LA AUTÓNTICA RECUPERACIÓN

La interdependencia cada vez mayor con el resto de economías europeas ha hecho posible que la recuperación pausada de estas economías repercuta suavemente sobre nuestra tambaleante estructura económica. La bajada de los tipos de interés que se produjo en Europa, y el influjo moderadamente liberal (muy moderadamente diría yo) de los acuerdos con CiU, han amortiguado la caída estrepitosa de nuestro balance económico.

Pero la causa de todos los males sigue ejerciendo su presión. El gasto público sigue aumentando y el déficit público continúa en unos niveles inaceptables por altamente perjudiciales. Ha disminuido la fiebre al administrar antitérmicos y mejorar la climatología, pero la enfermead continúa haciendo estragos.

Para concretar medidas de una auténtica recuperación es necesario entre otras cosas: aplicar criterios de estricta eficacia, sin romanticismos electoralistas interesados, en los programas de gasto público; establecer con convicción el principio de subsidiaridad respecto a la iniciativa privada en todos los àmbitos de actuación económica, restando protagonismo, concienzudamente, a los proyectos públicos de autoafirmación de los distintos cargos; eliminar de raíz todo tipo de subvenciones paternalistas y privilegios desleales con la competencia dinàmica y creadora; reducir la presión fiscal para forzar la reducción del gasto público, y para fomentar la actividad que haga posible una recaudación superior con tasas impositivas menores; reducir el número de personas al servicio de las Administraciones Públicas fomentando la mentalidad empresarial entre los ciudadanos; abrir sin demora un proceso de privatización, en línea con las tendencias internacionales, para elevar la eficacia del sistema económico y descargar el presupuesto público de un importante volumen de gasto innecesario y contraproducente; reducir la discrecionalidad interesada en las modificaciones presupuestarias limitando los supuestos de créditos ampliables con manga ancha; ir eliminando la superestructura burocrática de todas las Administraciones, ya que ejercen una presión agobiante sobre la movilidad económico social del ciudadano;… etc.

Para ello se necesita una autèntica revolución mental en todos los sectores económicos y sociales, especialmente en el sector público y en los políticos activos de todas las tendencias. La recuperaciòn económica verdadera depende de la ciudadanía, no de la agobiante e ineficaz presencia estatal en todos los àmbitos.

JJ Franch

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