¿TIENE LÍMITES EL MERCADO LIBRE?

Tratar de contestar a esta pregunta requiere en primer lugar saber qué es lo que se entiende por mercado. Y en segundo lugar saber qué lo que se entiende por libertad. Y ello nos llevará a otras dos preguntas. ¿Tiene límites el mercado? ¿Tiene límites la libertad?

1.- ¿Qué es el mercado? ¿Cúal es el misterio del mercado?

Porque verdaderamente el mercado tiene algo de misterioso. Tratemos de entender el misterio.

Para entender lo que es el mercado permítanme que utilice las citas de dos autores que vivieron en lugares distintos y con una distancia de 4 siglos:

La primera se refiere a la España del siglo XVI cuando ocupaba un lugar preeminente al haber estado en el epicentro expansivo y de atracción a la vez desde el que se transformó esa aceleración en la actividad proyectiva humana que fue especialmente frenética en aquella España y Nueva España, así como en todo lo que bien se puede llamar desde entonces Euroamérica. Ese protagonismo desde la vanguardia de la civilización se produjo tanto en el ámbito intelectual como en aquel continuo –también espiritualmente- poblar tantos pueblos y mezclar tantas razas.

Tomás de Mercado escribía a propósito de Sevilla como centro neurálgico de aquel orbe occidental recientemente ampliado con la que se ha denominado la sorpresa americana y que iba a trastocar radicalmente toda la actividad humana intelectual y material, cotidiana y global de pueblos enteros: Esta misma razón y causa, hace en esta ciudad, que casi todos se inclinen a cultivar la tierra, que es gruesa y fértil para cualquier mies, o a tratar en todo género de mercaderías y ropa menuda y gruesa, hallando en ella gran comodidad y aparejo. Lo uno como es puerto de mar Océano por el río de Guadalquivir, tan celebrado entre todos los autores antiguos, aun extranjeros, que llegan desde Sanlúcar, hasta ella: por donde se entra y sale a tantos reinos cercanos y remotísimos, es la puerta y puerto principal de toda España. A do se descarga lo que viene de Flandes, Francia, Inglaterra, Italia y Venecia: y por el consiguiente, de donde se provee todo el reino destas cosas que de fuera se traen. A esta causa siempre hubo en ellas grandes, ricos y gruesos mercaderes, y fue tenido por lugar de negociantes.

(…) una ocasión tan oportuna, para adquirir grandes riquezas, que convidó y atrajo a algunos de los principales a ser mercaderes, viendo en ello cuantísima ganancia. Porque se habían de proveer de aquí muchas provincias. La isla Española, Cuba, Honduras, Campeche, Nueva España, Guatemala, Cartagena, Tierra firme, con toda la grandeza del Perú, casi de todo género de ropa, y de muchos mantenimientos. Y parte aun hasta el trigo y harina, que se ha de comer. Lo cual todo puesto ally, a causa de la gran penuria y falta que hay dello, y de la mucha plata y oro, valía y vale (como dicen un Perú).

Y más adelante escribirá que la casa de la Contratación de Sevilla y el trato della, es uno de los mas célebres y ricos que hay el día de hoy, o se sabe en todo el orbe universal. Es como centro de todos los mercaderes del mundo. Porque a la verdad soliendo antes el Andalucía y Lusitania, ser el extremo y fin de toda la tierra, descubiertas las Indias es ya como medio. Por to cual todo to mejor y más estimado, que hay en las otras partes antiguas, Onde Turquia viene a ella: para que por aquí se lleve a las nuevas, donde todo tiene tan excesivo precio. De aquí es que arde toda la ciudad en todo género de negocios. Hay grandes y reales cambios para todas ferias, así dentro del reino, como fuera: ventas y compras fiado y de contado de gran suma; muy grandes cargazones: baratas de muchos millares y cuentos, que ni Tiro ni Alejandria en sus tiempos se le igualaron.

