CONTABILIDAD REAL ORIENTADA AL FUTURO

En varias ocasiones he definido el valor objeto de la Ciencia de la Economía como una relación real de conveniencia complementaria y futura del objeto valorado a los objetivos de los usuarios finales. Una de las deducciones de esa naturaleza del valor económico es su referencia al futuro. Los distintos recursos tienen determinado valor, no en cuanto a su trayectoria histórica anterior, sino en cuanto a su capacidad hoy de generar riqueza, trabajo y capacidad de servicio en el futuro. Bhöm Bawerk afirmaba ya en su obra Capital e interés que “Finalmente, ocupan un escalón todavía más alto aquellas teorías que se sobreponen totalmente a la vieja superstición de que el valor de los bienes debe buscarse en su pasado y no en su porvenir. Estas doctrinas saben lo que se proponen explicar y saben también en qué dirección deben explicarlo.”

Si la contabilidad la entendemos como instrumento básico de cálculo económico para la toma de decisiones empresariales y no como mera rutina formalista para reflejar, por motivos de inspección o auditoría, los fenómenos históricos mercantiles acontecidos, entonces conviene dar importancia a estas expectativas a futuro de la capacidad e idoneidad de los diferentes bienes.

Los hechos históricos son importantes para crear orden, controlar y sacar deducciones de la experiencia pasada, pero conviene resaltar la importancia que para la dirección de cualquier proyecto tiene la contabilidad presupuestaria, más real que la extrapolación determinista de los hechos ocurridos en ejercicios anteriores. La presupuestaria es una contabilidad que mira al futuro y que debe incluir las expectativas empresariales y es una contabilidad subjetiva y originalmente estimativa por parte de la dirección de política general de cada entidad que mide el valor económico de los distintos bienes, no por sucesos pasados, sino por la comprensión dinámica e inteligente de su capacidad a futuro. Por ser una valoración de cara al incierto porvenir es, paradójicamente, una valoración más real en tanto en cuanto es más acorde con la naturaleza del valor económico que se quiere medir. El juego del esfuerzo explorador del futuro que se pone en marcha con el ejercicio de la contabilidad presupuestaria permite su comparación con la que, posteriormente, realmente acontece. Esos diferenciales positivos o negativos enriquecen nuestras visiones de los hechos económicos que están por venir y son motivo de estudio y corrección para muevas expectativas a futuro. Hutchison ya indicaba en su Historia del pensamiento económico que la distinción de Fisher entre los conceptos de “existencias” y “corriente” tomados de Newcomb, llevaba inevitablemente a la necesidad de un análisis dinámico “fechado” y señalaba a su vez que había que prestar una atención más sistemática a las expectativas sobre las que se basan todos los procesos de capitalización.

El valor de un patrimonio, de un determinado conjunto complementado de riqueza, no depende directamente del beneficio o pérdida generado en el pasado, sino de la capacidad hoy de generar beneficios futuros. Por muchos beneficios que una empresa haya generado en ejercicios anteriores, ello no implica necesariamente, con una inercia determinista y burocrática, que los vaya a generar en el futuro. Lo importante para calcular su valor es estimar las capacidades a futuro al principio del nuevo ejercicio, independientemente de la cuenta de resultados de los ejercicios pasados.

Otra aplicación a la contabilidad, en tanto en cuanto instrumento que trata de reflejar las vicisitudes del valor económico, es la importancia, a veces despreciada, que los bienes reales concretos y determinados tienen en el conjunto. La necesidad y el hábito de medir contablemente los muy diferentes bienes de una empresa en términos monetarios, tiene el peligro de abstraer y olvidar la potencial complementariedad de los distintos componentes del conjunto patrimonial. Con la agregación de valores monetarios homogeneizamos la riqueza complementaria que posee cada parte integrante del conjunto con lo que, si no lo tenemos en cuenta, pueden perder veracidad las medidas subjetivas concretas del valor económico y nuestras decisiones.

Los minuciosos inventarios de los distintos bienes, a ser posible con sus específicas características, son imprescindibles para una mayor aproximación al valor de cada uno y del conjunto. El estudio pormenorizado de estas relaciones de bienes físicos y también inmateriales debe ocupar la atención de los gestores empresariales tanto o más que los balances que reflejan únicamente los valores monetarios, es decir los valores de cambio. Nunca hay que olvidar que los valores de uso (los definitivos) transcurren a niveles superiores y distintos que los valores de intercambio. Lo normal es que un determinado recurso inventariado tenga un valor de uso interno a la empresa superior al de cambio. Si no fuese así compensaba venderlo.

En toda economía son más importantes los bienes reales, los movimientos y relaciones de la economía real, que los valores monetarios. Esos valores en términos de precios, aunque facilitan el cálculo económico, velan una parte de los valores de uso reales de los bienes y distorsionan las relaciones de complementariedad entre los distintos recursos de que dispone actual o potencialmente la empresa.

Considero estas aplicaciones de la teoría del valor económico evidentes y conocidas pero quizás su importancia queda en entredicho en la práctica cotidiana empresarial en la que estamos inmersos.

JJ Franch

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