ECOLOGÍA DEL MERCADO

En este nuevo mundo del siglo XXI, engrandecido en sus matices, pero miniaturizado en su globalidad, existe, y es más patente que nunca, la “mano invisible” del mercado. Hay como una empresa mundial, de nadie, formada por los millones de personas de cada instante histórico. Una empresa internacional y cosmopolita sin dueño que expresa un orden abierto universal donde todos participamos, sin saber muy bien cómo, proyectando y emprendiendo tareas aparentemente insignificantes pero de una trascendencia real importante. “Aturdidos por el torbellino de lo inorgánico, de lo que se revuelve sin órbita, no ven la armonía siempre in fieri de lo eterno, porque el presente no se somete al tablero de ajedrez de su cabeza. Lo creen un caos; es que los árboles les impiden ver el bosque.”

La interpretación correcta de estos procesos de interdependencia e intercomunicación personal es cada vez más decisiva. Así por ejemplo, la popular frase “supervivencia de los más aptos”, no fue creada por Darwin, sino que fue acuñada unos pocos años antes por el filósofo británico Herbert Spencer. Desgraciadamente, la frase más tarde se relacionó con la agresión desatada y con la violencia desbocada en un mundo sangriento y competitivo.

Tal y como explicaba la bióloga Isabel Jiménez de Lucas, la comprensión de la mano invisible del mercado está experimentando una evolución paralela a la interpretación más novedosa y menos agresiva o violenta de la teoría de la evolución de las especies de Darwin. Los fenómenos de selección natural no operan exactamente en favor del “más apto”, sino que operan en favor del “mejor adaptado” en un ecosistema concreto (teoría sintética). Existe una dependencia de los seres vivos con respecto a su ambiente, (entendiendo por tal no sólo el medio físico, sino las otras especies que lo habitan), de tal forma que la supervivencia va asociada a la posibilidad de la población de adaptarse a las nuevas condiciones ambientales. La adaptación, igual que sucede en el ámbito económico, supone especialización que permita a la especie desempeñar un papel con ventaja sobre sus competidores en unas condiciones concretas (ocupar un nicho ecológico). En la medida en que una especie se adapte a unas condiciones concretas se verá beneficiada, y sólo en la medida en que consiga adaptarse a variaciones en las condiciones del ambiente logrará sobrevivir.

Tenemos así que ambas teorías nos llevan finalmente a la misma conclusión: no se trata de que el egoísmo en la actividad económica repercuta indirectamente en el bien común, sino que la relación causal es al revés. Las actividades que mejor se adaptan a las necesidades del mercado y que son las que mejor repercuten en beneficio de la comunidad, son las que se verán favorecidas y fomentadas por la demanda, independientemente que esta adaptación se haya hecho persiguiendo un ánimo de lucro. Las poblaciones, dentro de una especie mejor adaptadas a un entorno concreto, se verán favorecidas por la selección natural, independientemente del carácter de esa adaptación, que no tiene que implicar necesariamente una mejor capacidad para la lucha.

Es lógica esta coincidencia de resultados ya que tanto la Ecología como la Economía estudian, en última instancia, el comportamiento de una colectividad de individuos, y un mercado no deja de tener un gran parecido básico con un ecosistema. La mano invisible del mercado y la selección natural que posibilita la evolución de las especies describen fenómenos análogos. La diferencia principal es que la colectividad que estudia la Economía es racional y libre, mientras que las poblaciones que habitan un ecosistema no. Ello no desvirtúa la coincidencia, sino que refleja una característica propia de los sistemas de colectividades de individuos interdependientes: la adaptación al medio y al resto de agentes del sistema beneficia al individuo que la asume, con independencia de que dicha asunción se deba al azar, o bien a un plan racionalmente determinado. Por otra parte también se puede hacer un símil con la teoría de los caracteres adquiridos de Lamarck. Los organismos, por la necesidad de adaptarse a su ambiente, adquieren modificaciones durante sus vidas que luego transmiten por herencia a sus descendientes.

Aplicado al mercado podíamos decir que el conocimiento adquirido se transmite a la humanidad de generación en generación, y es el único que nos evita, en el mercado y en el resto de las actividades humanas, sufrir el proceso de una selección ciega, al permitirnos predecir el éxito de determinada conducta de acuerdo con su adaptación al entorno y a los otros individuos.

La analogía con los procesos biológicos no la he traído a colación por motivos banales y simplemente comparativos. He insistido en ello porque la biología trata de la vida, y la economía la realizan también seres vivos, seres radicalmente más vivos, más libres, más vivaces. Se olvida muchas veces que las interdependencias económicas son entre seres vivos. No se trata de un mecanismo sino de un organismo. La empresa no es una pura abstracción funcional sino que compenetra y conjuga personas humanas concretas que integran un microcosmos siempre original y cambiante según las leyes vivas de la conducta humana.

JJ Franch

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: