ESPECIALIZACIÓN, CRECIMIENTO Y POBLACIÓN

La división progresiva del trabajo está ligada al aumento de la población con capacidades originales de civilización. Al haber màs trabajadores, cada uno siempre distinto a los demàs, las tareas pueden dividirse y complementarse màs y màs a travès del correcto funcionamiento de las instituciones bàsicas de los mercados libres; y la prosperidad general aumenta.

Con estos razonamientos Adam Smith favorece el crecimiento de la población, en la cual no ve un obstáculo, sino màs bien una condición “sine qua non” para el desarrollo económico general. Si no aumentan las manos y las mentes disponibles, el proceso de división del trabajo se estancaría; y se deprimiría con él el progreso económico.

Por eso es absurda la opinión y la pràctica, por otra parte muy extendidas, de representar la relación recursos-población como una fracción en la que en el numerador estaría la suma total de los recursos disponibles y en el denominador la suma homogénea del número de habitantes. En la obnubilación de los números abstractos, el denominador se “zampa” el numerador y se calcula a cuanto toca cada uno. Con este planteamiento hay dos formas radicalmente distintas de hacer que aumente el resultado de la relación: 1) aumentar el numerador de forma multiplicadamente creciente ante nuevos incrementos del denominador o 2) disminuir el denominador para que, en un mantenimiento constante de los recursos, toquen a màs.

Con la simpleza de este índice se cometen multitud de errores de libro, entre los que cabe destacar lo que en el lenguaje habitual nos parece una barbaridad: mezclar churras con merinas tanto en el numerador como en el denominador.

El otro error de bulto, no menos bàrbaro, es considerar independientes numerador y denominador, cuando, insisto, el aumento de la población civilizada propicia un incremento multiplicadamente mayor de los recursos. La población es el màs importante de los recursos. Quizás Malthus no acertó a ver en su época que el hombre, con su propio trabajo, es el que produce las subsistencias y las sobreexistencias. Tanto unas como otras no se encuentran espontáneamente en la naturaleza, o se encuentran en una proporción mínima. Para conseguirlas hay que trabajar y capitalizar. Y si no hay hombres, ni se puede trabajar ni se puede capitalizar. El hombre goza del privilegio único de poder empujar por sí mismo el techo de crecimiento de su especie. La resistencia del medio puede ser vencida por la inteligencia y creatividad humanas.

JJ Franch

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