GONZÁLEZ NOS EMPOBRECE

 

Estaba cantado. En otras ciencias sociales como la Política o el Derecho se pueden ir retrasando las consecuencias de decisiones erróneas, pero en Economía no sirven los subterfugios y sus leyes interdependientes acaban imponiéndose con terquedad. A pesar de las tres devaluaciones que sufrió la peseta hace relativamente poco tiempo y que ya redujo su valor respecto al marco entorno al 20%; a pesar del acuerdo de ampliar la banda de fluctuación de las monedas en Sistema Monetario Europeo en un 15%; y a pesar de la subida de tipos de interés que, acertadamente, instrumentó el Banco de España a principios de año para evitar la inflación, la peseta se ha tenido que devaluar en otro 7% ante el riesgo cercano de tener que salirse del sistema. Desde hace ya bastantes días se especulaba con su ssalida como hicieron en su día la libra esterlina y la lira italiana o, como ha sucedido finalmente, con una clara devaluación.

Las causas últimas no hay que buscarlas, como se nos pretende hacer creer, en factores técnico-financieros exteriores e incontrolables. La marcha económica de un país está ligada, para bien o para mal, con las expectativas y el clima de confianza que sus gobernantes son capaces de transmitir a la ciudadanía interior y exterior. En este sentido el excesivo Gasto Público que daba lugar a un déficit presupuestario importante y continuado a lo largo de los años, y el incremento consiguiente de la Deuda que había que financiar, eran constantes mensajes a la desconfianza en la Economía Española. Si a todo eso añadimos el clima desbordante de corrupción y de falta de credibilidad respecto al Gobierno, entenderemos fàcilmente las razones de la devaluación.

Como indicaba Arthur Seldon en un reciente libro publicado en España, la mayoría de los políticos, en especial los socialistas debido a su ideología, han intentado forjar imperior y se aferran tenazmente a su poder incluso cuando ya no sirven al interés público, aunque tal ez pudieron haberlo hecho en el pasado. Los que “afirmaban servir al pueblo, a todo el pueblo, y sólo al pueblo, han sobrecargado innecesariamente una buena parte de la vida de los ciudadanos con un proceso político al servicio de políticos, burócratas e importunos.” La devaluación es su consecuencia inevitable.

JJ Franch

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