Si eso escribió Tomás de Mercado en el siglo XVI, Wilhelm Röpke escribía en el siglo XX, en 1937, al comienzo del capítulo “anarquía ordenada” en el libro titulado en castellano La Teoría de la Economía: Nuestra imaginación a duras penas basta para representarnos la vida moderna en toda su diversidad y complejidad. ¡Qué profusión de actividades distintas, todas engranadas y condicionadas entre sí, habrían de revelársenos si en este momento poseyésemos el don de la ubicuidad! En millones de fábricas se producen millares de productos industriales; en unas zonas se recoge la cosecha, en otras se siembra; miles de barcos y trenes transportan otras tantas mercancías distintas; en Australia y en Nueva Zelanda se esquilan ovejas; en el Congo y el Far West norteamericano se extrae cobre, que se envía a todo el mundo; en el Japón se hila seda y en Java se cosecha té; una corriente ininterrumpida de mercancías se vierte en los almacenes y fábricas, de los cuales fluye después de otra, sumamente ramificada, que va a millones de establecimientos para luego, en ramificación mayor, terminar en millones y millones de economías domésticas y alimentar, vestir y abastecer a un inmenso ejército de obreros, empleados, funcionarios, empresarios o agricultores…, que con su trabajo nutren tal corriente de mercancías.”

Estos textos son significativos para ilustrar y sintetizar lo que es el mercado. Tanto hoy en día como en 1937 y en el siglo de Oro español o en la época griega o romana, por ejemplo, se nos presenta como patente esa concatenación y complementariedad de sucesos y situaciones –de interacción humana vital en todo el mundo conocido y también en el desconocido- que conforman la trama de la vida de todos los hombres y de la historia en la que la economía y el derecho ocupan un lugar destacado. Es esa trama viva entretejida de acciones humanas interactivas y cotidianas la que tiene tantos aspectos comunes de fondo entonces y ahora, y que Adam Smith describió con aquella expresión que con razón tanto éxito alcanzó: la mano invisible. Es como si existiese un continuo proyecto empresarial en el que son protagonistas los millones de personas de cada instante histórico pero que nadie es su propietario y nadie lo dirige. Una empresa internacional y cosmopolita sin dueño que expresa un orden abierto universal donde todos participamos sin saber muy bien cómo, proyectando y emprendiendo tareas aparentemente insignificantes pero de una trascendencia real importante. Es esa anarquía ordenada o sincronía del mercado que coordina espontáneamente tanta diversidad la que Hayek define como coordinación de la variedad subjetiva de millones de personas en los mercados o sincronía del caos y que los autores de la Escuela de Salamanca explicaron con el desarrollo del concepto de ley natural.

El mercado otorga un protagonismo principal a la fuerza estimulante y creativa de la propiedad plural clarificada. Los autores salmantinos señalan cómo desde el origen se comenzó a introducir este lenguaje tan común de mío y tuyo, y cómo son conscientes de que el hombre viviendo en común, ni cultivaría con diligencia los campos, ni viviría en paz. Y por ello dedujeron los pueblos que la propiedad se había de dividir. Los derechos de propiedad, efectivamente, han estado en vanguardia de las discusiones económicas teóricas y prácticas Para Hayek, por ejemplo, la propiedad era el aspecto angular que sostenía toda su construcción intelectual abierta a los demás para explicar el mundo económico libre y era el fundamento de la libertad y del orden extenso donde el mercado ejercía una función coordinadora espontánea. Bastaba con que aquella propiedad estuviese bien asentada, respetada y clarificada.

Para entender el mercado es preciso ser conscientes del despliegue constante de la propiedad plural en los distintos pueblos –muy diferentes entre sí- a lo largo de la historia. A lo largo de la historia y en todas las geografías hay síntomas de la preponderancia y tendencia de, y hacia, la propiedad plural cuyo punto de referencia es la persona individual y la familia como unidad autónoma básica. Y ello en contraposición -e incluso en lucha constante también a lo largo de las distintas etapas históricas y en muy diversas sociedades y regímenes políticos- con las tendencias tribales y los poderes colectivos.

