EL PELIGRO DE LA INFLACION EN ESPAÑA

 

          Se está iniciando una peligrosa huida hacia adelante en lo económico. El Banco de España, cuyo objetivo primordial y prácticamente exclusivo es el control de la inflación, está apareciendo como el malo de la película por subir los tipos de interés que expulsan la inversión y que pueden ralentizar la, no sé si cierta, recuperación económica. Desde comienzos de año ha tenido que subir ya tres veces los tipos de interés, la última hace unos días en un 0.75%. Angustiados por el avance electoral indiscutible del Partido Popular, el PSOE intentará vender la idea, ideológicamente típica de la izquierda, de que, incrementándose el empleo, da igual que aumente la inflación. Craso error.

          Cuando aumenta la cantidad de dinero disponible, el poder adquisitivo de la unidad monetaria decrece, o, dicho en cristiano, significa que con las mismas pesetas se pueden adquirir menos cosas que antes. Esto es tan así exactamente que algunos prestigiosos estudiosos de la Economía prefieren llamar inflación a ese aumento de la cantidad de dinero disponible en vez de la acepción más común y extendida que se refiere a la generalizada subida de los precios. Esta es, en efecto, la consecuencia necesaria, y aquélla, la causa que lo produce.

          La inflación es una treta más para aumentar los impuestos sin que se note demasiado al principio. Hay pocos gobiernos que en el pasado, y también actualmente, no hayan caído en esa tentación. La solvencia y vitalidad del marco y de la economía alemana está en la continuada firmeza del Bundesbank en su lucha contra la inflación. Trágicos acontecimientos del pasado económico y social han vacunado al pueblo alemán contra el cáncer inflacionista.

          La inflación acaba perjudicando a todos, pero, en sus distintas fases, favorece a unos sectores sociales y perjudica a otros menos avispados y generalmente de menor poder adquisitivo y político. El mal llamado “nivel de precios” nunca crece, en caso de inflación, uniformemente. Los precios reales y concretos, fuente indispensable de información, no varían al mismo tiempo ni en la misma proporción sino que unos suben más y otros menos, unos antes y otros después. La peor enfermedad monetaria es aquella inflación que resulta del déficit presupuestario. El hueco abierto en la Hacienda fruto de un despreocupado y alevoso incremento del gasto público tiene como consecuencia, prácticamente siempre, un aumento importante de precios, un triste empobrecimiento de unos con desvergonzado enriquecimiento de otros, e, incluso, una inercia hacia el desorden económico y social y hacia la desintegración.

          Los agentes económicos situados en los aledaños del poder y agraciados por ese incremento de los privilegios de los gastos públicos pueden incrementar sus adquisiciones a terceros que todavía venden a precios antiguos lo que aquellos nuevos ricos demandan. Quienes primero reciben el nuevo dinero gozan de rentas incrementadas con las que se benefician comprando bienes y servicios a bajos precios preinflacionarios. Es lógico que estén contentos. Pero como la inflación prosigue su marcha inexorable por todo el tejido económico va contagiando a los diferentes precios y grupos sociales hasta abarcar la economía entera. Es entonces cuando el castillo de naipes se desmorona.

          Los sectores a los que el efecto de los nuevos medios de pago tarda mucho en llegar se encuentran en posiciones altamente desfavorables al tener que pagar precios ya inflados mientras sus ingresos quedan congelados. En el otro extremo, personas amigas o perspicaces que advierten antes que los demás lo que va a suceder, se sirven del proceso inflacionista para obtener lucro personal. No es difícil darse cuenta que los ahorradores y los más necesitados de ingresos y de trabajo son los más perjudicados. No olvidemos que la inflación, muchas veces azuzada también por la presión sindical, más tarde o más temprano, acaba produciendo desempleo y paro.

          El Banco de España no tiene más remedio que actuar pero conviene dejar claro que el causante de la inflación es todo Gobierno manirroto y la rigidez de los mercados que se protegen y se cierran a la competencia creadora e innovadora que aumentaría la vitalidad productiva y el empleo reduciendo los precios,  la inflación y, además, acrecentaría las exportaciones.

                                   JJ Franch

 

 

 

 

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