EL VALOR DE LA CONTABILIDAD

Cuando se especula mucho sobre la importancia y preponderancia de la calidad sobre la cantidad en los negocios empresariales y familiares, quisiera hacer ver que también la contabilización cuantitativa y monetaria, lo más exacta posible, es un índice imprescindible para el control de calidad. Es más, en la misma cuantificación se manifiesta la excelencia de la calidad.

Desde el momento que todo sistema contable recoge, clasifica, valora y sintetiza los acontecimientos diarios de una empresa susceptibles de ser expresados en unidades monetarias, la calidad del servicio de esa unidad empresarial se manifiesta indisolublemente en sus diarios, mayores y balances de contabilidad general y analítica, o en sus cuentas de resultados. Mostrando cómo se han utilizado los recursos de una empresa que forman parte de las partidas de activo; y observando concienzudamente las partidas de pasivo que describen el origen de los fondos, es cómo se pueden prever líneas de acción y estrategias empresariales adecuadas de cara al futuro acontecer macroeconómico.

En la cuantificación contable, toda cifra es expresión de una valoración subjetiva a través de los precios. Como esa valoración es una proyección de los fines de quienes valoran sobre los recursos valorados, en su misma esencia está implícita la calidad, también subjetiva, de aquellos que, en cada momento, realizan esa función estimativa. En la contabilidad monetaria es imposible huir de la estimación y, por lo tanto, difícilmente nos podemos escapar de la variable calidad. Ni siquiera en la valoración de los costes podemos escabullirnos de esa tarea subjetiva porque tratamos de calcular los costes de oportunidad implícitos en cada cifra fechada.

De ahí que tenga sentido poner como objetivo empresarial último la consecución del máximo beneficio en términos no sólo cuantitativos, sino también cualitativos. Obtener un buen beneficio en cualquier empresa, siempre que sea obtenido respetando las reglas del juego, no es egoísmo ni interés perverso especulativo, sino que es manifestación de esa aspiración hacia lo mejor que todos llevamos dentro, junto con la constatación de que se está prestando un buen servicio a todos los clientes asiduos y potenciales.

Maximizar el beneficio o minimizar las pérdidas no es maximizar o minimizar una variable cualquiera dejando a las demás que campen a sus anchas. En esa variable del beneficio están como empaquetadas y embutidas todas las demás variables importantes y significativas del acontecer empresarial. Alcanzar beneficios significa haber estado alerta en toda la organización para conseguir atender necesidades y objetivos de los demás que otros no habían descubierto; y hacerlo con la mejor relación calidad-precio en la adquisición de los recursos materiales y humanos necesarios y manifestados en los costes.

En la variable del beneficio acaban apareciendo el ingenio, la creatividad, el esfuerzo y la calidad de todos los componentes de la organización, desde los que ocupan los altos cargos, hasta los que aparentemente son los elementos humanos más insignificantes. Por todo ello se puede concluir diciendo que conseguir un buen control de calidad en una empresa no es muy distinto que conseguir un buen sistema contable cualitativamente bien organizado en orden al beneficio tanto externo como interno.

JJ FRANCH

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