SOCIALISMO ES COACCIÓN

No lo digo yo sino que lo demuestra en 446 intensas, ágiles y documentadas páginas mi colega de la Universidad Complutense el profesor Huerta de Soto en su último libro Socialismo, cálculo económico y función empresarial publicado por Unión Editorial.

Explica primero de forma amplia, original y con riqueza de matices el ejercicio de la empresarialidad como un continuo estar alerta que hace posible a todo ser humano (no sólo al catalogado oficialmente como empresario) descubrir y darse cuenta de lo que ocurre a su alrededor. A continuación habla del socialismo como lo que pone trabas a ese ejercicio personal de libre perspicacia continua y lo define como todo “sistema de agresión institucional al libre ejercicio de la función empresarial”. Consecuencia de esta coacción, quien de otra forma (sea o no empresario) hubiese ejercido libremente su vital capacidad creativa en orden a la mejora social y a su mejora personal, para evitar males mayores, se ve forzada a actuar de una manera distinta a como habría actuado en otras circunstancias. Modifica, por tanto, su comportamiento adecuándolo a los fines de aquél o aquellos que le coaccionan con lo que esa cierta agresión o coacción impide que el ser humano desarrolle la actividad que le es más propia y que por esencia y de forma más íntima le corresponde. La presión piramidal ejercida desde lo alto del poder estatal distorsiona a su vez la nitidez de los fines que cada cual va descubriendo y deforma los medios que, de acuerdo con su información y conocimientos, crea o considere que se encuentran a su alcance.

Los defensores del utópico ideal socialista en distintos grados, con una ingenua buena intención aparente que esconde un cierto grado de soberbia, creen que el sistema de coordinación social, no sólo no se verá perturbado por la existencia de agresión institucional repetitiva, metódica y organizada, sino que, por el contrario, se hará mucho más efectivo al ser ejercida esa coacción sistemática por un órgano director que se supone dotado de unas valoraciones y conocimientos (tanto en cuanto a los fines como a los medios) mucho mejores cuantitativa y cualitativamente que aquellos que puedan poseer a nivel personal los actores coaccionados. Convencidos de que sus fines y medios son los mejores para el conjunto de ciudadanos a quienes representan, emiten burocráticos mandatos que son creaciones deliberados del órgano director que ejerce la coacción institucional, y mediante ellos se pretende forzar a que todos los actores cumplan o persigan, no sus fines particulares, sino los fines de aquel que ejerce el gobierno o mando.

Frente a esa creación deliberada y racionalista de quien organiza institucionalmente, en que consiste el mandato socialista, el autor defiende el concepto hayekiano de ley como norma abstracta de contenido general que se aplica a todos los seres humanos por igual sin tener en cuenta circunstancia particular alguna y estableciendo un marco donde es posible que cada ciudadano cree y descubra nuevo conocimiento e información originales pudiendo aprovecharse del mismo persiguiendo sus fines particulares en cooperación con los demás.

La imposibilidad de coordinación económica y social del sistema socialista se demuestra porque cada una de las personas que interactúan entre sí constituyendo la sociedad, posee con carácter privativo una información práctica, intelectual e intuitiva dispersa, que en su mayor parte es de naturaleza tácita y que es lógicamente imposible concebir su posible transmisión al órgano director. No sólo el volumen agregado cuasiinfinito de información práctica sentida y manejada por cada uno es de tal magnitud que no puede ser adquirida por los órganos directores, sino que, además, al no poderse transmitir el mismo a ese centro socialistoide por su carácter no articulable, es lógicamente absurdo pensar que un sistema socialista pueda funcionar. Además cada uno de esos millones de personas, al ejercer diariamente su función empresarial, es decir al actuar, constantemente crean y descubren nueva información por lo que difícilmente se podrá transmitir a esa nomenclatura central, por muy sofisticada que sea, la información o el conocimiento que aún no se ha creado, sino que va surgiendo como resultado del propio proceso social y en la medida en que éste no se vea agredido y coaccionado.

He querido esbozar sólo algunos puntos de una obra de indudable valor y actualidad que abre un abanico de variopintas posibilidades de futuro si queremos adentrarnos en la novedad de la auténtica Economía Moderna. Demuestra que el socialismo es antieconómico y el centro del argumento resumido se encuentra posiblemente en una nota al pie de la página 101:”Quizás en la raíz o el fundamento mismo del socialismo, se oculte el atávico deseo del hombre por querer ser como Dios, o mejor, de creerse que es Dios, y por tanto, que puede disponer de un conocimiento o información mucho mayor de lo que es humanamente posible.” Vale la pena leer estas ideas en la España de hoy.

JJ Franch

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