EL PORDIOSERO

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   EL PORDIOSERO

 

A quién volveré mis ojos anhelantes

a quién le contaré la lucha de los días,

mi rodar en ese contrareloj de los espacios.

 

Sólo una voz se extiende en la noche,

y escucha atenta mis descuidos:

Eterno vigilante alado,

plumas maternales del sortilegio

que protegen mi pequeño caminar

por la penumbra.

 

La nada de la existencia me sobrecoge,

lo inútil de mi esfuerzo sobrehumano…

Qué nada y en qué se queda,

esta lucha de insectos en la arena.

 

Y a mí que no soy nadie

me guías a mi pesar por estos valles,

me vas perfilando, buril fino,

en la cuenta interminable de los días.

 

Culpable de ocupación y de olvido

quisiera, al menos,

ser el pordiosero que suplica por Dios

en el camino.

 

«Al encuentro»

Rocío Oviedo y Pérez de Tudela

 

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   EL PORDIOSERO

 

A quién volveré mis ojos anhelantes

a quién le contaré la lucha de los días,

mi rodar en ese contrareloj de los espacios.

 

Sólo una voz se extiende en la noche,

y escucha atenta mis descuidos:

Eterno vigilante alado,

plumas maternales del sortilegio

que protegen mi pequeño caminar

por la penumbra.

 

La nada de la existencia me sobrecoge,

lo inútil de mi esfuerzo sobrehumano…

Qué nada y en qué se queda,

esta lucha de insectos en la arena.

 

Y a mí que no soy nadie

me guías a mi pesar por estos valles,

me vas perfilando, buril fino,

en la cuenta interminable de los días.

 

Culpable de ocupación y de olvido

quisiera, al menos,

ser el pordiosero que suplica por Dios

en el camino.

 

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A quién volveré mis ojos anhelantes

a quién le contaré la lucha de los días,

mi rodar en ese contrareloj de los espacios.

 

Sólo una voz se extiende en la noche,

y escucha atenta mis descuidos:

Eterno vigilante alado,

plumas maternales del sortilegio

que protegen mi pequeño caminar

por la penumbra.

 

La nada de la existencia me sobrecoge,

lo inútil de mi esfuerzo sobrehumano…

Qué nada y en qué se queda,

esta lucha de insectos en la arena.

 

Y a mí que no soy nadie

me guías a mi pesar por estos valles,

me vas perfilando, buril fino,

en la cuenta interminable de los días.

 

Culpable de ocupación y de olvido

quisiera, al menos,

ser el pordiosero que suplica por Dios

en el camino.

 

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A quién volveré mis ojos anhelantes

a quién le contaré la lucha de los días,

mi rodar en ese contrareloj de los espacios.

 

Sólo una voz se extiende en la noche,

y escucha atenta mis descuidos:

Eterno vigilante alado,

plumas maternales del sortilegio

que protegen mi pequeño caminar

por la penumbra.

 

La nada de la existencia me sobrecoge,

lo inútil de mi esfuerzo sobrehumano…

Qué nada y en qué se queda,

esta lucha de insectos en la arena.

 

Y a mí que no soy nadie

me guías a mi pesar por estos valles,

me vas perfilando, buril fino,

en la cuenta interminable de los días.

 

Culpable de ocupación y de olvido

quisiera, al menos,

ser el pordiosero que suplica por Dios

en el camino.

 

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A quién volveré mis ojos anhelantes

a quién le contaré la lucha de los días,

mi rodar en ese contrareloj de los espacios.

 

Sólo una voz se extiende en la noche,

y escucha atenta mis descuidos:

Eterno vigilante alado,

plumas maternales del sortilegio

que protegen mi pequeño caminar

por la penumbra.

 

La nada de la existencia me sobrecoge,

lo inútil de mi esfuerzo sobrehumano…

Qué nada y en qué se queda,

esta lucha de insectos en la arena.

 

Y a mí que no soy nadie

me guías a mi pesar por estos valles,

me vas perfilando, buril fino,

en la cuenta interminable de los días.

 

Culpable de ocupación y de olvido

quisiera, al menos,

ser el pordiosero que suplica por Dios

en el camino.

 

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A quién volveré mis ojos anhelantes

a quién le contaré la lucha de los días,

mi rodar en ese contrareloj de los espacios.

 

Sólo una voz se extiende en la noche,

y escucha atenta mis descuidos:

Eterno vigilante alado,

plumas maternales del sortilegio

que protegen mi pequeño caminar

por la penumbra.

 

La nada de la existencia me sobrecoge,

lo inútil de mi esfuerzo sobrehumano…

Qué nada y en qué se queda,

esta lucha de insectos en la arena.

