MATERIALISMO HUMANISTA

Aunque ya lo está usted haciendo, fíjese bien en este ejemplar de Diario 16 que tiene en sus manos. Piense en uno exactamente igual en todo a éste y con la misma secuencia de finas manchas negras artísticamente ordenadas y humanizadas formando palabras y dando ideas. Imagínese el mismo texto de Cela, de Raúl del Pozo, de Antonio Burgos, de Secondat; el mismo humor dibujado magistralmente por Gallego y Rey e idénticas fotos distribuidas a lo largo del cuadernillo de papel. Piense en las mismas noticias de España, del mundo, de cultura, deportes o economía; en los mismos anuncios, en la misma letra pequeña de la cartelera o incluso en el mismo azul del triángulo esquinado de la portada, en el rojo del 16 aniversario o en las erratas que se hayan podido colar en la confección.

No piense en uno cualquiera de los miles Diarios 16 de la tirada de hoy; no piense en el ejemplar abstracto sino en éste concreto y preciso con sus arrugas especiales, más o menos doblado en los bordes de las distintas hojas, más o menos manchado de café, polvo o nicotina, más o menos usado. Piense en uno igual a éste únicamente.

Pues bien la diferencia radical y fundamental entre el que usted pacientemente ha elaborado en su mente y éste concreto y específico, desde el que trato de hablarle, es el ser. Este es, el imaginado no es. Este existe, el imaginado sólo existe en su mente y porque usted vive y es. Tiene algo esta materia concreta que compone este periódico que no se lo podemos dar ni usted ni yo. El hombre puede transformar la materia pero no puede crearla. Hasta para las tareas más superiores y espirituales como el arte, la investigación, la palabra o la religión necesitamos de los bienes materiales.

Sin embargo el progreso acelerado de las ciencias experimentales y de las técnicas en múltiples campos durante los dos últimos siglos, ha engendrado una orgullosa sensación de poderío ilimitado en la opinión pública ilustrada o mostrenca de la que se han adueñado además, peligrosamente, nuestros gobernantes. Con una cada vez mayor ignorancia real se ha llegado a creer inconscientemente que desde las más sencillas fuerzas y energías básicas y primarias que sostienen toda nuestra civilización macrotécnica hasta las más sofisticadas, todo es creación humana. El excesivo endiosamiento del poderío humano, que llevaba torpemente a exagerar sus posibilidades, ha dado lugar a la falsa creencia en la desaparición de los límites humanos y ha modificado la conciencia que tenemos de nosotros mismos. Hemos llegado a la apropiación orgullosa, falsa e ilegal de la potencia de humanización encerrada en la naturaleza. Nada más falso y falsificador que caer en ese endiosamiento mezquino.

A lo largo de todos los complejos procesos de producción podemos transformar los productos pero somos absolutamente incapaces de crearlos. Necesitamos productos que ya sean. El hombre se encuentra con esa realidad en los recursos naturales. Estos le son imprescindibles. Con su imaginación, su memoria y especialmente con sus mejores potencias de inteligencia y voluntad, lo más que hemos podido hacer, ¡y es mucho!, es descubrir, llegar a conocer esas fuerzas y energías que ya existían en la naturaleza de las cosas. Esas inmensas fuerzas, esas imponentes energías, están desde siempre ínsitas en la naturaleza. No hemos hecho mas que irlas poco a poco descubriendo y tratar, con nuestra libre voluntad y sabiduría, de ponerlas a nuestro servicio, humanizarlas.

Al querer materializar y uniformizar el espíritu, la dialéctica marxista no hizo más que degradar y embadurnar la riqueza impresa en el materialismo humanista que es consciente de la vocación humana de la Naturaleza creada y de la grandeza espiritual de la propia vocación personal. La realidad material mantiene en su mismo ser una esperanzada expectativa de humanización que toca a nosotros activar. La imprescindible materialización de miles de flashes espirituales en este diario es un testimonio vivo de ese materialismo humanista.

Conviene tener siempre en cuenta que, por muchos meneitos especulativos que se realicen, sólo a través de algo aparentemente tan material, animal y placentero como el sexo fecundo, es capaz el hombre y la mujer de lanzar al mundo un nuevo espíritu original que continuará la eterna tarea de desfacer entuertos y humanizar el mundo mineral, vegetal y animal: el mundo material.

JJ Franch

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