CREATIVIDAD EN LA ECONOMIA LIBRE

 

Los ingresos que obtienen las empresas en el libre y esforzado juego de ofertas y demandas en los mercados flexibles en competencia, no son nunca, contra lo que en ocasiones se pueda pensar, retribuciones ciertas ni homogéneas que se consiguen como fruto mecánico de equilibrios fantasmagóricos que son posibles de planificar con anterioridad por expertos econométricos. No se obtiene el beneficio empresarial con conductas rutinarias invariables y calculadas aplicando sin más un grado suficiente y tasado de esfuerzo y fatiga laboral. Los productos y servicios que tienen éxito en los mercados no requieren sólo ejercicios lineales de maximización restringida de variables que mejor harían los ingenios informáticos ultramodernos; ni esas producciones finales se conocen de antemano contenidas sin más en los recursos, factores o inputs relevantes. Tener las materias primas necesarias, la maquinaria adecuada y una fuerza de trabajo estereotipada y obediente no es suficiente para que nuestros outputs se vendan con alegría en los mercados. El simple dominio de los factores y su mera presencia no hace cierto e inevitable el fluir de los productos más idóneos. Las decisiones empresariales no son una sencilla elección de la alternativa más ventajosa entre una serie de posibilidades dadas y jerarquizadas con información perfecta. Falta lo más vivo, decisivo e importante.

En todos los escritos de Israel M. Kirzner, y en concreto en el último traducido al castellano con el título “Creatividad, capitalismo y justicia distributiva”, centra la descripción de los procesos de las economías libres, junto con la vitalidad y el acierto comercial, en la perspicaz creatividad capaz de descubrir los apremios y anhelos de quienes son potenciales partícipes en esos mercados. En el entramado inabarcable de las relaciones materiales entre sí y con respecto a las relaciones humanas, siempre hay oportunidades de servicio agazapadas que es preciso descubrir y valorar con viveza original y creatividad renovada. En un ambiente real de incertidumbre perenne que se autoalimenta, el empresario necesita tener los ojos bien abiertos para estar en condiciones de percibir y descubrir las alternativas que al fin y a la postre resultarán ser las relevantes. Los ingresos resultan entonces ser fruto de esa actitud característica del centinela despierto que está siempre alerta y vigilante en su puesto, atento a los acontecimientos novedosos que se desarrollan en los alrededores más o menos lejanos, y dependiendo de su amplitud de miras y de los instrumentos a su disposición.
Las retribuciones que se obtienen bajo un sistema capitalista responden a la tarea de descubrir e innovar materializando a su vez esos descubrimientos y esas innovaciones. Por eso no podemos poner el ènfasis en la programación y en la planificación para entender la virtualidad de los mercados, sino que hay que ponerlo en esas capacidades humanas espontáneas, abiertas y despiertas cuya sola presencia incrementa notablemente las posibilidades de vislumbrar nuevos descubrimientos e innovaciones, todavía desconocidas, en el servicio ajeno. “Cada descubrimiento no es sino una genuina novedad: ninguno puede explicarse sólo por el pasado. Toda la historia pasada, por completa que sea, es incapaz de asegurar o dar plena cuenta de un solo acto de descubrimiento. Es en este preciso sentido en el que consideramos a los descubridores responsables de haber “creado” u originado “ex nihilo”, de la nada, algo completamente nuevo.” (pag. 70)

Es muy posible que veamos superficialmente lo que todo el mundo ha visto o puede ver. Sin embargo, lo característico de la novedad innovadora es que, viendo lo mismo que todos ven, miramos con más profundidad y somos capaces de pensar lo que nadie ha pensado. Exploramos incluso sin saber lo que exploramos, de tal forma que en la mayoría de los descubrimientos, si son tales literalmente, el descubridor pionero siempre descubre algo que no sabía que existía o cuya disponibilidad ignoraba. Un descubrimiento dirá Kirzner, tiene siempre algo de sorpresa agradable. Sorpresa mayúscula en tanto en cuanto lo que un descubridor descubre es un conocimiento de cuya misma ignorancia no era anteriormente consciente. Por lo tanto, más importante que la programación o el automatismo productivo es la actitud “ojo a vizor” de todos los componentes personales de las empresas.

Si esto es así, si en un sistema capitalista de economía libre los ingresos y los beneficios económicos son ingresos “descubiertos” gracias a esas actitudes de espabilamiento empresarial audaz y reflexivo, es lógico que pensemos también que el producto nacional agregado de nuestra economía, el famoso PIB, no sea en el fondo mas que un índice que refleja con más o menos nitidez la capacidad que tiene esa sociedad para desperezarse cada día y enfrentarse con ánimo esperanzado a la aventura empresarial cotidiana y desconocida en la que todos estamos inmersos.

JJ Franch

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