 

Y a mí que no soy nadie

me guías a mi pesar por estos valles,

me vas perfilando, buril fino,

en la cuenta interminable de los días.

 

Culpable de ocupación y de olvido

quisiera, al menos,

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A quién volveré mis ojos anhelantes

a quién le contaré la lucha de los días,

mi rodar en ese contrareloj de los espacios.

 

Sólo una voz se extiende en la noche,

y escucha atenta mis descuidos:

Eterno vigilante alado,

plumas maternales del sortilegio

que protegen mi pequeño caminar

por la penumbra.

 

La nada de la existencia me sobrecoge,

lo inútil de mi esfuerzo sobrehumano…

Qué nada y en qué se queda,

esta lucha de insectos en la arena.

 

Y a mí que no soy nadie

me guías a mi pesar por estos valles,

me vas perfilando, buril fino,

en la cuenta interminable de los días.

 

Culpable de ocupación y de olvido

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A quién volveré mis ojos anhelantes

a quién le contaré la lucha de los días,

mi rodar en ese contrareloj de los espacios.

 

Sólo una voz se extiende en la noche,

y escucha atenta mis descuidos:

Eterno vigilante alado,

plumas maternales del sortilegio

que protegen mi pequeño caminar

por la penumbra.

 

La nada de la existencia me sobrecoge,

lo inútil de mi esfuerzo sobrehumano…

Qué nada y en qué se queda,

esta lucha de insectos en la arena.

 

Y a mí que no soy nadie

me guías a mi pesar por estos valles,

me vas perfilando, buril fino,

en la cuenta interminable de los días.

 

Culpable de ocupación y de olvido

quisiera, al menos,

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A quién volveré mis ojos anhelantes

a quién le contaré la lucha de los días,

mi rodar en ese contrareloj de los espacios.

 

Sólo una voz se extiende en la noche,

y escucha atenta mis descuidos:

Eterno vigilante alado,

plumas maternales del sortilegio

que protegen mi pequeño caminar

por la penumbra.

 

La nada de la existencia me sobrecoge,

lo inútil de mi esfuerzo sobrehumano…

Qué nada y en qué se queda,

esta lucha de insectos en la arena.

 

Y a mí que no soy nadie

me guías a mi pesar por estos valles,

me vas perfilando, buril fino,

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Culpable de ocupación y de olvido

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A quién volveré mis ojos anhelantes

a quién le contaré la lucha de los días,

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Sólo una voz se extiende en la noche,

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Eterno vigilante alado,

plumas maternales del sortilegio

que protegen mi pequeño caminar

por la penumbra.

 

La nada de la existencia me sobrecoge,

lo inútil de mi esfuerzo sobrehumano…

Qué nada y en qué se queda,

esta lucha de insectos en la arena.

 

Y a mí que no soy nadie

me guías a mi pesar por estos valles,

me vas perfilando, buril fino,

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A quién volveré mis ojos anhelantes

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Eterno vigilante alado,

plumas maternales del sortilegio

que protegen mi pequeño caminar

por la penumbra.

 

La nada de la existencia me sobrecoge,

lo inútil de mi esfuerzo sobrehumano…

Qué nada y en qué se queda,

esta lucha de insectos en la arena.

 

Y a mí que no soy nadie

me guías a mi pesar por estos valles,

me vas perfilando, buril fino,

en la cuenta interminable de los días.

 

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A quién volveré mis ojos anhelantes

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Sólo una voz se extiende en la noche,

y escucha atenta mis descuidos:

Eterno vigilante alado,

plumas maternales del sortilegio

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por la penumbra.

 

La nada de la existencia me sobrecoge,

lo inútil de mi esfuerzo sobrehumano…

Qué nada y en qué se queda,

esta lucha de insectos en la arena.

 

Y a mí que no soy nadie

me guías a mi pesar por estos valles,

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A quién volveré mis ojos anhelantes

a quién le contaré la lucha de los días,

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Eterno vigilante alado,

plumas maternales del sortilegio

que protegen mi pequeño caminar

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La nada de la existencia me sobrecoge,

lo inútil de mi esfuerzo sobrehumano…

Qué nada y en qué se queda,

esta lucha de insectos en la arena.

 

Y a mí que no soy nadie

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Eterno vigilante alado,

plumas maternales del sortilegio

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La nada de la existencia me sobrecoge,

lo inútil de mi esfuerzo sobrehumano…

Qué nada y en qué se queda,

esta lucha de insectos en la arena.

 

Y a mí que no soy nadie

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