SITUACIÓN PATÉTICA DEL ECONOMICISMO

 

Una de las causas de las crisis económicas creo que está en haber idolatrado su capacidad de predicción y de planificación empírica en orden a una felicidad estereotipada. La economía neoclásica, con sus virtudes y sus muchos defectos, se ha instalado en la zona seria de la vida, dándole una importancia desmesurada. Lo económico, entendido en ese sentido tradicional, es importante pero no tanto. Vivimos un exceso de economicismo donde los augures financieros y monetarios se convierten en centro de gravitación vital de muchas personas. El beneficio estrictamente monetario y economicista adquiere un carácter semirreligioso y produce un elevado patetismo entre los agentes económicos al convertirse en el eje de nuestra existencia.

Si entendemos lo económico en sentido más amplio, como humanización de las condiciones de vida y como búsqueda de medios que son iluminados con una valía especial que proviene del equilibrio sensato de los fines de la existencia humana, la actitud economicista quedará reducida a sus justos términos. Los valores de cambio de los bienes y servicios tendrán una importancia relativa. Serán los valores de uso, mis valores subjetivamente interpretados, los que muevan todo nuestro actuar. Acertaremos más enfrentándonos a lo económico y empresarial con un espíritu jovial, y desplazando el patetismo obsesivo del numerario a una cierta periferia más alejada del centro nuclear de nuestra existencia. Es entonces cuando, paradójicamente, conseguiremos, casi sin darnos cuenta, nuestras auténticas metas y objetivos, también en lo económico.

Se necesita tomarnos menos en serio el dinero. Hay que tomarlo con cierto desdén, como un entretenimiento y como un juego, con sentido deportivo, como una diversión, con gracia hispano andaluza. Es entonces cuando, curiosamente, lo conseguiremos con más abundancia y seguridad, y, sobre todo, por medios lícitos que nos aproximan más a nuestras auténticas preferencias. Es un reduccionismo penoso estimar todas las actividades del hombre sólo desde un punto de vista empírico y economicista, y según sus resultados cuantitativos. Recordemos que estamos cruzando ya el rubicón de lo cuantitativo para adentrarnos en los mares más complejos y gratificantes de lo cualitativo. También el trabajo humano, en torno al cual siempre gira lo económico, está abandonando su carácter homogéneo y meramente cuantitativo que se medía por horas y remuneraba matemáticamente, para convertirse en esfuerzo cualificado con prestigio humano propio y en capacidad de servicio cualitativo hacia los demás.

JJ Franch

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