El estímulo creativo del cuidado y acrecentamiento de la propiedad es patente en los mercados abiertos. Así, también desde la distancia de cuatro siglos se nos dice que es inevitable el deleite que el hombre recibe, de ocuparse en sus negocios propios. No se puede fácilmente explicar cuanto hace al caso, para hacer una cosa con alegría, considerar el hombre que es suya. Al contrario es gran tibieza la con que trata negocios comunes. Porque el amor tiene muy aneja la propiedad, y el no querer partir ni comunicar lo que ama. No se ama más una cosa de cuanto se tiene por propia.

Se resalta así el impulso que representa para todos los seres humanos en cualquiera estado histórico, el poder trabajar y esforzarse para el acrecentamiento y mejora de lo propio que acaba repercutiendo sobre lo de todos.

El descubrimiento inteligente de las leyes naturales conduce desde la propiedad a la necesidad del intercambio dada la indigencia personal individual. Al ser los hombres, animales sociales, no se pueden sostener si no se ayudan mutuamente con obras supletorias, establecieron todas las leyes de venta, de arriendo, de préstamo y de otros cambios, pactos y convenios con los cuales la sociedad humana se estrecha y apoya. Es llamativo el paralelismo con Hayek en lo que se refiere a los efectos multiplicadores del intercambio libre sobre los participantes. El desarrollo de la propiedad plural ha sido en todo momento condición imprescindible para la aparición del comercio y, por lo tanto, para la formación de esos más amplios y coherentes esquemas de interrelación humana, así como de las señales que denominamos precios.
Es fácil observar entonces la conveniencia de la especialización y la diversificación plural y lo importante que fue a lo largo de la historia el que cada cual se concentrase en tareas más eficaces a las condiciones de los recursos. Ese resaltar la conveniencia de la especialización en lo que pueda resultar más productivo según las características diferentes y diferenciadoras de los recursos –también y especialmente de los recursos humanos- demuestra la importancia de lo que se denominó teoría de la ventaja absoluta. Y también la que después plasmó Ricardo en el comercio internacional con la teoría de la ventaja comparativa. Así, se nos dice que comúnmente se aplica el hombre a ganar de comer en aquello, a que su patria o república es más aparejada. La ley de los costes comparativos es considerada por Mises como “un caso particular de la más universal ley de asociación”, que es el principio general que demuestra cómo “la división del trabajo produce beneficios a todos los que participan en ella”, incluso cuando un participante tiene menores recursos o capacidades que los otros

Al estudiar el mercado se puede concluir que al hacer posible la armonía de la igualdad entre lo que se da y lo que se recibe y al extender confianza entre los operadores, transmite a través de los precios un cierto orden espontáneo e información que guía las acciones personales y también las colectivas. Los precios son indicativos límites de los valores de uso de las cosas, por lo que son para él transmisores de información. Tal información es aprovechada para futuras deci¬siones de precios, producciones y tipos de bienes a producir.

Si el sistema de las interrelaciones humanas está siempre vivo haciéndose y reconstruyéndose dinámicamente con nuevas aportaciones, y en un continuo construir y rehacer tomando miles y miles de acciones y decisiones de inversión, consumo y de ahorro, es preciso dar preponderancia a los hábitos que potencian el ahorro que a su vez será la fuente de la inversión.

2.- Los límites del mercado: La ley natural: Principios generales de recto comportamiento.

Si los autores salmantinos nos dicen que mercar cualquier género y negociar sin que en él haya mudanza tornándolo a vender porque se aumenta el valor o muda de lugar, es arte y modo de vivir justo y político que el ingenio o juicio humano ha inventado, y que así, también el mercader y negociante servirá a Dios, agradará a los hombres y gozará de su arte con quietud y sosiego, ello quiere decir que están afirmando la bondad del mercado, lo razonable de obtener un beneficio y, en definitiva, la bondad técnica e incluso moral de la especulación. Las pérdidas o ganancias dependerán de la certeza de expectativas subjetivas donde el riesgo siempre estaba presente. La aspiración al beneficio éticamente bien conseguido era recomendable. Incrementar los beneficios no era reprobable. Lo inmoral aparece en la codicia y la ambición desmedida y desproporcionada. Y puede aparecer también en el modo como se consigue ese beneficio, en los medios utilizados para conseguirlo que pueden no respetar las reglas del juego que para ellos estaban bien explicitadas y con capacidad de ser conocidas por todos en la ley natural grabada en las conciencias personales.

