ESTADO DEL BIENESTAR REGRESIVO

La dubitativa cercanía de las elecciones generales anticipadas en España, forzada por los escándalos y por los nacionalistas catalanes, hace que proliferen los análisis que hacen balance de toda la época socialista. Estos estudios nos pueden servir para no caer en los mismos errores de bulto. Uno de los debates centrales se refiere a la inviabilidad del mal llamado “Estado del Bienestar” que ha sido el causante de lo que podíamos llamar “Malestar de la Sociedad”. La extensión exagerada del Estado Protector desde la llegada al poder del Partido Socialista conlleva su difícil financiación (prácticamente imposible en épocas de crisis). Ello ha dado lugar a incrementos importantísimos de la Deuda Pública que tendrán que soportar las generaciones futuras.

Pero más que la necesidad de financiación nos debe preocupar el conformismo, pasotismo, pasividad y cierto atontamiento que produce en los ciudadanos subvencionados; así como la frenética carrera de las empresas y los particulares hacia la búsqueda de esas subvenciones y prebendas de la Administración Central, Autonómica y Municipal. Cada vez son más importantes los departamentos de las empresas encargados de buscar y rebuscar esos privilegios, drenando recursos materiales y humanos que bien podían dirigirse de otra forma hacia la creación de valor añadido en sus bienes y servicios. Cuando no se puede medrar por sí mismo se necesita acudir a servicios exteriores de empresas especializadas en esas tareas que proliferan por doquier. Los más perjudicados en estos casos son todos aquellos que pretenden actuar en competencia leal en los mercados y que les resulta prácticamente imposible transitar por esos vericuetos legales. Las pequeñas y medianas empresas tienen una notable desventaja comparativa respecto a las grandes organizaciones produciendo un efecto regresivo y barreras de entrada a los distintos mercados.

Ese espíritu pasivo, que lleva a trabajar menos y peor, se manifiesta también en aspectos inmateriales de difícil cuantificación tales cono 1) La falta de confianza y 2) el vacío de espíritu crítico en muchos estratos de la sociedad que dependen directamente de ese Estado Protector.

El diccionario de la Real Academia define la palabra confianza como la esperanza firme que se tiene en una persona o cosa; y en su segunda acepción aparece como ánimo, aliento y vigor para obrar. Cuando por un motivo u otro se deteriora o imposibilita la confianza es muy difícil que se desarrollen con efectividad los negocios. El sistema económico en general y los mercados financieros en particular corren peligro si se extiende un sentimiento de desconfianza fruto de la corrupción. En este campo se juegan su supervivencia, estabilidad y crecimiento innovador de cara al futuro. de la misma forma que los altos tipos de interés dan lugar a un “efecto expulsión” de la inversión, las actuaciones moralmente reprobables producen un “efecto expulsión” de los negocios.

La corrupción económica y financiera genera un proceso de huida de la economía formal para refugiarse en la informal y en el motivo precaución. También puede estimularse, dada la libertad de capitales, el autoexilio de esos capitales buscando ecosistemas financieros y fiscales más solventes y saludables. El mal comportamiento ético genera desconfianza y, si se convierte en norma, aparece como un elemento de disfunción de todo el sistema. Los hábitos operativos negativos generan una espiral negativa de ineficacia, desorden y caos. Para que la inversión española y extranjera no nos abandone y aterrice en nuestro territorio se precisa un “climax” ético, sociopolítico y económico favorable. Igual que las instituciones y los colectivos no tienen ética en sentido estricto, tampoco la corrupción pertenece, estrictamente hablando, a siglas y colectivos, sino que tienen su origen en el mal hacer personal de cada cual. Muchas veces las siglas, marcas y colectivos son como disfraces que hacen diluir responsabilidades que quedan escondidas en la institución. Además, esas actitudes éticas personales se institucionalizan en dichos colectivos por lo que también se produce una corrupción institucional.

