METIÉNDOSE EN CAMISA DE ONCE VARAS

La reacción alocada y enrabietada de Zapatero y su Gobierno ante la contraopa de E-on sobre Endesa –no comprendo qué hace Solbes al respecto- me han recordado algunos cuestiones importantes del abc político y del papel de las Administración Pública en la Economía. Entiendo que la grandeza de un Gobierno y de un Estado está en saber estimular a sus ciudadanos hacia la consecución, por ellos mismos, de mayores índices de humanidad en el aprovechamiento de sus recursos materiales y no en el obsesivo control gubernamental ni en el crecimiento cuantitativo, de puertas adentro, de sus propiedades, privilegios, amenazas y poderes. Su razón de ser es el servicio a los fines de los ciudadanos y, por lo tanto, no se debe confundir el incremento de magnitud estatal y la presencia gubernamental con eficacia y con incremento de bienestar social. Su potestad es una potestad delegada y el protagonismo debe corresponder a la vitalidad y libertad de los ciudadanos de a pie. La finalidad y dignidad de la acción gubernamental no está en un incremento cuantitativo de su propio poderío económico representado por la parte del PIB que controla, o por los abultados presupuestos, o por los privilegios que puede o no conceder a unos o a otros, o por el creciente número de funcionarios, sino que radica fundamentalmente en saber potenciar y canalizar -nunca suplantar- con sus acciones las actuaciones libres y responsables de los agentes económicos de todo el sistema social.

En la realidad socioeconómica el interés público pasa por el interés priva¬do y el interés privado sólo se alcanza plenamente si se orienta al interés general que no es otro que el bien común clásico. La función específica arbitral del poder público consiste en crear las condiciones generales de la viabilidad social y económica mientras que los ciudadanos y los grupos privados son los responsables de crear las condiciones particulares de viabilidad socio-económica. Confundir estas ideas básicas lleva al Gobierno a intervenir en áreas que son campo de acción propio de la iniciativa privada descuidando las más especificas suyas. Las instituciones privadas, por su parte, tienden a su vez a desvirtuar sus funciones cuando buscan objetivos específicamente políticos. Es triste tener que recordar en un país que pertenece a la Unión Europea la impor¬tancia de la función legislativa inteligente y proporcionada de la actividad estatal que se debe encaminar a crear el marco jurídico necesario para que el sistema pluralista de libertad, propiedad privada y economía de libre mercado propio y característico de Europa funcione. El sistema de libertad económica no aparece necesariamente dejando que las cosas sigan su curso sino sólo haciendo un esfuerzo consciente y, por tanto, libre para crear el ambiente verdaderamente respetuoso, artificial, humano y necesario para que funcione adecuadamente. Economía y Derecho están altamente interrelacionados y el buen funcionamiento de los mercados quizás es una cuestión más jurídica y ética que estrictamente económica. El crecimiento y progreso económico está directamente relacionado con esta visión responsable del Gobierno en el Derecho y en la Economía libre. Es una pena que Zapatero no entienda esto y que se haya metido él -y nos esté metiendo a todos- en un gran berenjenal y en camisa de once varas.

JJ FRANCH

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