LA CIVILIZACIÓN DE LO EFÍMERO

 

Cada vez preocupa a más personas esta ideologìa económica que podíamos bautizar con el nombre de cultura de lo efímero: comprar, usar breves momentos, tirar y… recomenzar el intento ansioso de consecuciòn de un nuevo frenesí estèril e improductivo. Consiste este ambiente en la bùsqueda ajetreada y continua de la mercancìa efìmera y coyuntural que deriva de la tendencia a vivir al dìa, al minuto, tratando de estrujar al màximo el placer del ahora sin responsabilidad y sin preocuparse lo màs mìnimo del más allá. No me refiero al màs allà trascendente sino al màs allà del màs acà, al màs allà de pasado mañana en esta vida, al màs allà del hoy y el ahora: al futuro.

Una confusión generalizada a efectos prácticos, y también teóricos, en nuestra economía cotidiana, es la de identificar la relación en que consiste toda valoración, con el objeto origen que valoramos. Tal confusión lleva a identificar crecimiento y desarrollo económicos con incremento cuantitativo e indiscriminado de productos. Cuanto mayor es la producción de bienes, mayor es la utilidad que nos reportarán. Cuanto mayor cantidad de bienes a nuestra disposición, mayor bienestar, mejor situación.

El acontecer económico se presenta así como una irrefrenable carrera hacia la producción de cada vez mayor cantidad de bienes físicos sin tener demasiado en cuenta su grado de ordenación a las auténticas finalidades humanas, su grado de humanidad en definitiva. Priman en la producción los factores cuantitativos sobre los cualitativos. El ciclo vital de los bienes producidos cada vez es más corto. Nos encontramos en la civilización de lo efímero, como indicara Bertrand de Jouvenel, donde no se produce con carácter de permanencia ni con sentido de futuro, sino con el único objetivo de satisfacer deseos coyunturales de consumo, improductivo muchas veces, que destruye rápidamente la producción anterior, exigiendo un renovado impulso de producción efímera.

Esta actitud tan extendida en nuestras sociedades y que confunde la relación con el producto es denunciada por Rubio de Urquía “De los valores sustantivos característicos del sistema uno destaca de modo sobresaliente: la posesión y consumo en cuantía creciente de bienes cualesquiera.(..) Otro valor que destaca es la libertad de producir y consumir, y la valoración positiva del éxito en general y en especial del éxito en el logro de los objetivos en cada momento considerados por “la opinión” como “más deseables”, destacando en todo momento los éxitos relacionados con las actividades de producción y consumo “materiales”. Creo que, todo ello, es un error económico grave.

JJ Franch

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