HISTORIA DEL PENSAMIENTO ECONOMICO

 

La historia de la economía, especialmente la historia del pensamiento económico, no se estudia explícitamente para dominar la economía actual, pero se debe estudiar en la medida que ayuda notablemente a comprender el camino por el que hemos llegado al presente. Algunos historiadores de la economía, entre los que cabe destacar a Schumpeter, creen que una comprensión de la evolución de la ciencia ayuda a entender su estructura actual.

Cuando los innovadores teóricos en una ciencia se
acupan de un determinado problema ello no quiere decir que la nueva teoría se convierta en parte del equipo de trabajo de los practicantes competentes de la ciencia. Así por ejemplo, la aceptación efectiva de la teoría de la utilidad por los teóricos económicos ha venido casi un siglo después de la revolución de la utilidad marginal. La ciencia en general avanza despacio. Dicha teoría no fue ni siquiera un tema de moda entre los teóricos económicos en las dos generaciones después de su introducción en el campo científico económico.

Si una exposición anterior válida de una teoría se
encuentra con oidos sordos, y una exposición posterior de la misma es aceptada por la ciencia es una prueba de que la ciencia es una estructura social que acepta las ideas sólo cuando se muestran adecuadas con el estado corriente de la ciencia. Hay sin embargo una cierta animadversión en el joven teórico a leer historia del pensamiento económico. Como trabaja con un corpus crecientemente formal, abstracto y sistemático de conocimiento, raramente considerará necesario consultar ni siquiera a un economista de finales del siglo pasado. Supone normalmente, exactamente igual que suponen el matemático o el químico, que todo lo que es útil y válido en el trabajo anterior está presente en forma más pura y elegante en la teoría moderna.

Considero sin embargo, al igual que el premio Nobel Stigler, que si un gran libro como “La riqueza de las naciones” de Smith se lee repetidamente, hasta cinco o seis veces, se continúan aprendiendo cosas nuevas. Es dudoso que alguien aprenda por completo todas las cosas que Smith quiso expresar, y hay incluso más para aprender de una mente interesante que lo que su poseedor quiso enseñarnos. La mayoría de los profesores, recalca Stigler, no sabe cómo leer bien un trabajo científico, y esta habilidad se desarrolla sólo con la práctica apropiada. No viene nunca mal una autocrítica personal y una reprimenda a tiempo al estamento docente.

JJ Franch

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