LA FUERZA ECONOMICA DE LA LIBERTAD

 

No es la economía la que condiciona el mundo de las ideas sino que es el mundo de las ideas imaginativas el que mueve el mundo económico. Lo importante no es el lugar geográfico o espacial donde cada uno está en un determinado momento sino cómo repercute esa imagen, ese sonido, esa concatenación de circunstancias, en el interior de la persona; cómo entronca con sensaciones y hechos ya vividos; cómo nos hace mirar hacia el futuro y cómo saca de la memoria un determinado matiz que se proyecta sobre la acción presente. Dos itinerarios unidos el espacial o geográfico que recorremos, y el itinerario interior, la película espiritual que estrenamos cada día y continuamente.

En esa película cotidiana interior la libertad,
entendida como la capacidad que tiene la voluntad humana de encaminarse subjetivamente, por sí misma, hacia lo que la inteligencia le presenta como bueno y deseable, desencadena un proceso natural que lleva a la propiedad, intercambio, especialización, capacidad de servicio y mentalidad empresarial en los agentes económicos. Este proceso, instaurado en la naturaleza de las cosas, acaba por mejorar las condiciones de vida material de los ciudadanos de las sociedades en las que se implanta y genera mayores expectativas de bienes futuros. Las instituciones del mercado realizan por su propia naturaleza, y desde los albores de la humanidad, una función de conjunción y armonía enriquecedora. El estudio de las instituciones del mercado como proceso de suma positiva nos lleva a descubrir y a entender un poco más la armonía, tan diversa y a la vez unificada, de las interconexiones complementarias de las fuerzas del valor económico.

A la libertad se le puede aplicar el mismo mecanismo
autogenerador en que consiste la capacidad de servicio. Cuando la libertad no termina donde comienza la de los demás, sino que la libertad de los otros es el destino de la mía, entonces se produce una resonancia multiplicadora y amplificada en la realización de las actuaciones libres que repercute sobre la complementa¬riedad y adaptación a los fines. Si la libre realización de mis fines se cierra en el estrecho horizonte de mi propio interés, sin abrirse al de los demás, la plenitud de alcanzar los fines con mi riqueza queda truncada de raíz. Sin embargo, y viendo el lado positivo, la libertad, traspasando activamente los meros intercambios, se convierte en fuerza creadora que apunta hacia proyectos de mayor calado social. El mercado éticamente bien concebido es donde la solidaridad alzanza una mayor amplitud.

JJ Franch

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