En Hayek –y con una intensidad y claridad meridianas- queda patente en toda su obra la ignorancia personal sobre nosotros, sobre los otros y sobre todo lo demás, así como esa confianza en el orden espontáneo de la sociedad abierta y del mercado que no es otra cosa que un desarrollo –en cuanto a las relaciones económicas y contractuales- de la ley natural.

La ley natural se va desplegando evolutivamente desde la conciencia presente en el mundo interior de la persona humana, haciendo posible la coordinación espontánea de las subjetividades personales actuantes convirtiéndose en la pieza clave de la coordinación unificadora. Bien se puede decir que siempre y en todos los ámbitos del actuar humano las valoraciones en cada instante y circunstancia se realizan a través de la conciencia personal de cada cual que consiste en esa facultad humana de unificar la compleja variedad de datos que son aportados por los diferentes sentidos en cada momento actual –lo que da lugar al sentido común en el actuar presente- o, también, en la facultad de interrelacionar y unificar el cúmulo de datos pasados que forman la memoria sensitiva. Así mismo, la conciencia intelectiva es capaz de unificar ideas y conceptos, así como reflexionar en el nivel puramente intelectual. Esa sincronía interpersonal es muy llamativa en nuestra era llamada de las tecnologías de la información y la telecomunicación. La informática personal ha potenciado y extendido aún más la sociedad abierta y el orden extenso que inició una nueva era hace cuatro siglos.

Esa ley natural tiene una gran capacidad unificadora de lo diverso y es muy actual en el mestizaje de razas, lenguas y culturas. La ley natural transmite unidad en la diversidad. La unidad y multiplicidad, lejos de ser contradictorias son dos dimensiones complementarias de la vida humana y de las ciencias que la estudian fijándose en una u otra perspectiva. La existencia y la razón vital pueden encontrarse juntas. Las ciencias humanas son interdependientes. No nos podemos quedar en modelos atomísticos cerrados con inercias y fórmulas estereotipadas. Es en nuestro mundo globalizado -en el que el mestizaje multirracial y multicultural se expande aquí y allá transformando geografías demográficas y económicas- donde la eficacia coordinadora del mercado se hace más notoria. Esa ignorancia recíproca pertinazmente patente a lo largo de la historia de la humanidad reclama aquella coordinación y convivencia en la diversidad que provoca la ley natural. Reclama también el diálogo enriquecedor de ideas y de culturas que sólo dejará de ser un diálogo de sordos si confiamos en esos principios universales expuestos por los filósofos de Salamanca que hacen también que se enriquezca el mercado de las ideas en nuestro mundo tan invadido por instrumentos de intercomunicación. Ese mercado no acabará en mercadeo ni en engaño, nos dirían, si se sabe aclimatar a la verdad siempre libre respetándola. Bien se puede hablar entonces de que el mercado no es otra cosa que la Economía Natural. Al igual que se explicaba Derecho Natural en nuestras Universidades habrá que empezar a explicar Economía Natural.

Hayek explica ampliamente la conexión existente entre estas doctrinas y la libertad. Es precisamente la máxima libertad de todos la que exige la restricción con carácter general de las autonomías personales, libertades que deberán quedar supeditadas a lo que denominó al igual que Hume “las tres leyes fundamentales de la naturaleza: la estabilidad en la propiedad de las cosas, su transmisión consensuada y el respeto a los compromisos establecidos”

Con ello pasamos al siguiente apartado:
3.- ¿Tiene límites la libertad? Los límites.

Se puede entender la libertad como ese hacer lo que me da la gana, o mejor dicho, hacer lo que quiero. Pero cuidado, a continuación surge otra pregunta: Qué es lo que quiero?

