DESPILFARRO Y GASTO PRODUCTIVO

Desde los más encumbrados púlpitos gubernamentales socialistas, acuciados y angustiados por la multibillonaria Deuda del Estado acumulada que ellos crearon y acrecentaron, se lanzan a los cuatro vientos proclamas patéticas que suenan a moralinas asustadizas. Una retahíla de sinónimos pesimistas compiten por ser los más utilizados en esas nuevas homilías laicas. La insistencia en el paro, ajuste, rigor y los rigores que se avecinan; en la necesidad de apretarse el cinturón, en la depresión, en las vacas flacas …, han conseguido que todo gasto, grande, pequeño o nimio, se convierta, indiscriminadamente, en pecado social mortal y abominable. Sinceramente creo que es una grave equivocación generalizada.

Por supuesto que no hay que gastar y despilfarrar en lo superfluo, en lo estéril, en lo improductivo, en lo que genera un efecto de adicción negativa, en lo que deshumaniza. Pero ese autodominio hay que realizarlo tanto en época de crisis como en épocas de euforia y expansión. Por supuesto que esas recetas morales son autoaplicables al señor Estado que debe gastar lo mínimo posible, lo imprescindible: Seguridad interior y exterior, medios para el responsable ejercicio de una Justicia independiente, y subsidiaridad efectiva en todo lo demás, incluida la caridad y la beneficencia. Pero ¿por qué los particulares no vamos a gastar de lo nuestro en lo que cada uno, libre y responsablemente, consideramos oportuno?. En base a qué nuevo catecismo los particulares (que somos todos incluidos el Rey, Felipe González y José María Aznar) no podemos utilizar nuestros ingresos en lo que creamos más conveniente y enriquecedor.

Una de las primeras cosas que aprendemos en los parvularios de las Facultades donde se explica Economía es la diferencia entre el efecto de un acto a nivel individual y el efecto de millones de actos en parecida dirección para el conjunto macroeconómico. También se aprende a diferenciar en seguida entre variables stock, fijas y estáticas en un momento del tiempo, y variables flujo que son corrientes dinámicas que transcurren a lo largo de un determinado período de tiempo. No hay mas que ver la introducción del manual más socorrido durante décadas en todo el mundo para leer que los intentos individuales de ahorrar más en las épocas de depresión pueden hacer que disminuya el ahorro total de la comunidad.

Una variable stock es una foto fija de un momento. Si a un tablón de dos metros le cortamos metro y medio nos queda medio metro. Si en una hucha tenemos 1.000 ptas y sacamos 300, quedan 700. Pero el Producto y la Renta Nacional y Mundial no son fotos fijas, ni tablones, ni huchas del Ministerio de Hacienda, sino flujos circulares dinámicos e interdependientes entre los numerosísimos agentes libres protagonistas de la acción económica. La corriente de agua de la producción multicolor real y monetaria procedente de millones de manantiales, circula continuamente a través de complejas tuberías por todo el circuito social formando variados y originales afluentes, remansos y recovecos. Cada persona dispone de llaves de paso que puede regular a su mejor entender. La cantidad de agua que llega a una estación depende de la cantidad que se deja pasar y de la presión impulsada en otros puntos. Una fuerte presión en algún punto ejerce un efecto multiplicador en todo el circuito, y la renta se incrementa notablemente. Cuando se van cerrando esos millones de compuertas, y se reduce la presión, el efecto multiplicador desaparece y se convierte en un efecto reductor generalizado que agrava más la crisis. No hay que reducir el gasto sino reconvertirlo, purificarlo de impurezas, regenerarlo y depurarlo. El gasto en un punto impulsa en otro la producción de lo que se demanda.

Si quiere hacerme caso, no deje de comprar lo que en conciencia crea más conveniente: no deje de comprar la mejor medicina para curar la enfermedad de su hijo, de su madre o de los abuelos; no deje de dar una buena educación a los suyos, no deje de comprar, para leerlo, un buen libro;… y, por supuesto, no deje de comprar diariamente un buen periódico. Incrementará así su personal capacidad de generar riqueza en el futuro, y nos ayudará a todos los demás, de carambola, a salir del rigor de la lógica y absurda sequía económica.

JJ Franch

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