EXTRAPOLACIONES DETERMINISTAS

Grandes interrogantes se han abierto desde hace unos cuantos lustros en todo el mundo occidental, y por simpatía en el resto del mundo, respecto al papel del Estado y la eficacia de la política económica basada en una versión excesivamente simplificada del modelo keynesiano que mira con muy buenos ojos el gasto público estatal como motor económico. Pero sobre todo ha quedado muy en entredicho la legitimación de la planificación económica tanto en el ámbito estatal como en el empresarial. El espíritu empresarial abierto ha quedado oscurecido también en ocasiones por la mentalidad y promoción burocrática de algunos ejecutivos públicos y privados con aspiraciones incontenibles de seguridad laboral y ostentación consumista, que se anquilosan en planteamientos rígidos y homogéneos.

Ante la tentación política, especialmente intensa en época de dura crisis económica, de implementar y decantarse hacia posibles pactos y amaños que pretendan poner en marcha políticas planificadoras o keynesianas estatales o empresariales, pivotando sobre el gasto público, es bueno recordar algunas ideas de Shackle y algunas críticas de la escuela de las expectativas racionales.

En el modelo económico de decisión de Shackle la preocupación única es el estudio de cómo los hombres explotan esa libertad que la incertidumbre confiere sobre el pensamiento y la imaginación. La inversión, que a fin de cuentas es la que crea empleo, es una acción en busca de utilidad. Pero esa utilidad que estimula la inversión es un mero producto de la inteligencia y la imaginación y no tiene nada que ver con la utilidad del contador que ha sido realizada y registrada y que es algo que pertenece al pasado. “La inversión no se emprende para buscar una utilidad pasada, sino una utilidad futura y esto es, en último análisis, mera conjetura y esperanza, no obstante lo cuidadosamente que se reúna y tamice toda evidencia disponible.”

En las técnicas más habituales de predicción se extrapola de forma más o menos determinista presuponiendo que el futuro será en gran medida una continuación lineal del pasado. Muchos modelos estructurales con esas premisas, que olvidan el hecho fundamental de la incertidumbre y variabilidad originales de millones de decisiones libres imaginativas que se toman diariamente, no pueden formular predicciones futuras distintas del pasado. Ese tipo de métodos es válido sólo para aquellas variables que presenten una relación fija (astronómica) entre sus valores pasados y futuros, por lo que su aplicación al entramado económico humano es irracional en cuanto que contradice el hecho real de que los agentes son optimizadores natos en cada momento, buscando lo mejor para el futuro utilizando lo mínimo. Es irracional reducir la inteligencia, pensamiento, información, aspiraciones e imaginación del ser humano a una mera ecuación lineal.

Estos enfoques semikeynesianos y burocráticos tienen también un problema de inconsistencia en cuanto que dan una preponderancia y relevancia especial a las relaciones agregadas, dándoles incluso existencia independiente de las decisiones individuales. Puesto que los agregados son grandes sumatorios de decisiones individuales variopintas es muy peligroso para las predicciones encarnar en índices macroeconómicos abstractos ese incierto comportamiento individual.

La inconsistencia se puede generalizar en el conjunto de una sociedad cuando se introduce en su escala de valores la medición del éxito de determinadas políticas o de algunas personas relevantes en base a los valores de esos agregados que, según la escuela de las expectativas racionales, son ambiguos y engañosos, ya que no dicen nada respecto al individuo y a la utilidad particular y concreta.

Es por todo ello por lo que debemos matizar mucho en economía las predicciones fáciles y unilaterales y poner en tela de juicio las extendidas extrapolaciones deterministas. Muchos pensamos que el gobierno no puede mejorar el funcionamiento del mecanismo multisecular y equilibrador del mercado, lo cual no implica la eliminación de su intervención, sino limitarla a la creación y defensa del marco previsible, ético y estable para el sector privado.

JJ Franch

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