La exigencia continua de la moral personal en la economía libre de mercado, partiendo de la armonía de dar a cada uno lo suyo desde la libertad, se despliega en la continuidad de la práctica de la justicia en todo el conjunto moral de las acciones humanas, así como en la sinergia armónica de los hábitos morales en la evolución del desarrollo económico de la civilización. Hayek no era tampoco ajeno a esta importante cuestión ya que también dice por ejemplo: la libertad de que ahora nos ocupamos se refiere a la medida en que una persona se guía en sus acciones por su propia y deliberada voluntad, por su razón y permanente convicción más bien que por impulsos y circunstancias momentáneas. Sin embargo, lo opuesto a “libertad interior” no es la coacción ajena, sino la influencia de emociones temporales, la debilidad moral o la debilidad intelectual. Y desde la libertad también, la ley natural interpela a través del santuario de la conciencia personal e intransferible abarcando todo el ámbito de las acciones humanas En esas exigencias globales de la ley natural la justicia se encuentra siempre presente de alguna forma. Y los requerimientos morales desde el interior de las conciencias crean incentivos o desincentivos en un amplio abanico de direcciones induciendo o moderando a las gentes a comportarse de distintas maneras según las circunstancias en su quehacer humano y, por lo tanto, en el económico.

En este sentido creo que son apropiadas las reflexiones de Buchanan –premio Nóbel- a propósito de la LIBRE AUTORRESTRICCIÓN y de la NECESIDAD DE AUTONORMARSE.
3.- ¿Tiene límites la libertad? Elección dinámica personal.

Anteriormente se ha ofrecido una perspectiva metodológica a partir de la cual se descubre, de una forma más o menos natural, la necesidad de un conjunto de reglas o instituciones dentro de las cuales se lleva a cabo la interacción social. Pero ahora podemos dar un paso más y fijarnos en que toda regla que obliga pone, obviamente, límites a la conducta. De aquí surge la pregunta: Por qué una o varias personas pueden llegar deliberadamente a elegir reglas que establecen restricciones sobre su propia libertad de acción?

Hay varias respuestas a esta pregunta, cuya aplicación depende de la situación en que la elección se produzca. Nuestro énfasis inicial lo situamos en la dimensión temporal de la elección individual, en los efectos que el reconocimiento de esta dimensión ejerce sobre el comportamiento de la elección en sí mismo y especialmente sobre la elección de reglas. Es decir, examinamos las implicaciones que tiene el hecho de que la gente elija entre alternativas, reconociendo que al elegir condiciona las opciones disponibles en períodos subsiguientes.

El reconocimiento de la dimensión temporal de la elección proporciona una “razón para las reglas” reglas que se impondrán restricciones que limitarán las opciones a elegir, una vez que las reglas hayan sido establecidas . Es decir, en su papel de electores, tanto privados como públicos, las personas pueden optar por limitar su propio futuro y esta conducta puede ser plenamente racional.

Toda discusión seria sobre el cambio institucional constitucional aparece precedida de la trivial advertencia “nosotros partimos de aquí”. No solamente tenemos que partir de aquí, definido como el sitio donde nos encontramos, sino que tenemos que empezar ahora, en el presente. No podemos borrar lo que ya ha ocurrido. Podemos, naturalmente, reinterpretar la historia, pero no podemos retroceder en el tiempo y cambiarla.

Sólo podemos actuar ahora, no en el pasado. Tampoco podemos actuar en el futuro. Nos enfrentamos a opciones de ahora, no de mañana o más tarde, aunque una acción de hoy tendrá efectos sobre las opciones disponibles más adelante. Junto con nuestras posibles clasificaciones de estas opciones, el hecho inamovible es que no podemos ahora, en el presente, hacer elecciones en un tiempo futuro. No obstante, las elecciones que hagamos ahora tienen que incorporar el reconocimiento de que haremos también frente a elecciones en alguna fecha posterior.

Podemos concebir al individuo como si eligiera un perfil completo de comportamiento, limitado por el tiempo, el talento y sus dotaciones de partida. Nuestro tema es la selección individual de un estilo de vida o modelo de conducta. El individuo puede elegir un plan de vida, una secuencia de acciones que espera que aseguren que sus experiencias serán “interesantes”, “buenas”, que compensen y le hagan “feliz”.

