EL FUTURO DE LA LIBERTAD

Como en la trama diaria las esperanzas y los fines subjetivos y objetivos de los actores se manifiestan constantemente, la libertad es requisito indis¬pensable para, conociendo esos fines y reconociéndolos cada vez con más nitidez en cada circunstancia, autodeterminarse libremente hacia su consecución. Para ello, cada uno ha de complementar actua¬ciones en orden al logro del fin deseado. Muchas cosas pueden ser queridas por los distintos sujetos humanos. Cada una de estas cosas que considera convenientes para sí, le mueve hacia su consecución. Pero ese conocimiento de lo que se desea no estimula a actuar si no es un bien asequible. Se necesita conocerlo como conveniente aquí y ahora, en la concreta circunstancia real en que el sujeto se halla. Dicho conocimiento implica, a su vez, una cierta indiferencia o ambivalencia, y es la libre voluntad la que tiene que decidirse subjetivamente. Podemos traducir esto al lenguaje económico tal como lo hace Milton Friedman en Libertad de elegir: “Una parte esencial de la libertad económica con¬siste en la facultad de escoger la manera en que vamos a utilizar nuestros ingresos: qué parte vamos a destinar para nuestros gastos y qué artículos vamos a comprar; qué canti¬dad vamos a ahorrar y en qué forma; qué monto vamos a regalar y a quién.” De este modo, la libertad influye decisivamente sobre el incre¬mento del valor de uso de las cosas, sobre una más perfecta relación entre las realidades materiales y los fines subje¬tivos de los hombres, o sobre una proyección subjetiva de los fines sobre los medios.

La “mano invisible”, de la que hablaba Adam Smith, no es automática, depende, respe-ta, la elección humana; existe y pueden ser estudiadas sus leyes, puede ser investigada con la razón, con la lógica viva de la conducta humana; podemos y debemos irla conociendo para dejarla actuar en toda su virtualidad y poner la libertad humana a su servicio y así alcanzar cotas más altas de humanidad y libertad económica. Podemos hablar por tanto de idoneidad de la libertad en la medida que el uso de esa libertad nos acerque más o menos a la consecución de los fines. Porque la auténtica libertad requiere autodominio en su ámbito de actuación. Como explica Alejandro Llano en El futuro de la libertad:”El programa que ante el hombre de nuestro tiempo se presenta es, entonces, el de “dominar su propio dominio” (Gabriel Marcel): volver a tomar las riendas de su propia libertad y lanzarla hacia un futuro verdaderamente humano” La libertad se convierte así en un instrumento vital, pero instrumento y medio, no fin, con referencia continuada a los proyectos, objetivos y esperanzas fructíferas con los que la libertad se compromete.

Explica también que el hombre es un ser abierto que en su actuar no está programado unívocamente de una vez para siempre. La libertad es una cualidad de la voluntad humana que implica una cierta ambivalencia o indiferencia pero que no es pasiva y despreocupada sino viva y sustancialmente activa y creativa. Además, puesto que al autodeterminarse no se está forzado a tomar una sola decisión, siempre se posee cierta flexibilidad de actuación. La realidad del entor¬no del animal no humano se limita exclusivamente a aquello que tiene para él significado biológico. El hombre en cambio está abierto a toda la realidad. Lo biológico, lo puramente orgáni¬co no ejerce una presión necesariamente eficaz sobre la decisión humana. Goza de una cierta autonomía sobre los instintos y sobre los meros sentimientos. El hombre, con su razón, puede ser propietario intencional de la realidad de todas las cosas. Puede conocer los objetos no solamente en su relación biológica y material con él, sino según sus características propias. El hombre lucha por penetrar en la realidad de las cosas a fin de dominarlas y tiene una esencial agilidad o soltura por estar abierto a todas las cosas y por no quedarse arrin¬conado en ningún ámbito restringido de la realidad. Por eso podemos volver a recoger aquí la sentencia aristotélica: “el alma es en cierto modo todas las cosas.” Esta apertura intencional al mundo lleva a su vez a que, precisa¬mente por su libertad, esté también abierto a una gama amplí¬sima de posibilidades de acción. Por esa capacidad de obje¬tivar puede actuar sin que su actuación esté ineludible¬mente presionada por un modelo estereotipado.

Frente al animal no humano el hombre es capaz de no ceder a la presión de lo inmediato, capaz de distanciarse en cierta medida y capaz de objetivar la realidad de las cosas. Se puede sumergir en la naturaleza de las cosas pero a su vez no le determinan porque las trasciende. Recalcando esta idea el austriaco Von Mises dejó escrito: “Lo que distingue al ‘homo sapiens’ de las bestias es, precisamente, eso, el que pro¬cede de manera consciente. El hombre es el ser capaz de inhibirse; que puede vencer sus impulsos y deseos; que tiene poder para refrenar sus instintos.” “Puede vencer sus instintos, emociones y apetencias, racionalizando su conducta.”

El hombre es el único ser que estando inmerso en el mundo material, se distancia de alguna forma de él, por su capacidad de abstracción. Al abstraerlo (es decir, al poder observarlo en conjunto y no sólo pormenorizadamente) lo puede objetivar. La abstracción permite “solucionarlo”, es decir, ejercer su acción mediada por la libertad. Este es, creo yo también, el fundamento de la actividad económica creativa.

JJ Franch

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