NUEVA VISIÓN DEL TRABAJO

Las grandes revoluciones en las ideas, las actitudes y en las conductas no se manifiestan con estruendo y griterío ensordecedor, sino que se van deslizando sigilosamente por el tejido social suscitando adhesiones calladas y leales que acaban transformando la sociedad casi sin darnos cuenta. Una de esas revoluciones pacíficas es la concerniente al talante con el que las gentes se enfrentan cada día a su trabajo profesional peculiar. Una nueva era comienza cuando la percepción que la ciudadanía tiene del trabajo cambia radicalmente.

Las dificultades para encontrar empleo, que dejan involuntariamente a muchos en el sector inactivo de la sociedad, así como la mejora y humanización de todos los instrumentos de trabajo por el avance innovador, ha transformado la percepción del trabajo y la laboriosidad. Si antes se consideraba como algo negativo que alienaba y embrutecía como consecuencia de un castigo que todos debíamos soportar con resignación, hoy en día se extiende la visión positiva, alegre y autohumanizadora del trabajo, de cualquier trabajo que lo sea realmente. La falta de empleo ha generado un efecto positivo respecto a la percepción del esfuerzo profesional. El empleo se percibe ahora como una tabla de salvación más que como un castigo.

Los rudimentos de la tecnología industrial primitiva, junto con la traslación del dominio agresivo y de conquista al ámbito empresarial, nos llevó a una especie de nueva esclavitud encerrada en fábricas y almacenes. Pero quedan ya muy lejos y anacrónicas en Occidente las concepciones agresivas fruto de la miseria obrera, la mecanización rutinaria y el taylorismo fabril. Muy pocos empleados por cuenta ajena se sienten proletarios esclavizados que maldicen su suerte y tratan de solventarla con revoluciones utópicas violentas. Quedan olvidados y obsoletos los procesos de suma cero y negativa que nos decían que la introducción de máquinas dejaba sin trabajo a miles de personas y que su aceleración produciría crisis pavorosas de desempleo y pobreza. Ya no se considera la empresa como una máquina y sus miembros como un inerte juego de ruedas y poleas repetitivas. Nadie cree ya que dentro del régimen capitalista los trabajadores, antiguos obreros, no podrán mejorar nunca su situación. Las gentes se sienten cada vez más incómodas cuando el Estado pretende señalar a cada uno su esfera de actividad, qué tiene que producir, en qué forma, con quien cambiar su producción y a qué precio. También se incomodan con un excesivo carácter rígido y piramidal racionalista en las jerarquías empresariales. La libertad responsable en los diferentes componentes del factor humano se hace imprescindible.

La difusión de la ciencia y de las nuevas tecnologías, en cambio, augura un futuro, que ya es presente, en el que se posibilita un cierto retorno a la artesanía personal donde la originalidad de cada cual en su puesto de trabajo es un factor nuclear en el éxito empresarial. Hoy en día muchos trabajan buscando el detalle, materializando el servicio y sintiéndose humanizados en el desarrollo de la propia profesión. Los profesionales de las diferentes actividades se sienten orgullosos de contribuir, en su parcela correspondiente, al progreso de la civilización. Ese hondo sentimiento de ser útiles desde este o aquel pequeño rincón de actividad laboral, genera perseverancia en el esfuerzo y creatividad solidaria que se difunden de forma anónima por todo el entramado económico social.

Por otro lado, el acceso generalizado al uso de instrumentos de capital altamente sofisticados, y con un enorme potencial de fuerza laboral enlatada, requiere la constancia en la formación y la educación ética en el acrecentamiento de la responsabilidad. Jóvenes trabajadores, quizás sin la madurez suficiente, pueden manejar con sencillez y comodidad máquinas de una capacidad y exactitud desconocidas hace sólo unas décadas. El peligro estriba en no trabajar con mentalidad de servicio. Si no se trabaja con la mente abierta hacia los requerimientos ajenos, aparece la vertiente oscura del individualismo encapsulado en sí mismo que aplana, empobrece y estrecha nuestro sentido de la vida.

El potencial creador y liberador de esta nueva visión del trabajo humano es inmenso si consideramos, además, que, contra el tópico que se extendió durante décadas, nuevos empleos generan más empleos en un proceso sin fin. Si la naturaleza humana es frágil, también el reino mineral, vegetal y animal es débil, se estropea y decae en un proceso de obsolescencia continuada. Por todo ello siempre el trabajo humano será escaso. Siempre se necesitará un renovado esfuerzo para reordenar la anarquía de la Naturaleza, limpiar su tendencia a la suciedad y fealdad, reactivar cada día su viveza cuando se presenta una inclinación macabra, y mantenerla en tensión ecológica siempre dispuesta al servicio.

JJ FRANCH

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