RECUPERAR LA ÉTICA

La situación política y moral en España en estos momentos es grave. La cadena de hechos ilegales, y por supuesto inmorales, del Partido Socialista Obrero Español y también, especialmente, del Gobierno de Felipe González (en este momento hay 23 sumarios abiertos que les afectan de una u otra forma), ha culminado con la remisión al Tribunal Supremo del sumario de los GAL, bajo cuyas siglas se esconde un posible terrorismo de Estado en la lucha contra ETA. Varios altos cargos del Ministerio del Interior están acusados y en prisión preventiva por estos hechos acaecidos entre los años 1983 y 1986. El Ministro del Interior de aquella época y actual diputado del PSOE, José Barrionuevo, se está viendo implicado por acusaciones concretos de sus subordinados. El salto cualitativo más significativo surgió a raíz de la autoinculpación y acusación contra el propio Felipe González del secretario de los socialistas vizcaínos de aquella época Ricardo García Damborrenea. A raíz de tales confesiones el juez instructor del caso, Baltasar Garzón, ha entendido que debe ser el Tribunal Supremo el que juzgue este caso ya que él entiende que hay indicios de que Felipe González fuese el fundador y dirigente de los GAL. Las vacaciones de agosto han dado lugar a una cierta tregua política y judicial pero el mes de septiembre se avecina con gran turbulencia. Entre tanto el mundo económico está a la expectativa de un posible adelanto de las elecciones generales al otoño de este mismo año o si al menos se confirma el adelanto para marzo de 1996.

La ética y la moral están directamente relacionadas con la actividad económica. Las más modernas concepciones de la Economía la encuadran entre las ciencias de la conducta y de la acción humana. Las distintas elecciones libres entre alternativas factibles que se toman en la vida cotidiana, y que condicionan los procesos económicos de asignación de recursos, están impregnadas de la tensión hacia los fines últimos que cada actor se plantea o descubre como más convenientes en la vida. Cada persona puede elegir un plan de vida, es decir una secuencia de acciones con las que, según la tendencia connatural, espera que le aseguren una aproximación hacia experiencias “interesantes” y “buenas” que le compensen y le hagan feliz.

El premio Nobel de Economía James Buchanan explica esto mismo en “La razón de las normas” resaltando que las elecciones de hoy pueden conformar, en alguna medida difícilmente cuantificable pero real, las preferencias de mañana y de más tarde. El individuo se “construye” a sí mismo para su actuación y su ser en épocas futuras. “Construye” lo que va a ser la unidad de elección en las fechas posteriores, así como el conjunto de opciones de las que el día de mañana dispondrá dentro de ciertos límites. En cuanto la persona humana es un ser consciente de su continuidad es perfectamente humano, racional e inteligente intentar condicionar en positivo y por adelantado las elecciones futuras mediante la autoimposición de ciertas reglas o restricciones de la conducta que le permitirán alcanzar sus objetivos últimos más apreciados. El éxito en las próximas Olimpiadas, por ejemplo, sólo se conseguirá con un renovado esfuerzo disciplinado de cumplimiento libre de ciertas reglas y normas autoimpuestas.

Aunque con todas las matizaciones y paréntesis que el uso de colectivos implica, podemos hacer un análisis parecido en el caso de una entidad política organizada. La historia de esa unidad colectiva, descrita por las “elecciones” hechas en todos los períodos del pasado limitará el conjunto de opciones posibles que pueden ser afrontados hoy por la colectividad como tal y por los individuos integrados en ella. A su vez, y de ahí la responsabilidad política actual, las elecciones hechas hoy por la colectividad, modificarán y condicionarán las opciones disponibles en el futuro a través de las influencias sobre las restricciones y preferencias.

Las leyes, instituciones, costumbres, hábitos de conducta y tradiciones de la comunidad tienen una influencia decisiva sobre las variables típicamente económicas y se acaban reflejando en las cuentas del Estado. Detrás de los continuados incrementos de gastos y déficits públicos que engrosan el volumen acumulado de la Deuda Pública, se encuentran muchos hábitos negativos en la ciudadanía y en los políticos que se pueden concretar en una falta de ética auténtica que se resiste a actuar con responsabilidad por sí mismos prefiriendo que sean los demás los que solucionen sus problemas personales. También se produce una preferencia irresponsable del consumo sobre el trabajo y del corto plazo sobre el largo despreciando el futuro e incrementando la carga que tendrán que soportar las generaciones futuras.

La situación actual de compromisos adquiridos y de hábitos negativos también adquiridos quedan reflejados en esas cifras macroeconómicas y en los Presupuestos Generales del Estado condicionando cada vez más el margen de maniobra para superar el mal estado del Estado del Bienestar. Si el Gasto Público fuese inferior y si la Deuda estuviese en unos niveles más moderados las posibilidades futuras de recuperación y revitalización de la economía serían inmensas. Pero como la situación es la que es sólo cabe apelar a esa renovación en los hábitos morales y en las costumbres políticas que vayan haciendo posible, con su repercusión en las medidas estrictamente económicas, el amanecer de una nueva regeneración ética y económica de las generaciones futuras. La situación económica española está demandando un cambio político y moral sustancial y estimulante. Cuanto más se tarde en producir, peor.

JJ Franch

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