CIENCIA DE LA ELECCIÓN

Siguiendo con los comentarios a las definiciones de Economía podemos indicar también que una corriente más moderna se encuentra en aquellos autores que no relacionan la Economía con un tipo particular de actividad económica de los hombres, sino como un aspecto que lleva consigo toda actividad económica de los mismos: el de escasez y elección. Aunque ya antes se había sugerido esta vía conceptual, como cuando Spann (1878-1950) indica que la Economía es la representación de medios para un fin, fue en 1932 cuando el inglés L. Robbins puso en boga su famosa definición en su obra Un ensayo sobre la naturaleza y significación de la ciencia económica (1932) donde decía que la economía era la “ciencia que estudia el comportamiento humano como una relación entre fines y medios escasos que tienen usos alternativos.”Por otra parte en la primera página de su obra The Scope and Method Neville Keynes ya trataba de evitar la ambigüedad de las palabras economía y económico al aclarar que cualquier acción se denomina “económica cuando alcanza su fin con el menor gasto posible de dinero, tiempo y esfuerzo; y por economía se hace referencia al empleo de nuestros recursos con prudencia y discreción, de tal forma que podamos derivar de ellos el rendimiento neto máximo de utilidad”. Una importante consecuencia de estas definiciones ha sido que la decantación de la economía hacia un estudio de la conducta humana ha propiciado la ampliación de sus campos de aplicación hacia la colaboración con otras disciplinas como por ejemplo la Economía del Derecho, la Economía de la familia o, incluso, la Economía de la Ética.

Pero no toda la acción humana es objeto de la economía. Por esta razón se ha intentado distinguir entre ambos ámbitos de acciones. El estudio de toda acción humana ha sido denominado Praxeología por L. von Mises en su tratado de economía La acción humana, y por el contrario denominó Cataláctica a la Economía en cuanto ciencia de los cambios o los fenómenos de mercado. Las acciones humanas estudiadas por la economía son aquellas que envuelven al individuo en una serie de elecciones entre fines que no se pueden alcanzar coetáneamente ya que se dispone de medios escasos para el cumplimiento de los fines elegidos. Se trata por tanto de una conducta humana en la que el cálculo racional ha de intervenir forzosamente y en donde aparecen con especial relevancia las continuas valoraciones subjetivas de los costes de oportunidad de nuestras decisiones empresariales personales.

Dentro también de esta línea F. di Fenizio en su Economía Política (1949) dirá que en su actividad de elección, los individuos siguen en efecto ciertos criterios, ciertas normas, dictadas por la experiencia o sugeridas por su intuición o por su razonamiento. El estudio de estos criterios, de estas uniformidades, constituye precisamente el contenido de la Economía. También Samuelson y Keynes en las definiciones indicadas anteriormente recogen estos criterios y R. Barre en su Economie Politique (1955) dirá que la Economía Política es la ciencia de la administración de los recursos escasos. Estudia las formas que adopta el comportamiento humano dentro de las posibilidades que ofrecen tales recursos, y analiza y explica las modalidades según las cuales un individuo o una sociedad debe utilizar medios limitados para la satisfacción de deseos numerosos e ilimitados. Asimismo, O. Lange en Political Economy señalaba que “la ciencia económica es, con ello, la ciencia del uso de medios escasos que garantizan el grado máximo de realización de un bien elegido de la actividad humana”.

Las definiciones montadas sobre los conceptos de escasez y elección superan en parte los inconvenientes de aquéllas que se constituyen sobre la riqueza entendida en sentido coloquial y sobre las causas del bienestar material ya que, si bien es cierto que la escasez de bienes materiales es una de las limitaciones de la conducta, no es menos importante la escasez de tiempo y de los servicios de otras personas. Por otra parte estas definiciones construidas alrededor de la Economía como ciencia de la elección de los recursos escasos eluden también inconvenientes de las del tipo de cambios y precios, al no dejar de lado la posibilidad de fijar normas para la utilización adecuada de medios encaminados a cubrir fines económicos, políticos o sociales. Pero también las definiciones del tipo de las apuntadas por Robbins, Samuelson, Di Fenizio, Barre y tantísimos otros, adolecen de un formalismo tal, que, aunque los fines respectivos son diferentes, parece obvio que se trata de un tipo de definición que se puede aplicar tanto a la Economía como al arte militar o a la teoría de la información. La misma investigación operativa, si bien es una técnica al servicio de la Economía, no es más que un conjunto de procedimientos matemáticos que permiten maximizar o minimizar el valor de un función-objetivo tanto si ésta pertenece al campo de la economía, el arte militar, la teoría de la información o una partida de ajedrez.

Estas definiciones “formales” también presentan el inconveniente de que se basan en la hipótesis de racionalidad que aparece implícita en sus razonamientos y sobre el que existe un cierto desacuerdo sobre el propio concepto de racionalidad humana, concepto amplio en el que se integra la racionalidad económica. Las definiciones formales ignoran los problemas esenciales de adaptación de los medios a los fines y de éstos a aquellos en la cambiante realidad socioeconómica y política del mundo en que vivimos.

A su vez las definiciones basadas en la conducta humana y en las relaciones aparentemente neutrales de medios-fines necesitan complementariamente y sin dilación una adecuada antropología económica que reflexione sobre la idoneidad y jerarquía de los fines humanos, y especialmente de los fines últimos hacia los que en definitiva se encamina todo el actuar humano, incluido el económico. Aparece con preeminencia la necesidad de su interdependencia con la Ética y la Filosofía. De lo contrario la acumulación y eficaz organización de medios para la consecución de fines erróneos o perniciosos corromperá los propios medios y su eficiente organización.

JJ Franch

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