LIBERTAD DE VOTO EN EL PSOE Y EL PP

Soy el primer sorprendido del revuelo político y de opinión que parece que se ha levantado a partir del día en que Diario 16 publicó mi último artículo: (Miércoles 13 de octubre). Debió ser mera coincidencia porque si efectivamente se está gestando un tercer partido bajo los auspicios de Mario Conde, cosa que desconozco y que él sabrá, no tiene nada que ver con la gestación de las ideas que allí se explicaban. Como liberal responsable y defensor de la libertad y eficacia del pensamiento por sí mismo, soy amigo de la sinceridad y transparencia informativa por lo que no tengo ningún inconveniente en tratar de explicar la génesis verdadera de lo que allí se planteaba.

Entre mis lecturas de este verano en la Sierra de Madrid destacan algunos pasajes de La rebelión de las masas de Ortega y Gasset. Allí era patente la preocupación por la homogeneidad de mala clase y el talante monocorde que veía crecer el autor en todo Occidente y se puede leer entre otras afirmaciones interesantes y de gran actualidad política que “para que lo humano se enriquezca, se consolide y se perfeccione es necesario según Humboldt, que exista “variedad de situaciones”. Dentro de cada nación, y tomando en conjunto las naciones, es preciso que se den circunstancias diferentes. Así, al fallar una quedan otras posibilidades abiertas. Es insensato poner la vida europea a una sola carta, a un sólo tipo de hombre, a una idéntica “situación”.(…) la forma superior de la convivencia es el diálogo en que se discuten las razones de nuestras ideas.”

Lo que más me ha llamado la atención de los comentarios, incluso editoriales, de estos últimos días es la afirmación tajante que dirige este tipo de ideas contra Aznar. Ortega sigue diciendo algo que más bien parece dirigido a González y al PSOE en estos once años:”En casi todos, una masa homogénea pesa sobre el Poder público y aplasta, aniquila todo grupo opositor. La masa -¿quién lo diría al ver su aspecto compacto y multitudinario? – no desea la convivencia con lo que no es ella. Odia a muerte lo que no es ella.”

Siguiendo con la génesis intelectual, Jiménez de Parga publicaba esos días “Europeizar nuestras elecciones” donde entre otras magistrales propuestas indicaba que la aspiración en los pueblos situados en la primera línea del desarrollo político es que los diputados y los senadores sean “seres humanos de carne y hueso”, con sus virtudes y sus defectos conocidos, personas que el votante sabe identificar por su arraigo en el lugar de la elección o por su notoria significación, representantes “propios” de cada distrito o circunscripción. Abel Posse en ABC, el 12 de agosto, también decía que en casi todo el mundo occidental el político traiciona el poder popular (que le hizo “ser”) y se pliega a los poderes ocultos, a esa sinarquía de factores económicos nacionales y transnacionales, que van transformando al político en un agente, no del pueblo que le votó, sino de esas fuerzas todopoderosas que aceptan en nombre del realismo o del pragmatismo.

Animado por estas lecturas veraniegas escribo el 16 de agosto en Diario 16 “Renacimiento de la Política” advirtiendo sobre el voto cautivo de las nomenclaturas de los partidos que transforma los ricos y variados matices de esas mismas personas, ideas y propuestas políticas en un frontón con peloteo obsoleto, unidireccional y absurdo entre izquierdas y derechas. Por fin me atrevo a publicar el dichoso artículo causante de estas aclaraciones. No hay que buscar tres pies al gato para ser consciente de la fuerza política que pueden tener las libres ideas sin necesidad de financiación bancaria. La libertad de voto creo que es un valor en sí mismo venga de donde venga.

Conociendo el talante liberal de Aznar me dejaría de malas zarandajas consejeras y cogería el toro por los cuernos. La unidad de ideas complementarias, modernas e innovadoras en su partido es, hoy por hoy, mucho mayor que en el resto de formaciones clásicas. Si yo fuera José María daría hoy mismo libertad plena de voto a mis parlamentarios obligando así a Felipe para que hiciera lo mismo en sus correligionarios socialistas. Es muy bonito marcarse las faroladas liberales de Solchaga cara a la galería cuando a la hora del voto práctico se manifiesta un monolitismo homogéneo y atemorizado. Aznar no tiene nada que perder, hoy por hoy, con estos planteamientos innovadores y estaría en sintonía con sus propuestas de listas abiertas. La información política iba a ganar en emoción e interés ciudadano.

O somos o no somos. Cada uno en su sitio, con sus grandezas y sus miserias. En mi caso ni Conde, ni Califa, ni dios. Mucho más sencillo todo: un don nadie con sus íntimas circunstancias.

JJ Franch

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