PRODUCTIVIDAD DE LOS INSTRUMENTOS DE CAPITAL

Todos los bienes son fruto de las riquezas naturales y del trabajo humano, físico e intelectual, que se aplica sobre ellas. Entre todos ellos hay un tipo de bienes produci¬dos cuya función final no es el consumo directo sino que es la de coadyuvar a la producción de otros bienes. Estos bienes producidos y que ayudan a producir otros son los bienes de capital. Sin tener la capacidad de satisfacer de forma inmediata, por sí mismos, las necesidades humanas, sirven para la producción de bienes de primer orden y para insertarse en una relación causal mediata respecto de la satisfacción de tales necesidades.

Los bienes de capital realizan una función de media¬ción complementaria entre el trabajo y la corriente de mercancías en orden a la consecución de bienes más cercanos a las necesidades humanas. La cualidad de bien de los bienes de orden superior, en terminología de Menger, está condicio¬nada por la actuación mediadora eficiente de los instrumen¬tos de capital, que son necesarios para conseguir la transformación de un bien de un orden superior en otro del primer orden. Por la mediación de los instrumentos dirigidos por el trabajo humano, los bienes de orden superior, siguiendo las leyes de la causalidad, se transforman en bienes del orden inmediatamente inferior y éstos en el siguiente hasta llegar a convertirse en bienes últimos o de primer orden y, finalmente, alcanzar el cumplimiento de los objetivos humanos y la satisfacción de sus necesidades y apremios.

Esto no es de hoy ni de ayer. Tampoco será sólo de mañana o de pasado mañana, sino que ha sido, es y será de siempre. Consideremos lo que escribió Defoe en su Robinson Crusoe: “Faltábanme aún muchas cosas, entre ellas, agujas, alfileres e hilo, así como una azada, un pico y una pala para cavar y transportar tierra. La falta de tales herramientas me obligaba a tra¬bajar con gran lentitud, y así, tardé cerca de un año en terminar totalmente la empalizada. Las estacas de que se componía pesaban mucho y harto trabajo me costaba moverlas; necesité tanto tiempo para cortarlas en el bosque, darles forma, y sobre todo, para conducirlas hasta mi morada, que una sola me costaba a veces dos días, tanto el cortarla como el transportarla, y un tercer día el hincarla en el suelo.”

La revolución industrial fue transformando la base productiva de la sociedad desde un sistema en el que predo¬minaba la tierra a otro en el que prevalecían los instrumen¬tos de la industria y el comercio. Actualmente asistimos al despliegue expansivo de la sociedad digital, informática y del conocimiento personal que se difunde por todos los vericuetos de los sectores económicos. Ya entonces y también ahora los bienes de capital permiten cambiar el modo de ser, la índole, cantidad y cualidad, de los productos del trabajo humano. Mediante el progreso tecnológico tratamos de simplificar y hacer más cómodas nuestras actividades y, a su vez, tratar de obtener un mayor dominio de la naturaleza, haciendo realidad posibilidades efectivas hasta entonces inéditas. En el desarrollo efectivo de esa tendencia radical interior que lleva al hombre, de una forma libre y, por tanto, indefinida, a humanizar su mundo, los instrumentos de capital le acompañan siempre. Son los medios también mate¬riales de que se sirve para “hacer su ser” con los demás bienes materiales.

Von Mises explicaba en La acción humana: “hoy en día, al ir aumentando la riqueza gene¬ral, crece de continuo la fecundidad del capital y mayor es el papel que desempeñan, en los procesos productivos, las máquinas y herramientas. Los maravillosos progresos económi¬cos de los últimos doscientos años fueron conseguidos gra¬cias a los bienes de capital que los ahorradores engendraron y a la intelectual aportación de una élite de investigadores y empresarios.”

Los bienes de capital potencian el trabajo en la tarea del hombre por humanizar la materia. El error de cálculo del pesimismo malthusiano, deriva de no prestar suficiente atención al hecho de que la aparición de maquina¬ria permite a la sociedad producir los “bienes salario” – en terminología de Malthus – con una cantidad menor de trabajo- fuerza. Con su visión negativa del progreso económico que no ofrecía ninguna solución para mejorar el nivel de vida de las masas, no observó que el ahorro adicional de las gentes se podía invertir en la producción de mercancías duraderas de capital que potenciaban la eficacia productiva del traba¬jo futuro. Los sofisticados bienes de capital, que ahora aprovechamos, están a nuestra disposición gracias a la acti¬vidad ahorrativa de las pasadas generaciones. Somos seres privilegiados de la era informática y de la comunica-ción que, sin percatarnos de ello, nos estamos aprovechando del originario ahorro acumulado por pescadores primitivos quienes, al fabricar las primeras redes y embarcaciones, estaban dedicando parte de su tiempo a la tarea de aprovi¬sionarse mejor para un futuro más remoto. Tenemos más medios de potenciar nuestro trabajo gracias a que nuestros antepa¬sados los produjeron para nosotros.

Los bienes de capital, factores intermedios ayer producidos, son los medios instrumentales idóneos en orden a incrementar la productividad del trabajo. El esfuerzo ahorrador que estamos empezando a ejercer en España en estos últimos meses se acabará transformando en bienes de capital de una fecundidad y productividad enriquecedoras. No sólo lo agradecerá pronto, ya lo está haciendo, la economía española, sino que nos lo agradecerán también las generaciones futuras.

JJ FRANCH

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