Las necesidades humanas básicas alimentos, vestido, vivienda, sexo, seguridad, libertad establecerán límites sobre los estilos de vida posibles. Pero, esencialmente, los individuos en las modernas sociedades de Occidente hace tiempo que han logrado niveles de opulencia que les permiten ir más allá de los mínimos biológicos que determinan la conducta.

4.- Conveniencia de la autorrestricción personal.

El individuo, habiendo elegido en t0, se mueve a través del tiempo hasta encontrarse en tn. Entonces ya no es la misma persona que hizo frente a una elección en t1 y este hecho será tenido en cuenta cuando se hace la elección inicial en t0. En t1, el individuo será un producto de las elecciones que han sido previamente hechas en t0 y a lo largo de una secuencia de períodos t 1, t 2, …, t n. Dentro de límites que sean relevantes, el individuo se hace a sí mismo como un ser que elige y actúa mediante un conjunto de acciones que han tenido lugar antes de la elección con que ahora se enfrenta.

El individuo tiene una historia privada y personal y esta historia habrá dado forma tanto a las preferencias como a las limitaciones que actúan entre sí para determinar la conducta de elección en cualquier periodo t0. Una persona que nunca ha probado el vino, no puede exhibir preferencias por los “buenos vinos”, incluso cuando las restricciones habituales permitan que tal clase de opciones se den dentro de la cesta de bienes de consumo posibles. Una persona que no se ha entrenado para correr largas distancias no podrá competir en el maratón de la próxima Olimpiada, por muy grandes que sean sus deseos de hacerlo

Las normas de racionalidad exigen que se reconozca esta interdependencia temporal. Una persona racional, situada en un t0, y dada su historia personal, advertirá que sus elecciones de ahora afectarán directamente y como consecuencia al espectro que en potencia puede alcanzar en t1, y más allá de t1, de la misma forma que las elecciones de hoy pueden conformar, en alguna medida, las preferencias de mañana y de más tarde. “El individuo” en t1 puede ser concebido como continuación de la persona que hace frente a la elección en el período t0; el individuo “construye” la que va a ser la unidad de elección en t1 y más allá, así como el conjunto de opciones de mañana dentro de ciertos límites.

Si admitimos que las elecciones hechas ahora afectan a las de mañana y más tarde, el análisis tiene que implicar una especie de “preferencias de preferencias”. Alguna clase de futuros tienen que estimarse mejor que otros y las elecciones en el tiempo presente tenderán a reflejar esas preferencias.

En cuanto ser consciente de su continuidad, el individuo puede ser renuente a imponer restricciones que van a limitar su libertad de acción. Hay dos formas distintas, aunque relacionadas, mediante las que el individuo podría intentar desarrollar este propósito. La primera implica la selección de un conjunto de preceptos morales que pueden guiar las elecciones en el presente o en el futuro. En la medida en que las personas establecen un código de moralidad y emplean recursos intelectuales y emocionales para legitimarlos y justificarlos de forma que vaya dejando como una especie de cuasi permanentes hábitos, incrementarán los costes de salirse, en el futuro, de ese conjunto de reglas morales a las que nos hemos adherido. Hay como una especie obligación personal interna que nos lleva a vivir dentro de esas reglas y que nos evita el estar haciendo muchas elecciones explícitas. De esta manera, se domestican las conductas indeseadas, pues la persona llega a experimentar un sentimiento de culpabilidad cuando lo intenta. Considérese el funcionamiento de la ética mediante un ejemplo. Si una persona tiene incorporada una deteminada ética, ya sea mediante un deliberado propósito o mediante hábito inconsciente, sentirá que apartarse de ello es costoso. Si la holgazanería parece pecaminosa, será más costoso gandulear.

La persona puede, dentro de ciertos límites de elección, intentar condicionar por adelantado la elección de mañana mediante la imposición de reglas o restricciones. Es decir, la persona puede deliberadamente reducir ya, por adelantado, las opciones a elegir en t1 y más allá. Puede haber una reducción consciente de la libertad o en los márgenes de la acción. El propósito será cerrar posibilidades de actuar en formas o modos que son considerados “ineficientes” para llevar adelante el programa de vida preferido.

