VOCACIÓN HUMANA INFORMÁTICA

Los factores y recursos de producciones posteriores, y que fueron producidos en tiempos pasados, no se constituyen en elemento propio e independiente. Los instrumentos de capital son engendrados siempre por la conjunción de los recursos naturales y el trabajo. Deberíamos añadir, con Mises, el tiempo. Son, en realidad, trabajo, factores naturales y tiempo unidos. Esos factores de capital son estadios intermedios en el camino productivo desde los recursos naturales hasta la meta de los bienes de consumo. Quien produce ayudado por los bienes de capital llega antes a la meta. Son un atajo especialmente relevante cuya importancia económica para el bienestar y el bienhacer debe ser ensalzado de forma reiterada.

Pero, de hecho, carecen de capacidad productiva económica propia. Es un error atribuir al instrumental capitalizado una potencia independiente. Deberíamos distinguir entre producir más mercancías y producir más valor, entre la productividad física o técnica y la productividad económica o de valor. Si ya es dudoso que la productividad física pueda ser desvinculada del trabajo, lo que es totalmente erróneo es atribuir a lo que utilizamos una productividad en términos de valor, ya que esa productividad tiene referencia inmediata al fin y éste sólo se lo da el trabajo directivo y los usuarios últimos potenciales. Adjudicar a los instrumentos productivos una eficiencia por ellos mismos desvirtúa la realidad ya que sólo son eficientes en la medida que son usados por el trabajador, sea éste de mono azul, de cuello blanco o, aquella, trabajadora de falda roja o verde. El hombre es prioritario a los bienes de capital físico y transmite a éste el fin y, por lo tanto, en último término, su valor económico. Todo el bagaje civilizador acumulado y productivo siempre ha sido y será causa eficiente instrumental únicamente en tanto en cuanto sea perfectamente dócil al trabajo humano.

En los bienes de capital se pueden distinguir dos efectos: el que origina el instrumento de capital gracias a sus propias características y el que nace en él por el influjo de quien lo maneja. Es el clásico ejemplo del pincel en manos del artista en donde el pincel facilita la aplicación de la pintura sobre el lienzo según sus propias características. Pero el paisaje plasmado en la tabla es causado principalmente por el arte del pintor a través de la acción del instrumento. El arte que posee de modo permanente el pintor es adquirido de forma transeúnte por el pincel en la medida que es utilizado por él. El buen pintor siempre tiene la capacidad de pintar un buen cuadro. El pincel sólo lo hace en tanto que es llevado por la pericia de su mano maestra.

De igual forma, los instrumentos, también los telemáticos, para que ejerzan su labor de mediación, aunque tienen que adaptarse en sus formas a los bienes materiales que deben transformar, han de adecuarse con la máxima perfección a las características del ser humano que los dirige y orienta. El desarrollo tecnológico tiende a volver a las necesidades reales de la actividad humana, al tamaño correcto del hombre, evitando el gigantismo tecnológico que deshumaniza y, por tanto, autodestruye y desconcierta. Es lo que Schumacher defendía con la expansión de la tecnología intermedia, a pequeña escala, más descentralizada, con formas de organización incluso, que usen más mano de obra, tales como las que empiezan a difundirse a través de la informática personalizada y de consumo, o el teletrabajo, y que contribuirá al vigoroso crecimiento de las economías, también de las más subdesarrolladas. El desarrollo tecnológico debe ir parejo al desarrollo cultural del trabajo humano; de lo contrario se crearán islotes de gigantismo tecnológico hiperdesarrollado junto a grandes masas de gente marginada a niveles tecnológicos primitivos.

Para conseguir un rápido crecimiento armónico, es más efectiva una tecnología intermedia que esté a medio camino entre la primitiva, y la sofisticada a niveles astrales para la cultura de la gran masa de trabajadores. Esta tecnología, altamente compleja, resulta inaccesible para la mayoría y fomenta la tendencia a abandonar el quehacer que anteriormente se realizaba con técnicas más primitivas. La tecnología no sólo debe adecuarse en sus formas al cuerpo y la mente humanos, sino que debe sumergirse más fácilmente en el entorno cultural, relativamente simple, en el que ha de ser utilizada. La elección de tecnologías cada vez más personalizadas y apropiadas abre nuevas vías de acción constructiva en un enfoque más dinámico y vital del desarrollo. Los correctos conocimientos acumulados pueden ser aplicados en una gran variedad de formas no todas necesariamente complicadas. Las diferencias entre el sector tecnológico moderno y el tradicional tienen que reducirse elevando éste y rebajando en sus manifestaciones concretas a aquél. Si no se reducen estas diferencias, la desintegración social, manifestada a través del desempleo masivo y la migración a gran escala, puede continuar. Un instrumental adecuado a las características físicas e intelectuales de los seres humanos es requisito para una mayor productividad material y para ayudar a ayudarse a sí mismos. El postindustrialismo significa que la invención técnica, el instrumento, se suelde directamente con la actividad productiva económica en términos de humanización.

El usuario tiene que controlar y dominar en todo momento la actuación de los instrumentos de capital si quiere que éstos ejerzan una auténtica eficacia productiva. Si se pierde el dominio responsable de su actuación, las máquinas tienden a trabajar automáticamente sin finalidad humana siguiendo sus propios principios y leyes mecánicas que pueden deteriorar la convivencia humana. La cuestión principal es darle a la idea de crecimiento una determinación cualitativa en la que muchas cosas debieran crecer y muchas otras disminuir. El punto central, a la hora de hablar de progreso tecnológico, es determinar cualitativamente qué es lo que determina el progreso descubriendo en nuestro ámbito personal la vocación humana que todo instrumento material, por muy superferolítico que sea, tiene siempre.

JJ FRANCH

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