NEGOCIOS DE ECONOMÍA

En el negocio de la vida todos somos economistas, empresarios y directivos. En mi caso, por ejemplo, un empresario por cuenta ajena, por cuenta de la Universidad Autónoma de Madrid, cuya materia prima de trabajo es de orden inmaterial: la docencia y la investigación intelectual, especialmente en las materias de Economía Política, Hacienda Pública y Economía del Derecho. Por eso, y por mi deformación profesional, debo hacerles una advertencia ya que la redacción de este diario de negocios tiene a bien publicar mis artículos con cierta regularidad. Normalmente no les propongo en ellos, salvo en algunos pasajes, medidas concretas de carácter económico o técnico para aplicar sin mas y automáticamente en las tareas particulares, en las generales de política económica o en las de dirección de la empresa o institución en la que cada uno es dueño y señor. No voy a proponerles ningún código de conducta predeterminado. Sincera y personalmente no confío demasiado en las medidas desde las cúspides colectivas y generalizables. Confío mucho mas en 10 pequeñas medidas concretas que tome cada ciudadano diariamente en su ambiente particular, que es el que conoce y que quizás pueda vislumbrar leyendo lo que aquí escribo o lo que, mejor, escriben otros.. Eso significa proponerles en una frase unos 400 millones de distintas y originales medidas concretas por día sólo en España. Esas, creo yo, son las importantes. Vayan concretando cada uno de ustedes a su aire a lo largo de las lecturas porque en mi caso ya les adelanto que suelo filosofar bastante más de lo habitual en un economista. Valgan como justificación aquellas palabras de Diógenes Laercio en el comienzo de su carta a Meneceo:”Nadie por ser joven dude en filosofar, ni por ser viejo de filosofar se hastíe. Pues nadie es joven o viejo para la salud de alma.”

Por eso quiero repetir con rotundidad aquella verdad de Perogrullo: La economía: o es humana o no es economía. Esta afirmación tan evidente es olvidada a diario por nuestros gobernantes y políticos y, lo que es más preocupante, por muchos economistas, dirigentes empresariales y también sindicales. Si se toman billones de decisiones a diario en los mercados, cada una de ellas es realizada por la capacidad intelectiva y volitiva humana que concreta sus ambiciones subjetivas en preferencias personales siempre originales. Parafraseando a Rothbard cuando resume lo esencial de las aportaciones de Von Mises, podemos decir que en el mundo de la economía operan los anhelos y los variados proyectos individuales; se cosechan continuamente éxitos o fracasos en cada una de las múltiples decisiones arriesgadas y está siempre omnipresente el tiempo con su dinámica sorprendente. El hombre no reacciona como lo hace un mineral o una locomotora. No se puede tratar el misterio incomprensible de cada persona como quien estudia la trayectoria programada de un misil con cabeza nuclear.

La idea de la función empresarial se encuentra íntimamente relacionada con un concepto de la acción humana entendida, por un lado, como una característica esencial y eminentemente creativa de todo ser humano y, por otro lado, como el conjunto de facultades coordinadoras que son las que espontáneamente hacen posible el surgimiento, el mantenimiento y el desarrollo de la civilización. Digamos de nuevo que desaparece el dilema empresario-trabajador. Todos somos empresarios. La gran mayoría empresarios por cuenta ajena, pero empresarios desde el momento que cualquiera actúa para modificar el presente y conseguir objetivos (beneficios) en el futuro. La actitud emprendedora consiste en intentar continuamente buscar activamente, descubrir, crear o darse cuenta de nuevos fines y medios más convenientes y humanos. Shackle diría también que el futuro es siempre incierto en el sentido de que está aún por hacer, y el actor-empresario-trabajador sólo tiene de él ciertas ideas, imaginaciones o expectativas que espera hacer realidad mediante su acción personal e interacción con otros actores. Se produce de forma continua en la mente una especie de fusión entre las experiencias del pasado que recoge en su memoria en el transcurso habitual de mil detalles diarios diferentes, y su proyección simultánea y creativa hacia el futuro.

Queriendo interpretar y tratando de explicar esto me atrevería a decir lo que dejé escrito en Economía a vuelapluma: “que somos cada uno una eternidad que camina despistada por los caminos del hoy cotidiano sin calar en la profunda significación de cada insignificancia. La ancestral eternidad pasada vive hoy hasta en las más nimias y originales acciones de cada cual y se proyecta, con la flexibilidad de la libertad personal responsable, en todo el despliegue interpersonal de la eternidad multisecular futura.”

JJ Franch

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