MEDIO AMBIENTE HUMANO

         La meta del crecimiento cuantitativo  indiscriminado e ilimitado queda cuestionada por la capacidad del medio ambiente natural, altamente interrelacionado, para absorber  el alto grado de interferencia que implica la superproducción material con la tecnología actual. Sin embargo,  en el marco general de reconsideración de los fines del crecimiento junto con el estilo y talante del uso y aprovechamiento de los recursos naturales, quisiera hacer hincapié, no tanto en la  necesidad y conveniencia de la mejora del medio ambiente  natural  (que con tanta razón se estudia y profundiza), como en la  necesidad de mejora del medio ambiente humano. De hecho los estudios sobre el medio ambiente no tienen otra finalidad que lograr  un entorno humano armónico.
         La influencia de estos factores humanos cualitativos sobre el bienestar individual y colectivo es cada vez más relevante si consideramos el continuo y creciente proceso de urbanización que se produce en todo el mundo. La característica fundamental de las grandes urbes es que prácticamente todo lo que se ve a nuestro alrededor es básicamente mineral organizado y por lo tanto el hombre sòlo se encuentra con la vida bajo la forma de sus semejantes. No es difícil entonces caer en el olvido de las condiciones ecológicas de la existencia humana.  Toda la lucha y competencia por la supervivencia o una mejor vida no se orienta hacia la lucha contra otras formas de vida o a dominar la naturaleza sino que hay una mayor tendencia a la competencia fría y distanciada entre  las personas.
          Con todas las matizaciones que la doctrina presenta, podríamos admitir que un crecimiento del PIB real probablemente se traducirá en una mayor abundancia de bienes y servicios públicos y privados, pero lo que no está nada claro es còmo afectará ese crecimiento a la mejora de los bienes relacionales. El reconocimiento, aunque sòlo sea intuitivo, de su posible deterioro permite incorporarlo como un nuevo coste social del crecimiento meramente estadístico. Además, debido a la fuerte influencia de la ortodoxia empírica, la dificultad en la valoración y cuantificación de tal degradación lleva a la minusvaloración de su importancia real y a la adopciòn de una cierta actitud pasiva ante su aparente inevitabilidad.
          Hay un muro, difícilmente franqueable, creado por la inercia de las costumbres humanas que, deslumbradas por el espejismo del “homo aeconomicus”, disfrutador a cada vez más corto plazo, continuamente se autoalimenta y regenera en su carrera cuasimecánica hacia un consumo material cada vez más efímero, variable e instantáneo. Conviene reaccionar ante esta cuestión tan importante. 

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