Respecto a la anestesia del espíritu crítico hacia los gobernantes, cabe indicar que es una rémora del Estado de Bienestar difícilmente cuantificable, pero de indudable importancia en las sociedades democráticas por el temor reverencial hacia quienes ostentan el poder. En su primera acepción del Diccionario aparece la “crítica” como “arte de juzgar de la bondad, verdad y belleza de las cosas”. Si falla ese espíritu crítico se deteriora ese arte de juzgar las actuaciones de los gerentes de lo público. Ante ese cierto miedo conservador hacia quienes gobiernan, las preferencias que se manifiestan mediante votación en las elecciones quedan seriamente distorsionadas. Las ventajas del poder son enormes entonces y resulta difícil cambiar la inercia de los segmentos mas pasivos de la ciudadanía. El conformismo y abandono del espíritu crítico conllevan la falta de innovación y espíritu creativo en la sociedad, que son, según la teoría del desenvolvimiento económico shumpeteriano, las fuerzas básicas del crecimiento y desarrollo económico en cualquier región, país o espacio económico supranacional.

Desde el punto de vista meramente técnico e histórico el “Estado de Bienestar” o “Estado Protector” aparece en la década de los sesenta, como superación y consecuencia de la realización, en la década de los cincuenta, del pleno empleo. Una vez logrado este, la meta de una mayor justicia y un mayor bienestar social, como objetivo a lograr por los poderes públicos, se reflejó en los presupuestos de gastos sociales de los diversos Estados. En vez de preocuparse por el incremento del pastel productivo se puso especialmente ímpetu en la redistribución. Se dejó aparcada la actitud de los Clásicos de lucha o dominio de la naturaleza y de aproximarse e incrementar la curva de posibilidades de producción. El Estado del bienestar es un estado en que el poder se organiza para ser deliberadamente usado, a través de la política y la Administración, con el empeño de modificar el juego de la economía de mercado.

Una de las vías que explican la crisis de ese Estado ya fue prevista, entre otros, por Schumpeter al indicar que, desde el momento que el Estado adopta una posición intervencionista en la sociedad y en la economía asumiendo funciones crecientes que exigen también gastos crecientes, los impuestos no bastan para proporcionar los ingresos que el Estado precisa, siendo inevitable la crisis del Estado fiscal (definido como el Estado que se financia, por sistema, con impuestos y sólo muy excepcionalmente con Deuda Pública).

Otra vía de crisis sobreviene cuando las circunstancias económicas no son propicias para que el Estado obtenga los ingresos que necesita, no solo por el impuesto, sino también a través de la Deuda. La mayoría de los analistas del fenómeno de la “estanflación” lo consideran causado en parte por programas de socialización de bienes de servicio colectivo. Esta crisis de estancamiento con inflación se hizo notar en la economía mundial en la década de los 70 y actualmente todavía en países socializantes. Las oportunidades que se pierden, en otros usos, por los recursos que el sector público desvía a sus propios fines, representan un coste que paga el sector privado.

En esta crisis del Estado de Bienestar se acude, además de a los impuestos “convencionales” o formales, a impuestos que podemos calificar de “informales” en cuanto que no se presentan con la forma típica de ninguna de las técnicas impositivas. Entre estos impuestos informales cabe citar: la inflación, las sanciones pecuniarias, los monopolios fiscales, la requisa de bienes, la colocación forzosa “directa” de la Deuda Pública, la emisión de Deuda en condiciones técnicas y económicas que determinan el llamado “efecto expulsión”, … etc.

Resumiendo: que a pesar de los problemas técnicos y financieros que trae consigo la extensión indiscriminada del Estado de Bienestar hay que tener en cuenta el drenaje de la confianza y del espíritu crítico que se extiende por todo el tejido económico y social. Este tipo de inercias son mas difíciles de cambiar que los presupuestos técnicos. Urge sustituir el malestar creado por el “Estado del Bienestar” por lo que podríamos llamar “Sociedad del Bienestar”.

JJ Franch

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