EL FANTASMA ESPECULATIVO

Creo que Javier Arzallus tenía razón cuando explicaba las causas de la actual crisis económica española al compararla a la hinchazón de un suflé especulativo que luego se desinflada rápida y tristemente. Con palabras y ejemplo menos gráficos, pero más profundos y contundentes, se explicaba el presidente de Sony, Akio Morita (con posibilidades de haber sido Primer Ministro tras las elecciones japonesas), refiriéndose a lo que había ocurrido en extensas zonas del mundo desarrollado. Decía que en muchas de esas economías se había impulsado desde diversas instancias gubernamentales el predominio de las finanzas y la economía monetaria especulativa sobre la creación de empresas con entidad real capaces de acometer con continuidad proyectos a largo plazo, cuyo crecimiento se basara en el acierto de la incorporación de valor añadido a sus productos.

La inestabilidad creciente de monedas, inflación y desequilibrios entre países a nivel mundial, unido a un marco financiero cada vez más abierto, a la rápida y profunda transformación de los mercados de valores, dinero y divisas, o al desarrollo vertiginoso de mercados de futuros y opciones, lleva a una situación lógica de atractivo paraíso financiero mundial donde no hace falta aventurarse en la pesada y maltratada (por los gobiernos) economía real, para extraer la máxima remuneración a nuestros capitales previamente ahorrados.

En la conferencia inaugural del Foro Económico Mundial celebrado en Davos (Suiza) a la que creo recordar que también asistió José María Aznar antes de la contienda electoral, impresionaron la rotundidad y realismo de algunas de sus afirmaciones: “nos hemos dado cuenta de que la torre económica dorada estaba construida sobre una falsa base de especulación y avaricia.” O también: “Hay que descartar el deseo del rápido enriquecimiento y promover negocios que realmente aporten algo.” La fuerte crisis actual no es ajena a esas conductas que, incentivadas también por el excesivo gasto público, prometían crecimiento y bienestar fácil sin sacrificio alguno, y que confundían la fantasía del culto a los mercados abstractos financieros con la verdadera realidad generadora de auténtica riqueza actual y futura.

Surge en este punto la eterna discusión entre medios y fines, y la conversión de lo que, por definición es puro medio (el más universal y abstracto, el dinero) en fin. Ese grave error práctico y ético, especialmente cuando se generaliza en la mayor parte del entramado socioeconómico, arrastra tras de sí un incontable rosario de decisiones humanamente perniciosas. Si denominamos valor a la apreciación subjetiva más o menos intensa que un agente da a su fin, medio a todo aquello que el actor subjetivamente cree que es adecuado para lograr ese fin y utilidad a la apreciación subjetiva que el actor da al medio en función del valor del fin, cuando ese medio de intercambio universal lo transformamos en objetivo y fin último, estamos viciando todas las fuentes humanas de creación y generación de auténtica riqueza. Ese valor subjetivo de última medida que la mayoría da al dinero que persiguen, se proyecta a los medios que creen útiles para lograrlo precisamente a través del concepto de utilidad. En resumen que en busca del becerro de oro especulativo se acaba idolatrando el principio del “vale todo”.

Por todo ello no es de extrañar que, para salir de la crisis actual y de acuerdo con los objetivos de la empresa que preside Akio Morita, propusiera dar primacía a las empresas que añadan valor a las materias primas a través de la aplicación del conocimiento humano y de las nuevas tecnologías. Si queremos una recuperación económica real tanto a nivel local, regional o nacional “el sector financiero debe volver a sus orígenes.” El dinero debe ser invertido en apoyo de la investigación y del desarrollo que permiten la creación de nuevos productos.

Hay en definitiva que descorrer el velo monetario para potenciar la riqueza real y hay que traspasar también ese velo real para introducirse en la mejora de lo más importante de ese sector real: la riqueza humana creativa original de las personas que trabajan en ese organismo económico y que siempre son los protagonistas últimos de sus éxitos y fracasos, de sus crisis y crecimientos. El futuro no es la continuación mecánica y predeterminada del pasado y del presente sino que el futuro lo creamos cada uno de nosotros con el ejercicio soberano de nuestra libertad cotidiana reflexionando sobre la valía de los auténticos fines últimos.

JJ Franch

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: