CONVIENE GRAVAR MENOS LA RENTA

 

Ya hemos comentado y criticado otras veces el crecimiento desmesurado de los gastos del sector público que implica la correspondiente necesidad de aumentar los ingresos vía impuestos. No voy ahora a tratar la conveniencia o no de esta tendencia. Simplemente quiero resaltar que este hecho implica que la política impositiva de los gobiernos tiene unas repercusiones, relativamente mayores, sobre el incremento o disminución de la riqueza económica de una sociedad. Si el montante total de la recaudación impositiva fuese relativamente pequeño, el sistema impositivo tendría una influencia menor sobre la actividad económica global. Pero la realidad en los últimos, bastantes, años, sigue la dirección contraria.

Así las cosas, es lógico preguntarse, y deberían hacerlo con detenimiento los responsables de la política impositiva, por las repercusiones positivas y negativas que tal o cual sistema impositivo tiene, independientemente del montante total recaudado, respecto al crecimiento del valor económico de la sociedad en su conjunto.

Si en vez de seguir el criterio de recaudar lo màs posible y de la forma màs asequible, nos inclinamos por el criterio de incentivar lo más posible el incremento de la riqueza del conjunto de la sociedad, podemos sacar alguna conclusión.
Màs que un flujo circular, la actividad mercantil se estructura en una red de intercambios entre patrimonios buscando el incremento de valor para todos los actores por vía de mayor complementariedad. Unido a esto he insistido tambièn en que aspirar a lo mejor, a la búsqueda del màximo beneficio, al esfuerzo por incrementar el valor económico entendido como acercamiento mayor de los bienes materiales a los objetivos humanos, no sólo no es condenable sino recomendable e incluso una obligación a la que nadie debería sustraerse en la medida de sus posibilidades.

De estos dos principios se puede derivar lo absurdo que puede resultar castigar, en vez de estimular, el esfuerzo positivo y exitoso de conseguir el màximo beneficio posible sin saltarse las reglas éticas y legales del juego. Cuando gravamos la renta estamos penando precisamente a aquellos que màs contribuyen al crecimiento económico porque sacan el màximo rendimiento a sus recursos. Las personas que tienen que tomar las decisiones económicas relevantes se sienten retraidas en su afàn (positivo) de conseguir mejores resultados. Si de lo que gano una parte creciente acaba en manos del Estado puede no interesarme realmente mejorar resultados.

JJ Franch

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