REVOLUCIONES EN LA DEMANDA DE BIENES

Si la utilidad la definimos como la capacidad que poseen los bienes y servicios de satisfacer necesidades, vencer la escasez consiste en definitiva en incrementar la utilidad. La escala de valores de las cosas abarca e influye en toda la gama de utilidades, desde las negativas, pasando por el cero (serían los bienes libres), hasta los valores positivos (bienes propiamente económicos). La imposibilidad del cálculo cuantitativo de la utilidad no invalida su uso como instrumento de análisis económico, ya que la lógica de la acción de los ciudadanos puede derivarse de juicios cualitativos que no necesitan de precisión numérica. Resulta lógico por esto que una de las claves actuales para la comprensión de los procesos económicos pase por el estudio del comportamiento individual y familiar del consumidor.

Por otra parte, la vuelta al análisis personal y microeconómico es una de las tendencias actuales más señaladas de la teoría económica. Se vuelve a ser consciente de que el proceso económico no es nada que se realice fuera de nosotros, a modo de algo objetivo y mecánico, sino que es un proceso al que todos contribuimos con la suma de nuestras deliberaciones y resoluciones. En el fondo son, pues, miles y miles de procesos subjetivos operados en todos y cada uno de nosotros lo que se esconde tras los fenómenos de la vida económica que aparecen objetivados en el precio, la cantidad, el dinero, el interés o la coyuntura. La importancia en definitiva de la microeconomía en general, y de la conducta del consumidor en particular queda resaltada en esta afirmación de Hicks en su libro Valor y Capital:”Lo primero que hay que hacer (en economía) es un estudio del comportamiento de la persona y de la empresa singulares.” (…) que se complementa y refuerza con esta otra: “Durante este siglo se ha estudiado poco la teoría pura de la demanda del consumidor, asunto que había ocupado mucho la atención de Marshall y sus contemporáneos.”

Junto a los precedentes de Balmes y Gossen, fueron Jevons, Walras, Menger y toda la escuela austriaca, los que dan la solución adecuada al problema del valor a través de la doctrina de la utilidad marginal, última o fronteriza como la llamó Menger.

Todos los manuales de economía se hacen eco de la ley de la utilidad marginal decreciente según la cual la cantidad de utilidad adicional o marginal disminuye a medida que una persona consume una mayor cantidad de un bien. La utilidad total tiende a aumentar a medida que consumimos una mayor cantidad de un bien. Sin embargo, a medida que consumimos más, nuestra utilidad total aumenta en una dosis cada vez más baja.

Utilizando esta regla fundamental de la conducta del consumidor basada en la ley de la utilidad marginal decreciente se intenta explicar la pendiente negativa de las curvas de demanda. La subida del precio de un bien reduce su consumo óptimo. Lo que indica que las curvas de demanda tienen pendiente negativa. Al aumentar el precio se reduce la cantidad demandada y viceversa: al disminuir aumenta.

Pero la ley de la utilidad marginal decreciente tiene unas hipótesis restrictivas cuyo cumplimiento la hacen alejarse de la realidad cotidiana en nuestra sociedad cultural de la reflexión y del conocimiento. Estas restricciones las podemos resumir diciendo que esta teoría: 1) tiene un carácter manifiestamente estático, 2) necesita considerar exactamente iguales y homogéneas las distintas unidades de la mercancía considerada, 3) supone utilidades independientes entre los diferentes bienes y 4) considera constante la escala de preferencias del consumidor. Estas cuatro condiciones difícilmente se dan en nuestras decisiones reales: El momento y el lugar hacen totalmente original cada decisión; la tendencia es a producir bienes llave en mano y con unidades diferentes entre sí, adaptadas a las preferencias originales de cada cliente potencial; las utilidades de diferentes bienes son altamente interdependientes entre sí; y, por supuesto, la escala de preferencias está continuamente cambiando.

El tránsito de la sociedad industrial clásica a la sociedad postindustrial viene caracterizado por la globalización e interdependencia crecientes. En pocos años se ha pasado de estructuras sociales que trataban de operar en compartimentos estancos a un modelo en el que la intercomunicación lo penetra todo. Ahora “todo tiene que ver con todo”. La sociedad se ha hecho mucho más compleja. Si seguimos anclados en paradigmas estáticos anteriores esta creciente interdependencia será incomprendida.

Hay que considerar esa dinamización como un reto para la inteligencia y como una ampliación del campo de ejercicio de la libertad humana. Se hace necesario abandonar las posturas inerciales para tomar actitudes innovadoras en las producciones de bienes y servicios, porque actitudes innovadoras se dan en las demandas de productos y servicios por parte de los consumidores. Cada vez más economistas alegan con Shackle que la decisión económica típica tiene elementos de singularidad, o de no-comparabilidad con decisiones anteriores.

De enfoques preferentemente analíticos y funcionalistas, estamos pasando a visiones sintéticas y comprensivas. El hombre en sociedad, protagonista nato de la actividad económica, emerge con su realidad unitaria y trata de “coleccionar” un conjunto de bienes y servicios cada vez más armónico con esa realidad unitaria. Cada individuo o familia demanda en cada momento lo que considera más útil para la construcción de su proyecto conjunto y unitario de vida y estas demandas dependen fundamentalmente de lo ya poseído y consumido anteriormente de carácter complementario y de su aptitudes personales siempre originales.

Si todas estas apreciaciones se acercan a la realidad cabe hablar de una utilidad marginal complementaria creciente que estará presente en numerosas decisiones de los agentes económicos. La utilidad marginal decreciente era uno de los fundamentos de la pendiente negativa de la curva de demanda individual. A medida que disminuye el precio aumenta la cantidad demandada y, a su vez, a medida que aumenta la cantidad demandada estoy dispuesto a pagar un precio inferior por las últimas unidades, puesto que la utilidad marginal es menor.

Si consideramos bienes o servicios con utilidades marginales complementarias crecientes, en algunos o en todos sus tramos, sería conveniente distinguir entre: 1) funciones de demanda donde la variable dependiente es la cantidad demandada y la independiente el precio que hay que pagar para conseguir cada unidad, y 2) las funciones de demanda, al estilo en que las definió Marshall, en las que la variable dependiente es el precio que estamos dispuestos a pagar por la adquisición de una nueva unidad del bien en cuestión. Para las funciones de demanda del primer tipo, la utilidad marginal creciente no repercute sobre la pendiente negativa de dichas curvas: Si disminuye el precio que hay que pagar aumenta la cantidad demandada y si aumenta el precio disminuye la cantidad. Pero en las curvas de demanda Marshallianas, por la adquisición de nuevas unidades de estos bienes y servicios se estaría dispuesto a pagar un mayor precio puesto que la utilidad marginal sería creciente.

En una sociedad posindustrial, donde el capital humano y el sector terciario tienen un papel cada vez más dominante, conviene estudiar las consecuencias que para el desarrollo económico personal, familiar y social tiene la existencia de bienes y servicios con utilidades marginales complementarias muy elásticas e incluso crecientes. Unos cuantos miles de manuales de Teoría Económica se están quedando obsoletos para interpretar y comprender los fenómenos económicos en la sociedad que desde hace años estamos viendo amanecer.

JJ Franch

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