LIBERTAD DE HACER LO QUE QUIERO

“Ser libre es hacer lo que quiero”. Muchos suscribiríamos esta afirmación. Pero tal afirmación, fácilmente aceptable, remite a la necesidad previa de responder a otra pregunta fundamental que se puede formular sencillamente así: ¿Qué es lo que quiero?. Otra concatenación de preguntas entrelazadas surge enseguida: ¿Qué quiero conseguir queriendo esto ahora? ¿Para qué quiero conseguir aquello? ¿Qué quiero en último término? ¿Hacia dónde van dirigidas mis distintas acciones? ¿Qué intenciones últimas presiden mis aspiraciones y decisiones?…

El éxito de la libertad, tanto en la acción en general como en la acción económica en particular, queda centrada, sobre todo, en la conveniencia del fin hacia el que va dirigida esa conducta consciente. La acción humana se convierte en la movilización de la voluntad que pretende alcanzar fines precisos y objetivos determinados mediante una reacción consciente y reflexiva ante los estímulos y circunstancias variopintas del universo exterior.

De esta manera la libertad se encuentra mediatizada por el fin, y el fin se encuentra mediatizado por una previa libertad responsable y reflexiva capaz de descubrirlo. La libertad no es simple indeterminación. Exige simplemente que su determinación no sea unívoca, de tal forma, que se podía haber determinado de otra forma. En esta idea de libertad se encuentra la base de la iniciativa privada.

El hombre puede hacer lo que quiere, pero esa facultad implica saber antes qué es lo que quiere y, cuando ejecuta lo que ha decidido hacer, es cuando propiamente actúa con libertad. Para actuar con libertad se requiere conocer el fin y decidirse positivamente a conseguirlo, remover los obstáculos que impiden su consecución. Por lo tanto la libertad humana no es absoluta, sino relati¬va. Se puede observar un paralelismo con el valor económico que es una relación última, que remite a los fines subjetivos y objeti¬vos del ser humano.

Con respecto a la libertad económica, Schaff si bien afirmaba, como humanista, la libertad de elección, precisaba que el hombre no es soberano ni es, por lo tanto, un individuo absolutamente libre que puede actuar como le guste. Se parece más bien a un monarca constitucional que, nominalmente, es soberano pero cuyas manos están atadas por la constitución. Nadie dudará de su libertad, pero esa libertad no es absoluta. La libertad humana se halla inexorablemente tasada tanto por las leyes físicas como por las leyes generales de la conducta humana. Resultará inútil y pretencioso tratar de alcanzar metas que son incompatibles entre sí.

La que podríamos llamar escuela “idealista” de economía, se centra, no en la orientación humana hacia el logro material, sino en la creencia de la orientación humana hacia la verdad. Así dice Schumacher que “La humanidad tiene, desde luego, una cierta libertad de elección: no está limitada por las modas, por la “lógica de la producción” o por cualquier otra lógica fragmentaria. Pero está limitada por la verdad. Sólo en el servicio a la verdad existe la perfecta libertad, y aún aquellos que hoy nos piden “liberar nuestra imaginación de la esclavitud al sistema existente” olvidan mostrar el camino del reconoci¬miento de la verdad”.

La búsqueda del auténtico fin es requisito indis¬pensable para la actuación libre. Es precisamente ese fin lo que da a su vez unidad a las decisiones económicas de tal forma que, la libertad humana, encarnada en los distintos individuos, es la que permite la complementariedad horizontal (diversidad entre los medios que se completan unos con otros) y la complementariedad vertical (acercamiento de lo diverso al único fin). El fin subjetivo que se extiende y proyecta sobre toda la variedad de medios sólo puede ser alcanzado en una actuación económica libre que trata de encontrar los objetivos a través de su conciencia, de su subjetividad personal e intransferible.

La libertad, con sus efectos de iniciativa y mayor creatividad, es, por lo tanto, más rentable y más idónea que la falta de libertad. Pero, para actuar en libertad hay que saber primero realmente qué es lo que se quiere, qué es lo mejor y qué es lo que en último término busco. Como dejó escrito el argentino Lugones en Prometeo: “La libertad y la dicha viénenle al hombre de adentro para afuera, constituyendo esto el verdadero modo de vivir. El arte de vivir es una labor interna”. Para ser auténticamente libres necesitamos conocer, o vislumbrar, las normas de la naturaleza humana, que nos indicarán, con mayor o menor nitidez, el camino de los auténticos fines, y con ello de los elementos mediatos (económicos) necesarios.

JJ Franch

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