EL TRABAJO DEL DESCANSO

Me ha llenado de estupefacción (nunca mejor dicho) la noticia de la comercialización en Francia de un medicamento antisueño, el Modafinil, que es capaz de prolongar durante 48 horas el estado de vigilia en las mejores condiciones.

En esta frenética sociedad que corre hacia ninguna parte nos hemos olvidado que el descanso y el sueño también son trabajo, y trabajo de alta calidad. Parece que todavía no nos hemos dado cuenta que lo importante no es la cantidad sino la calidad. Hasta el ocio y el descanso lo convertimos en un aluvión de cantidad de cosas para hacer deprisa y corriendo. No nos acabamos de percatar que lo decisivo no es trabajar como burros ciegos sino trabajar bien e inteligentemente en orden a los fines más idóneos. Dirigir la libre acción humana hacia metas equivocadas, o forzando de forma estresante la maquinaria humana, no es trabajo sino mas bien “destrabajo”, no es hacer sino más bien deshacer. Y todo ello aunque derrochemos un gran esfuerzo físico o intelectual, o aunque empleemos mucho tiempo en la tarea. Cuando el llamado trabajo aumenta en cantidad pero disminuye en calidad, descanso y reflexión, no se trabaja sino que se deshace la labor y se despilfarra la acción.

La sabiduría de los viejos aristócratas no estaba tanto en tener mucho sino más bien en tener menos pero, eso sí, muy bueno. La valía de cada objeto o de cada bien es una relación a los fines de quien valora. Vale más aquello que más se desea y se consigue tener más cuando se desea lo mejor. Si el medio se convierte en fin y el fin consiste simplemente en tener más se acaba siendo atosigado por la tenencia. ¡Cuántas veces he encontrado toda la pila de juguetes altamente sofisticados de mis hijos arrinconada y despreciada mientras ellos disfrutaban jugando a las chapas o al escondite inglés!.

La inteligencia económica está en conseguir la mejor proporción entre todo lo que tengamos a nuestra disposición, sea esto poco o mucho. Aprovechar el recurso quizás más escaso que es el tiempo, no es correr continuamente sin descanso sino vestirlo con una proporción más humana de sueño y acción.

En nuestra sociedad emergente del conocimiento se requiere con intensidad creciente una mayor conjunción entre saber, descanso y trabajo. No basta con trabajar hay que saber trabajar con naturalidad no forzada artificialmente. El descanso natural no perezoso es saber, el saber es trabajo y el trabajo es saber. Yo me alegraré si el Modafinil francés solo se utiliza para casos patológicos y reivindicaré la bondad de la moderada siesta hispana o de la oportuna cabezada.

JJ Franch

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