Considérese el ejemplo de Crusoe solo en su isla (antes de la llegada de Viernes). Puede deliberadamente elegir dormir en la playa en un lugar donde la marea le despierte por la mañana. Al dormir en ese lugar se preobliga a comenzar su trabajo al día siguiente temprano. Se cierra, pues, a sí mismo las posibilidades de decidir cuando se levanta, porque su programa de vida incluye trabajar en lugar de vaguear y quiere evitar la tentación.

Como sugiere el título, Ulises se ha amarrado al mástil de su barco cuando se acerca a la costa de las sirenas. reconoce su debilidad de carácter, no confía en su habilidad para resistir la tentación y sabe que si sucumbe los objetivos de su viaje se fustrarán.

El individuo puede reducir sus márgenes de opción en la forma que considere más provechosa dentro de una perspectiva de largo alcance en lugar de ir respondiendo simplemente a lo que vaya apareciendo.

En definitiva, para realmente hacer lo que quiere la persona puede adoptar reglas morales, puede aceptar precondicionar las elecciones futuras y todas estas acciones están dirigidas a facilitar la consecución del plan de vida preferido. Dicho de otra forma, el individuo en su elección privada puede intentar elegir entre opciones presentes como una forma de ir construyéndose a sí mismo como consciencia continua en períodos subsiguientes, en orden a conseguir una vida coherente.

5.- La sociedad con historia.

Se puede aplicar esto mismo a la sociedad: la colectividad, como entidad política organizada, ha “actuado” en el pasado. Ha hecho la guerra o ha mantenido la paz, ha impuesto onerosos tributos a sus ciudadanos o no; les ha permitido gozar de amplios márgenes de libertad o no.

La historia de las elecciones de la unidad colectiva hechas en todos los periodos del pasado, limitará el conjunto de opciones posibles en t0, aquellas que pueden ser afrontadas por la colectividad como tal y por los individuos integrados en ella, de una manera absolutamente análoga a las interdependencias discutidas en el análisis anterior de la elección privada. Las restricciones determinadas a lo largo de la historia pueden ser resumidas descriptivamente en leyes, instituciones, costumbres y tradiciones de la comunidad, incluyendo las reglas o instituciones que definen los medios de tomar decisiones colectivas. Una vez más como el análisis anterior, las elecciones hechas por la colectividad como tal en t0 modificarán las opciones disponibles en t1 y más allá.

Las reglas morales diseñadas para encauzar la conducta futura son todavía mucho más importantes en el horizonte colectivo. El sujeto en cuestión sabe que él es solamente uno de los miembros de un grupo y que los resultados colectivos surgen del funcionamiento de una estructura de decisión específica. No buscará en principio influir en su propia conducta futura, sino en la de los otros, que son, o pueden llegar a ser, miembros del grupo. De acuerdo con estas consideraciones y sobre bases que son racionales, el individuo puede invertir recursos corrientes en adoctrinar, difundir o transmitir un conjunto de principios o reglas que induzcan secuencias de comportamiento futuro que puedan estar dentro de límites predecibles.

En el marco de la elección pública el individuo tiene poderosas razones para optar por el establecimiento de limitaciones constitucionales sobre la conducta de los entes colectivos.

El individuo tenderá a apoyar una restricción constitucional que incremente la probabilidad de que la colectividad, al llegar a t1, generase la opción a1 en lugar de la a2. Las limitaciones constitucionales llegan a convertirse en medios por los que los miembros de la “polis” pueden incorporar consideraciones de largo alcance en sus decisiones presentes. En ausencia de tales restricciónes, los individuos se verán arrastrados a tomar decisiones políticas con visión de corto o cortísimo plazo.

