LA SOLIDARIDAD DE LA LIBERTAD

No es difícil llegar a la conclusión de que los derechos de propiedad, que fundamentan el intercambio y la especialización, no son absolutos. La propiedad privada absoluta, cerrada sobre sí misma, es una contradicción. La propiedad privada, pilar básico de la libertad de mercado, tiene vocación social. Esa vocación hay que ejercerla si queremos que el valor de esa propiedad no disminuya y si queremos que la libertad sea fecunda. La propiedad privada no debe romper las conexiones totales que son constitutivas de la realidad materioformal porque, si las rompe, la propiedad pierde su sentido más profundo y se desvaloriza. La capacidad de servicio es la nota económica primordial que debe planear sobre todo patrimonio físico o humano convirtiendo las interdependencias libres en mutuamente solidarias.

En la variedad de las preferencias e ilusiones que mueven a la actuación de todos los ciudadanos existen valores, que podemos llamar objetivos, que hacen referencia a los fines objetivos positivos de la naturaleza humana. Estos fines objeti¬vos se manifiestan en la realidad histórica con mil y un matiz distinto mediante los fines subjetivos de los distintos agentes económicos. Los fines objetivos siempre están ejerciendo una tensión y atracción sobre los subjetivos; y éstos, a través de las demandas de productos finales, una atracción sobre todo el proceso de producción: especialmente sobre el trabajo humano, y éste sobre los instrumentos de capital y las materias primas. A su vez, uno de los fines últimos, fundamentales para la ciencia económica, es la propia tendencia al beneficio entendido como sana ambición por lo mejor y como incentivo al acrecentamiento del propio valor eco-nómico al incrementar a su vez la relación real de huma¬nización respecto a las condiciones materiales. Se expande así el valor de uso por todos los entresijos vitales de la ciudadanía.

Formulando el proceso de una u otra forma, el hecho cierto es: que dada la propiedad, intercambio y especialización; y dado, por lo tanto, un grado apreciable de libertad, el valor de un patrimonio físico y humano se incrementa notablemente según su grado de servi¬cio, según su capacidad de servicio a los objetivos subjetivos ajenos en primer lugar, y a las finalidades objetivas ajenas a más largo plazo. Si conseguimos servir a esos fines objetivos será más fácil convencer al cliente potencial para que rectifique sus juicios subjetivos aproxi¬mándose a los objetivos. Al contrario, si servimos a fines subjetivos alejados de los objetivos, más tarde o más temprano decrecerá su demanda y se deteriorará nuestra producción. La capacidad de servicio se constituye en la caracterís¬tica definitiva de las realidades económicas en orden a su valor en sistemas con alta especialización y ele¬vado intercambio voluntario permitiendo así billones de relaciones mutuas solidarias. La búsqueda de aumento de capacidad de riqueza ajena ejerce un “efecto boomerang” sobre el propio aumento de riqueza.

El crédito, además, hace que la demanda real de proyectos con vocación de auténtico servicio, cuando es creíble, se convierta en demanda efectiva aún sin medios por parte del agente económico empresarial. La credibilidad del proyecto de demanda para construir una oferta exitosa y su confianza en la capacidad de generar riqueza futura que entraña ese proyecto hace que no deje de realizarse por falta de medios financieros. El crédito financiero debe valorar, fundamentalmente, esa capaci¬dad del proyecto de generar esa futura oferta para satisfa¬cer la demanda que se atisba. La concesión del crédito cumplirá mejor su función, y valdrá más en sí ese mecanismo de crédito, si valora en mayor medida esa capacidad que si se fija en otros parámetros tales como la capacidad de pago actual o la de aval del proyectista. La calidad social de la gestión empresarial se plantea como manifesta-ción de la capacidad creativa y expansiva de la capacidad de servicio, en orden a la mayor riqueza. Esta libertad solidaria y concreta en el entorno social en que se mueve la empresa, es germen de nuevas invenciones y realizaciones. La libertad empresarial, desligada de su entorno por autocontemplativa, lleva en su seno un germen de autodestrucción. La libertad empresarial efectiva se da en el entrecruzamiento de acciones humanas con carácter económico en un concreto medio social.

La libertad concatenada de varios ciudadanos, se manifiesta en un proyecto común empresarial que se constituye en unidad institucional delegada. Dicha unidad se convierte en sujeto de nuevas aciones libres y, por tanto, dotadas de significación social. Las finalidades externas de la empresa se internalizan como finalidades intrínsecas libremente asumidas. En la acción directiva empresarial, las finalidades internas y externas se actuali-zan mutuamente en un planteamiento que hace recordar las implicaciones entre libertad y responsabilidad social. Se trata de una responsabilidad social cuya definición concreta no puede quedar limitada al arbitrio de las propias convicciones o sentimientos. Hace falta un intercambio constante de información entre los sectores internos a la empresa o externos que permita encuadrar un ámbito libre y mutuamente solidario porque mejoran todos en su actuación.

JJ FRANCH

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