COEFICIENTE DE CAJA DEL 100%

No crean que se ha cometido un error de impresión en el tanto por ciento. Quiero hacerme eco simplemente del reciente lanzamiento al mercado, con luz y taquígrafos, de un poderosísimo misil intelectual con cabeza nuclear y de incalculables efectos beneficiosos sobre el sistema financiero y económico vigente hoy en día en todo el orbe occidental y, en consecuencia, en todo el orden mundial. Se trata de la Introducción crítica a la edición española, escrita por el profesor Huerta de Soto, del libro de Vera C. Smith titulado Fundamentos de la banca central y de la libertad bancaria y publicado por Unión Editorial. Soy testigo privilegiado además de la coincidencia meramente casual, y no causal, con los problemas financieros españoles actuales que están todos los días en los medios de comunicación.

Su novedad estriba en haber tenido el atrevimiento, valiente y sensato a la vez, de explicarlo bien y ponerlo al alcance de la opinión pública experta y menos experta. Como indica el autor de la Introducción, la propuesta de establecer un sistema bancario con un coeficiente de caja del 100 por cien ya se encontraba incluida en la primera edición de La teoría del Dinero y del Crédito, publicada por Von Mises en 1912. También anteriormente destaca la defensa del 100% de coeficiente de reserva por parte de David Hume en su ensayo On Money (1752) y, posteriormente, de F.A. Hayek en Monetary Nationalism and International Stability.

El despiste teórico generalizado que existe en este campo tiene una cierta justificación si tenemos en cuenta que las relaciones sociales en las que se ve implicado el dinero son, con gran diferencia, una de las más abstractas y difíciles de entender. El conocimiento generado por esas relaciones es uno de los más vastos, complejos e inaprensibles. Esto puede provocar un cierto aprovechamiento por parte de los expertos si no existe el correspondiente autodominio ético y, lo que es mucho más preocupante, motiva que la coacción sistemática ejercida por los gobiernos y bancos centrales en este campo sea, con mucho, la más dañina y perjudicial. Los errores intelectuales de la teoría monetaria y bancaria no han dejado de tener graves efectos sobre la evolución de la economía mundial. Los errores de descontrol financiero y monetario han motivado de forma inexorable la aparición de una nueva recesión económica internacional de considerable magnitud.

En este marco general financiero Huerta de Soto nos recuerda que, ya desde un principio, solventes teóricos de la “escuela monetaria” siempre consideraron imposible y utópico pensar que el banco central no fuera a agravar aún más los problemas, y que fueron conscientes de que la mejor manera de poner coto a la creación de medios fiduciarios y de lograr la estabilidad monetaria era a través de un sistema de banca libre sometido, al igual que el resto de los agentes económicos, a los principios tradicionales del derecho civil y mercantil. El banco central, como prestamista de última instancia, venía a garantizar y perpetuar los privilegios expansionistas de una banca privada que, cada vez con más ahínco, pretendía evadirse de sus compromisos y dedicarse al lucrativo “negocio” de crear dinero fiduciario a través de la expansión crediticia sin tener que preocuparse excesivamente por los problemas de liquidez gracias al respaldo que suponía el establecimiento de un banco central. Vera Smith subraya también que el banco central no es un producto natural del desarrollo del sistema bancario, sino que, por el contrario, aparece coactivamente impuesto desde fuera como resultado de la acción gubernamental, dando lugar, como consecuencia de una serie de accidentes históricos, a todo un sistema monetario y financiero muy distinto al que habría surgido espontáneamente de haberse mantenido un sistema de banca libre sometido sin privilegios al derecho privado y no intervenido ni coaccionado gubernamentalmente a través del banco central.

Nuestro Quijote financiero insiste en que el sistema de banco central no es sino el lógico e inevitable resultado de la introducción paulatina y subrepticia por parte de los banqueros privados, y en histórica complicidad con los gobiernos, del sistema bancario basado en la reserva fraccionaria. La única manera de lograr un verdadero sistema de banca libre es restableciendo el principio según el cual es preciso mantener en reserva el 100 por cien de las cantidades recibidas en forma de depósitos a la vista. Hay una norma tradicional y multisecular de conducta que se viola en el caso del negocio bancario. Se trata del principio del derecho de acuerdo con el cual, en el contrato de depósito de dinero fungible, la tradicional obligación de custodia, que es un elemento esencial en todo depósito no fungible, se materializa en la exigencia de que, en todo momento, se mantenga una reserva del 100 por cien de la cantidad de dinero fungible recibida en depósito, de manera que todo acto de disposición de ese dinero, y en concreto la concesión de créditos con cargo al mismo, supone una violación de ese principio y, en suma, un acto ilegítimo de apropiación indebida.

Las nefastas consecuencias sociales de este privilegio concedido a los banqueros no fueron perfectamente comprendidas hasta el desarrollo, por parte de Mises y Hayek, de la denominada Teoría Austriaca del Ciclo Económico. Este error intelectual, ético y financiero, tarde o temprano, pero siempre de manera inexorable, ha de producir unos inevitables ajustes espontáneos, en forma, en un primer momento, de expansiones incontroladas de la oferta monetaria, inflación, mala asignación generalizada de los recursos productivos a nivel macroeconómico y, en última instancia, recesión, liquidación de los errores inducidos por la expansión crediticia en la estructura productiva, y paro masivo.

La Introducción crítica, de obligada lectura, termina con la siguiente afirmación superatrevida: “tras la histórica caída teórica y real del socialismo, el principal desafío teórico al que se enfrentan tanto los economistas profesionales como los amantes de la libertad de cara al próximo siglo consistirá en luchar con todas sus fuerzas tanto contra la institución de la banca central como contra el mantenimiento del privilegio del que actualmente gozan aquellos que ejercen la actividad bancaria privada, tal y como la misma se entiende hoy en día.”

Cumplida mi misión informativa y divulgativa, y como diría el excéntrico (que se sale del centro) Fernando Arrabal para darle ánimos: ¡que Dios le coja confesado!

JJ Franch

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