LAS CAUSAS DE LAS CRISIS

Aunque existen serias dudas sobre la autenticidad de esta temblorosa recuperación económica, puede ser un buen momento para reflexionar sobre las causas de la tremenda crisis que hemos padecido, y sobre los remedios a poner en marcha, para que, si finalmente levantamos el vuelo, se haga de forma sólida y continuada.

El elevado gasto público, en clara sintonía con la ideología socialista que nos ha venido gobernando estos años, es la causa fundamental del mal trago económico que, durante màs de tres años, hemos tenido que pasar, y seguimos pasando. Para atender ese exagerado protagonismo público se precisaba, correlativamente, ingresar cantidades superiores en las arcas del Estado y tratar de recaudar al alza utilizando todo tipo de procedimientos al alcance de los ministros de turno. La presión fiscal sobre las empresas y los particulares ha crecido hasta tasas no razonables ejerciendo un efecto expulsión de la actividad formal que se refugiaba en la economía informal o en las templadas aguas del ocio y la pasividad ramplona. Ese efecto expulsión de las actividades emprendedoras traía como consecuencia menor inversión creadora de riqueza futura y, a la postre, menor recaudación por la falta de dinamismo económico.

Pese a la glotonería recaudatoria para atender las cada vez màs amplias necesidades del dispendio socialista, los ingresos no nivelaban los gastos, y el déficit público reiteraba su aparición año tras año, y de forma creciente. La Deuda Pública se iba incrementando peligrosamente, así como su carga de intereses, hasta que hemos llegado a la triste situación en que empieza a ser superior al 60% del PIB dejando de cumplir el único objetivo que cumplíamos para la convergencia hacia la Unión Monetaria Europea. La necesidad de financiación del déficit creaba problemas sobre los mercados financieros, sobre los tipos de interés y sobre el tipo de cambio de la peseta. La necesidad de mantener altos tipos de interés para atraer capital extranjero incrementaba las cargas financieras sobre los proyectos de inversión real y se desplazaba y agostaba la iniciativa privada. La obcecación en esta política hizo que se mantuviera artificialmente alto el tipo de cambio de la peseta perjudicando nuestro dinamismo exportador y facilitando las importaciones que sólo generan empleo en el exterior. El déficit exterior empezaba a pesar como una losa. Consecuencia de todo ello, unido a la rigidez de nuestro mercado laboral, fué el triste record de paro y desempleo en nuestro país.

JJ Franch

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