisas científicas respecto a la población,  la economía y los recursos anteriormente esbozadas ponen en tela de juicio,  desde el punto de vista económico, todas las políticas anticonceptivas y, no digamos ya, las políticas proabortistas por razones de angustias coyunturales o predominio del aparente bienestar personal sobre la original riqueza del futuro que ya se está gestando en el vientre materno. Me gustaría que fuese cierta la afirmación de algunos que indican que no existen partidarios de abortar. Pero las campañas proabortistas cada vez más extendidas en distintos medios, así como los niveles de abortos anuales en España y los millones a nivel internacional son pruebas empíricas incontestables que permiten poner en duda esa aseveración. El feminismo proabortista, por ejemplo, debería recapacitar. La disyuntiva no está entre la libre disposición del cuerpo de la mujer y las diferencias respecto a  las consecuencias de la  sexualidad del hombre, sino que en el aborto la disyuntiva está, con una probabilidad de al menos el 50%, entre la decisión de una mujer y la vida de otra futura mujer. Me asusta la idea (que cada vez se me presenta como más plausible pero que me gustaría que fuese un simple desvarío) según la cual, desde premisas autodenominadas “progresistas“, se  propague la ampliación del aborto y la píldora abortiva por motivos políticos electorales que puedan ocultar otros fracasos rotundos. Dirimir asuntos que tienen que ver directamente con la vida o la muerte de muchos por motivos electorales me parece sencillamente repugnante. Desarrollo económico y aborto son conceptos casi tan contradictorios como hablar de médico abortista o madre que aborta voluntariamente. Desde el mismo momento que se consuma ese acto deja de ser madre.

          Los tópicos extendidos durante décadas a nivel mundial, convergen hacia la simpleza de una interpretación de Malthus según la cual los alimentos crecerían en progresión aritmética mientras que la población, en situación económica desahogada, crecería siguiendo una progresión geométrica. Esta mentalidad malthusiana pesimista ya comentada, que reduce todo ser humano a un simple número que come, ha sido rebatida por la dinámica testaruda de los hechos: 1) El progreso tecnológico, los cultivos intensivos en capital, los descubrimientos biológicos y genéticos, la potenciación de los recursos marinos, y otros sucesivos, continuos y múltiples avances en todas las ramas científicas, han  hecho posible que los “alimentos” hayan podido crecer de forma exponencial. La falta de alimentos hoy es más problema del correcto funcionamiento del sistema económico mundial que de la falta de recursos naturales y técnicos. 2) La población en las sociedades más desarrolladas no ha crecido en progresión geométrica sino que se da el caso contrario: a mayor nivel de vida menor número de hijos.  Otros factores extraeconómicos, fundamentalmente de carácter ético y cultural, influyen mucho más decisivamente sobre las tasas de natalidad. Sigo pensando, con convicción intelectual y con datos, que la Naturaleza es generosa si sabemos dominarla y trabajarla respetando sus reglas.

          De hecho el auténtico problema demográfico para Europa, y especialmente para España, como he intentado explicar, surge de las consecuencias económico-sociales del drástico descenso de esas tasas. La población puede, si no ya extinguirse, sí envejecer y cambiar en buena parte de color. Por más reticencias que susciten los inmigrantes, hace tiempo que llegó el día en el que se hicieron imprescindibles y gracias a ellos muchas veces nos mantenemos.

          Frente a esos tópicos malthusianos, Hayek  afirma categóricamente que la generalizada opinión de que el crecimiento demográfico implica un progresivo empobrecimiento mundial es sencillamente un error.[1]  A medida que se intensifican los procesos de intercambio y se perfeccionan los medios de comunicación y de transporte, el aumento demográfico no puede resultar sino favorable a la evolución económica. La aparición de nuevas habilidades equivale al descubrimiento de nuevos recursos económicos. Se potencia así cualquier ulterior avance civilizador.

          Estas reflexiones hechas anteriormente con carácter general son aplicables a nivel familiar. Un nuevo ser humano no es únicamente una boca más para ser alimentada sino también unos brazos para poder trabajar y, sobre todo, una persona completamente original e irrepetible con capacidad de inteligencia y creatividad  novedosas que siempre compensan, tanto a nivel familiar como social, los costes y sacrificios de su cuidado material y educación posterior. Hay muchas otras formas de solucionar los problemas económicos. Incentivar estas conductas abortistas desde la legislación no tiene justificación. No la tiene desde luego desde el punto de vista de la lógica económica más moderna donde el factor más importante de desarrollo no es ni el  capital, ni la tecnología, ni los recursos materiales, sino la  realidad y capacidad siempre original y creativa del factor humano. De la misma forma que en Economía el sacrificio actual tiene sentido por el beneficio futuro esperado, el sacrificio que puede traer consigo un nuevo ser humano siempre tiene sentido por los múltiples y desconocidos beneficios futuros.

          Sobre una criatura en el vientre materno, sea de una semana, de tres o de nueve, podemos vislumbrar a tientas, con las técnicas modernas, ciertas características biológicas que se manifiestan en cada fase de la gestación. Pero lo que no podemos conocer en absoluto es lo que puede llegar a ser, lo que puede contribuir a mejorar, también económicamente, esa familia y esa sociedad. Interrumpir voluntariamente ese proceso vital, y justificar tal acción con motivos económicos, resulta ser una barbaridad intelectual, ética y económica radicalmente imposible de subsanar. La riqueza del futuro quedará para siempre incompleta. En Economía siempre se debe estar mirando a las necesidades futuras y uno de los actos más importantes es la Inversión porque, además de ser una donación libre a la sociedad sin contrapartida segura, permite estimular la producción actual y aumentar la capacidad de producción general futura. Toda Inversión en definitiva siempre consiste en un sacrificio actual que se orienta a la consecución de un beneficio futuro y que en sí mismo ya es un beneficio social. Insisto: un nuevo ser humano siempre tiene sentido por los múltiples y desconocidos beneficios futuros.

          Quisiera hacer una última reflexión en base al dato siguiente: si España tuviese la misma densidad que Bélgica podrían vivir en su patria unos 160 millones de españoles. No parece que la densidad de Bélgica sea óbice para encontrarse entre los países donde se vive más confortablemente. Pero muchos dirán ¡qué barbaridad!; con tanto paro y pobreza lo que nos faltaba. Pues sinceramente creo como Hayek y Adam Smith que ocurriría exactamente al revés. El aumento de la población aumenta las necesidades objetivas de bienes y sobre todo servicios. Crece consecuentemente su demanda y eso supone un incentivo a tratar de satisfacerlas. Toda demanda es en definitiva demanda de trabajo y el trabajo se orienta y estimula mejor si sus frutos van destinados a promocionar física e intelectualmente a quienes conocemos y vemos crecer. Las trastadas infantiles y la pureza del ingenuo vigor y alboroto juvenil producirían entonces, como por arte de encantamiento, la sacudida necesaria para la transformación del triste aburrimiento pasivo, comodón y rutinario en esperanzada alegría de vivir. No todo en economía son cifras frías y tediosas. La negación voluntaria de amor al clásico estilo multisecular de entrega, tan olvidado y despreciado, y el aborrecimiento y taponamiento consciente de la  descendencia, ayuda a que pasemos por el mundo sin más horizontes que mirar fijamente ensimismados al propio ombligo personal.        

Resumiendo: que el envejecimiento generalizado provoca depresión económica y la juventud continuada augura un nuevo y mejor renacimiento económico.

[1] Hayek, F.A., La fatal arrogancia (Madrid: Unión Editorial, 2ª. ed. en Obras Completas de F.A. Hayek, 1997), p. 345.

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