CONCLUSIÓN

Resumiendo y concluyendo:

Desde el momento que en economía hablamos de “acción humana”, de “un aspecto del estudio del hombre”, de “comportamiento humano”, del “desarrollo exigido por la naturaleza del hombre” o reflexionamos “sobre el comportamiento individual en sociedad” estamos ya hablando también de aspectos éticos. De hecho la ciencia de la ética nos indica el orden idóneo del actuar humano de cara a sus fines últimos. “Los valores éticos se especifican porque se refieren a la conducta humana en cuanto que está radicada en la libertad de comportarse de un modo o de otro. Lo ético se presenta así como una ordenación de las acciones humanas, ordenación que está centrada en dos conceptos: lo bueno y lo malo.” Si Shackle definía la Economía como la “ciencia de los negocios” también podemos decir que la ética es negociar bien con el tiempo: sacarle el máximo rendimiento. “La moral es la organización estricta del tiempo humano respecto de una culminación. Dicha organización disminuye el gasto de tiempo. (…) Decidirse por las alternativas positivas comporta una responsabilidad que pone en juego los principios directivos morales. Dichos principios se resumen en la fórmula siguiente: haz el bien, no te retrases.” Es lógico que tengamos que plantearnos con profundidad los aspectos éticos del sistema económico y, en concreto, la ética en los mercados.

Pero no basta con el libre mercado (condición conveniente pero no suficiente) sino que es necesaria la ética. Como indica Rubio de Urquía, las propiedades de eficiencia abstracta de la forma organizativa “economía de mercado” no aseguran, por sí mismas, la eficiencia de la acción humana de las personas en sociedad. El núcleo ordenador del ensamblaje del organismo del mercado lo constituye el contenido ético personal instantáneo, esencialmente radicado en los sistemas de creencias, valores y actitudes del mismo. Un sistema de mercado no es algo estático sino algo que se va creando y transformando permanentemente por las decisiones subjetivas individuales. La producción de sucesivos planes personales de acción progresivamente “más realizables” exige como condición necesaria una dinámica ética personal consistente. La “función” esencial de lo ético consiste en ordenar los ensamblajes personales de creencias, valores, etc., y, por consiguiente, la acción personal y la producción de la realidad histórica. Lo ético es, por lo tanto, lo que va dando sentido y estructuración jerárquica a la acción personal y a la dinámica histórica. El “contenido ético” (o, más rigurosamente, la “dinámica ética”) de los ensamblajes personales y sociales de creencias, valores, etc., constituye el factor de producción más fundamental de la acción personal y de la realidad histórica.

Son fundamentales los principios generales de conducta que se despliegan con libertad y responsabilidad desde ese interior de la conciencia personal de cada cual en mil y una facetas distintas. Y ello teniendo en cuenta siempre las circunstancias subjetivamente entendidas por el actor irrepetible que cada uno somos en ese preciso instante histórico circunstancial con el que día a día nos enfrentamos. Sólo personalmente podemos y debemos aplicar esos principios generales para tratar de resolver los problemas que continua y continuadamente se nos presentan.

Por todo lo dicho, es lógico y preciso para concluir abrir la esperanza al futuro: España, gracias a los cambios operados en los últimos años del siglo XX, se integrará en la Europa unida del siglo XXI con posibilidades crecientes de bienestar general y de prosperidad. Parece como si el cambio de siglo y de milenio marcaran una nueva época en la que lo hispano pasara a recuperar el protagonismo y la hegemonía que le corresponde, en Europa y en el nuevo mundo, por tradición cultural y civilizadora. En suma: por su historia.

Y termino con aquella confidencia humilde de Hayek en sintonía con aquellas grandes figuras del siglo XVI español:

La enorme importancia que la libertad supone para el género humano jamás se hace tan notoria como cuando el arcano se cierne sobre nosotros, es decir, cuando nos aproximamos a las últimas fronteras de la sabiduría, más allá de las cuales nadie es capaz de anticipar lo que existe. (…) La libertad, en última instancia, tan sólo pretende vigorizar la capacidad de los humanos para sobrepasar las realizaciones de sus antepasados, siendo ineludible que cada generación colabore en mayor grado que la anterior al progreso del saber y al constante desarrollo de las creencias estéticas y morales.

JJ FRANCH

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