HUMANIZACIÓN DE LAS CONDICIONES MATERIALES

Aunque las estructuras políticas marxistas más poderosas se han derrumbado o están en trance de desintegración, entiendo que caemos en un espejismo ingenuo al considerar que el marxismo puede desaparecer de la noche a la mañana como por arte de encantamiento. Sería una irresponsabilidad dejar que la historia transcurra de modo determinista sin intervención de la libre creatividad humana. Lo erróneo de esa ideología no son únicamente sus afirmaciones y conclusiones en el campo estrictamente económico, sino especialmente sus mismas ideas filosóficas y culturales que, propagadas durante más de un siglo por todo el mundo, han calado en gran parte de los entresijos económicos y culturales de las personas, las instituciones y las sociedades.

Como botón de muestra se puede citar el prólogo de su “Contribución a la crítica de la Economía Política”(1859): “En la producción social de su existencia, los hombres contraen relaciones independientes de su voluntad, necesarias, determinadas. Estas relaciones de producción corresponden a un determinado grado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se eleva una superestructura jurídica y política (…). El modo de producción de la vida material determina, de una forma general, el proceso de la vida social, política e intelectual.”
Frente a lo que propugnaba Marx con su visión economicista y mecanicista del hombre y de la historia, lo que está quedando demostrado es exactamente lo contrario: que son las ideas las que mueven la economía y no la economía la que determina las ideas. No es el mundo material el que configura el espiritual sino que éste es el diseñador flexible, libre y creativo del universo material. Precisamente por ello, es más grave y empobrecedora la situación actual y se necesitará más tiempo y energía para rehacer nuestros malos hábitos intelectuales y económicos instalados en una visión errónea y por lo tanto acientífica del hombre.

Ejemplo de esos malos hábitos es el encasillamiento monolítico en nuestras ideas tratando de imponerlas a toda costa y sin dejar apenas margen a la autorreflexión y rectificación. Parece como si reconocer errores propios fuese un signo de pobreza intelectual, cuando en realidad constituye un acto de positivo reconocimiento de nuestra riqueza y flexibilidad en los resortes humanos. El motor del auténtico desarrollo económico, que consiste en la progresiva humanización de las condiciones materiales de vida, no nace de las rígidas y lineales estructuras físicas, sino que todo el proceso necesita de la armonía interdependiente de las distintas ciencias, la tecnología y, sobre todo, los recursos humanos. Como se dice en el libro “Recursos Humanos en la empresa moderna” (1991), recurso en este caso significa la capacidad de respuesta a una necesidad. Un hombre de grandes recursos es un hombre de muchas y grandes capacidades de respuesta a variadas y difíciles situaciones. En un mundo en continuo y acelerado cambio no sirve una inteligencia rígida que sólo tiene una perspectiva de observación y entendimiento que es la suya propia. Esa rigidez que sólo ve su verdad, convierte en torpe fracaso el coeficiente intelectual de más alta alcurnia.

La inteligencia flexible, por el contrario, se caracteriza por su capacidad de ver las cosas, las ideas propias y ajenas, desde diversas perspectivas. La flexibilidad permite una remodelación reflexiva de la inteligencia en sí misma. Con esa libre soltura personal responsable del pensamiento, se evita tanto la inteligencia estructural poco imaginativa como la imaginación fantasiosa poco inteligente. El secreto en definitiva está en la colaboración intrínseca de lo tecnológico más avanzado con lo humano más profundo para adentrarse con soltura y seguridad en el horizonte de una nueva era económica porque será una nueva era cultural más rica y esperanzada que repercutirá sobre las mismas bases de los sistemas económicos. A pesar de la crisis, o quizás, gracias a ella.

JJ Franch

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