DESINFLACIÓN Y EMPLEO

Los efectos económicos beneficiosos de toda la normativa liberalizadora y de todas las medidas que permiten reducir la inflación y potenciar la flexibilidad, competencia, innovación y productividad, no se quedan únicamente en esos factores que propician la estabilización, sino que, a través de ellos, pueden ejercer un considerable influjo positivo sobre la creación de empleo. Para ello conviene recordar algunas nociones de teoría y política económica respecto a la relación entre paro e inflación.

Desde hace cuatro lustros al menos, se vienen planteando serias dudas sobre la eficacia de las políticas de demanda inspiradas en los modelos keynesianos que sustentaban la aparente evidencia empírica de la curva de Phillips. Es ampliamente conocido que, en 1958, Phillips publica un artículo que, como ejemplo típico de los efectos desconocidos que se producen en el mundo de las ideas y en el ámbito económico, tendrá una influencia decisiva, tanto para la teoría como para la política económica. En ese artículo, establece una relación de intercambio de carácter decreciente entre la tasa de variación de los salarios monetarios y la tasa de desempleo. El análisis empírico lo realiza inicialmente para la economía inglesa y se proyecta también a otros países. El análisis teórico lo llevó a cabo Lipsey encajándolo en el modelo keynesiano dando a entender que la tasa de inflación salarial es el resultado del exceso de demanda en el mercado de trabajo. Samuelson y Solow reformulan el modelo modificando la curva de Phillips estableciendo una relación, también decreciente, entre inflación y desempleo. Esa relación inversa se convertirá pronto en dogma por las vicisitudes incomprensibles de las opiniones científicas, y ejercerá una influencia y atracción decisivas sobre los representantes políticos de todas las tendencias. Los responsables políticos creían haber encontrado la piedra filosofal que les permitía elegir las combinaciones de inflación y paro deseadas en cada coyuntura. Ello les producía una seguridad y satisfacción envidiables.

El castillo de naipes que sostenía la macroeconomía de aquella ciudad encantada empezó a derrumbarse con la pérdida de estabilidad empírica de la relación y, a través de las aportaciones de Friedman y Phelps, con los problemas que surgen de la falta de fundamentación microeconómica, especialmente, en el mercado de trabajo. Pronto los trabajadores empiezan a negociar sobre los salarios reales con ausencia de ilusión monetaria teniendo en cuenta, al firmar sus contratos, la tasa de inflación esperada. Aparece entonces la llamada tasa natural de desempleo que es aquel nivel de equilibrio del mercado de trabajo donde la tasa esperada de inflación coincide con la tasa efectiva. Según la teoría aceleracionista, al incorporar las expectativas tanto los trabajadores como los empresarios, las políticas expansivas no son capaces a medio y largo plazo de reducir el desempleo por debajo de la tasa natural, y la curva de Phillips tiende a ser vertical a largo plazo situándose en el entorno de la tasa natural de desempleo. Se vuelve a ser consciente que la inflación es un fenómeno monetario; que no hay trade-off entre inflación y desempleo a largo plazo; que cuando existen son transitorios y no estables; que las políticas de demanda no pueden afectar al crecimiento y al empleo a largo plazo; que cualquier intento artificial de mantener la tasa de paro por debajo de la natural acelerará la inflación y que, como colofón importante para nuestros argumentos, la tasa natural de desempleo sólo puede cambiar mejorando por las polítcas microeconómicas de oferta.

Con las aportaciones de las Expectativas Racionales y los modelos de los nuevos clásicos se concluye teóricamente, y se observa también empíricamente, que las políticas de demanda, además de generar incertidumbres e inestabilidad, no tienen efectos sobre la renta y el empleo a no ser que sorprendan a los agentes económicos ya que estos aprenden de los engaños sistemáticos. Se concluye entonces que las tasas de inflación se pueden reducir sin costes en términos de desempleo y que las políticas deben ser creíbles por parte de los ciudadanos. Cuando los agentes económicos se acostumbran a vivir en un entorno económico donde observan el afianzamiento de los mercados libres, y donde observan seriedad en las políticas fiscales y monetarias de carácter macroeconómico, esforzándose en las actuaciones antiinflacionistas, los costes de reducir la inflación son prácticamente inexistentes. A favor de la cultura antiinflacionista juegan entonces las expectativas de los ciudadanos. Si la situación que se atisba en el horizonte macroeconómico es un contexto donde las políticas gozan de poca credibilidad y donde las rigideces permanecen aquí y allá en los diferentes sectores, la desinflación resulta entonces una tarea ardua y casi imposible. Incluso el núcleo de la tesis keynesiana ha sido desmentido por los hechos al observarse que los déficits fiscales no sólo no son expansivos sino que pueden ser los causantes de la depresión. Altos niveles de endeudamiento provocan consecuencias depresivas. “Los países de la Unión Europea son un claro ejemplo de las consecuencias depresivas provocadas por los abultados niveles de endeudamiento. Si los déficits públicos estimulasen la economía, Europa continental viviría desde hace años una intensa recuperación. Recortar los desequilibrios fiscales tiene efectos expansivos porque recorta los tipos de interés, lo que estimula la inversión. Si además ese recorte es percibido como permanente, los agentes sociales y económicos anticipan futuras rebajas impositivas, lo que estimula el gasto privado. Esto es en buena medida lo que sucede ahora en España”. (Bernaldo de Quirós, 1998)

Se está llegando entonces a la conclusión de que la relación entre inflación y paro no sólo no es decreciente, sino que los efectos de las expectativas de los agentes, las políticas de oferta, la liberalización de los mercados, la globalización y la libertad internacional de capitales hacen que dicha relación sea de carácter positivo. Es decir que a menos inflación menos paro y más empleo. A más inflación: inestabilidad, huida de capitales, y más paro y desempleo.

Si este razonamiento es correcto, todo lo que favorece la cultura de la estabilidad, el ahorro y la desinflación daría lugar a que, además de los empleos directos, voluntarios o formales a corto plazo, se plante la semilla y el germen del incremento del empleo en la sociedad por la vía indirecta de la disminución de la inflación y sin miedos tontos a la deflación por el incremento de la productividad innovadora.

JJ FRANCH

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: